
Las bridge, como su propio nombre indica, se encuentran a medio camino de muchas cosas. No son una cámara compacta y tampoco es una réflex, aunque se intentan acercar a ambos extremos. Intentando alcanzar las funcionalidades de una réflex, pero a un precio mucho más asequible, la Lumix DMC-FZ100 de Panasonic presenta una serie de luces y sombras que vamos a pasar a revisar en esta entrada.
En un principio nos encontramos ante una cámara muy cómoda que aunque esté enteramente fabricada en plástico, su tacto es agradable llegando a recordar a cámaras réflex de gama baja. Resulta muy manejable y todos los controles se encuentran muy bien situados siendo de fácil acceso a la hora de sacar fotos con ella. Como siempre me ocurre en estos casos, y esto ya es una sensación personal, no consigo acostumbrarme nunca a su visor electrónico. Para gustos están los colores, pero siempre me encuentro forzando la vista para intentar distinguir si todo está correctamente enfocado o no.
Tal como me ocurre en este tipo de cámaras, me resulta más sencillo tener muy claro todos los modos de disparo que me proporciona la cámara, antes que intentar trabajar en modo completamente manual. En situaciones donde tengas que actuar rápido, su ruleta y diferentes controles no te permitirán resolver la situación. Pero tal como suele ocurrir en estos casos, la cámara dispone de multitud de opciones y solo necesitas tener claro cual utilizar dependiendo de la situación.










