
Cada temporada veraniega suelen prodigarse más y más modelos de cámaras resistentes y acuáticas. Son cámaras compactas que tienen una creciente aceptación y que se antojan ideales para viajes, vacaciones y aventureros. Y algo más. En esta ocasión hemos probado la Olympus TG-820, un modelo reciente de la gama Tough que además de sumergible y resistente, tiene algunas cualidades que analizamos.

Esta Olympus TG-820, y como viene ocurriendo en el diseño de este tipo de cámaras, no aparenta ser lo que realmente es. Parece una compacta más por su aspecto, pero está preparada para soportar caídas, temperaturas extremas y además resulta muy divertida para fotografía acuática.
Hay otras opciones que optan por un diseño deportivo y al menos más evidente de su principal característica como cámara resistente. Sin embargo, la gama Tough de Olympus busca no separarse en exceso del diseño de cualquier compacta. Solo cuando la tienes en las manos y compruebas el acabado, los controles preparados, la tapa del objetivo o la seguridad de la tapa del compartimento de la batería y la tarjeta de memoria es cuando uno se percata que se trata de una cámara todoterreno. En el sentido más práctico del término.
Los controles son escuetos y a veces requieren destreza para su manejo. Especialmente el zoom con una pequeña (excesivamente diminuta) palanca junto al disparador o la rueda de control que debido a su interior sellado no ofrece una sensibilidad excesivamente buena y requiere de varias pulsaciones. No los hemos probado con guantes de buceo, pero podría requerir un poco de práctica.

Siendo su principal prestación la de ser resistente no podemos olvidarnos de lo que ofrece:

Es evidente que aunque sea su principal prestación no solo importa que la cámara sea resistente, que podamos tener seguridad ante caídas, sumergirla y llevarla en viajes y situaciones extremas sin preocupación, lo importante también es qué resultado nos ofrece en esas condiciones y en circunstancias más habituales.
Aquí tenemos que indicar que cuenta con un sensor CMOS retroiluminado de 12 megapíxeles, un zoom óptico de 5 aumentos, y que parte de un gran angular (28-140 mm equivalentes), tiene estabilizador óptico, graba vídeo a 1080p y una pantalla de 3 pulgadas (con una excelente resolución de 1.030.000 puntos).
Con estas prestaciones encontramos muchas posibilidades, por lo que se trata de una compacta muy versátil. El objetivo, como suele ser habitual en Olympus, es de buena calidad, con un enfoque rápido. Y eso que estamos hablando de un objetivo zoom interno protegido por una pantalla metálica cuando se desconecta la cámara para su protección.
Aquí solo hay que tener cuidado al colocar la mano porque es habitual que, al estar situado en un extremo del cuerpo, nuestros dedos puedan aparecer en alguna ocasión como invitados inesperados. Además, hay que evitar no tocar el cristal protector para evitar que se ensucie y queden restos o huellas.
La pantalla se comporta muy bien, incluso bajo el agua, aunque a pesar de su buena resolución, con mucha luz no ofrece una visión demasiado contrastada y adecuada. Con todo, nos encontramos con un recubrimiento de cristal que la hace completamente resistente a arañazos.
Retrato subacuático con Olympus TG-820 Estamos ante una compacta que no ofrece controles manuales, así que tenemos que dejarlo todo en manos de los modos automáticos. Con menús variados para distintas situaciones, algunas no son muy prácticas, pero sí es cierto que hay suficientes sobre todo para tomas acuáticas (acción, paisajes subacuáticos, retratos…). Además, posee una docena de escenas y filtros creativos más encaminadas a conseguir resultados divertidos o creativos que a una calidad notable.
Más allá de esto, si nos centramos en los modos más interesantes, podemos sacar suficiente partido a las capturas acuáticas. Con un buen compartimiento en el enfoque, situación de la que sale airosa si tenemos una situación de luz aceptable. Con peores condiciones de luz, la luz LED auxiliar del autofocus es muy necesaria e incluso recomendable disparar varias tomas para asegurarnos el enfoque adecuado.
Los resultados de las capturas en distintas situaciones son más que aceptables para una compacta en la que tenemos que confiar en sus modos automáticos. A pesar de tener un modo inteligente que resulta polivalente y nos podemos olvidar del resto, es conveniente, para sacarle todo el partido, aprovechar otros modos, como el HDR, los modos acuáticos o el de retratos para obtener mejores resultados. Todo es cuestión de conocer bien los menús (que son pocos y fáciles de manejar) y aprovecharlos.

Como en casi todas las compactas, su comportamiento es aceptable en buenas condiciones de luz. Solo cuando ésta escasea es cuando la sensibilidad ISO tiene que aumentar automáticamente y los resultados ya no resultan tan buenos (de hecho ofrece bastante ruido ya por encima de 400 ISO). También se nota una cierta falta de nitidez cuando se utiliza la máxima focal de su zoom, especialmente en los bordes, por lo que no es muy recomendable utilizar el zoom digital que también incorpora.
Por lo demás, estamos ante una compacta resistente que cumple bien en todos los frentes. Es realmente resistente, sumergible, muy divertida de usar (incluso para iniciar a niños) y se agradece en situaciones especiales (playa, piscinas, aventura, lluvia,…) donde cualquier otra compacta no podría utilizarse.
Los resultados globales en cuanto a calidad de imagen, construcción y manejo son satisfactorios. Y es una de esas compactas con las que te haces enseguida, muy fácil de manejar y con buenos resultados, aunque aquí hay que hacer uso de los modos y filtros si queremos sacar mejor partido. Una buena opción para aventureros, viajeros, los que gusten de deportes acuáticos y quieran tener una cámara resistente y que ofrezca garantías de imagen.
A continuación encontraréis algunas imágenes de muestra que también podéis ver a máxima resolución en la galería de Flickr.