
En la primera parte nos centramos en las grandes bazas de esta preciosidad: su(s) visor(es) y sus controles manuales, y ya vimos cómo a tanta luz le acompañaba alguna pequeña sombra. Hoy vamos a hacer un repaso más convencional por las opciones que nos ofrece como cámara (que os adelanto que en muchos casos no son nada convencionales), y por los resultados que nos ofrece.
Haciendo un repaso rápido por sus especificaciones, nos encontramos con un objetivo de 23mm con una apertura máxima de f/2.0, que unido a su sensor de tamaño APS-C nos ofrece un ángulo equivalente a los clásicos angulares de 35mm en formato completo.
La combinación de esta distancia focal, luminosidad, y la capacidad de enfocar desde los 10 centímetros en modo macro, nos ofrecen a priori uno de los conjuntos más versátiles dentro de las compactas de focal fija.
A sus visores les acompaña una pantalla de 2.7” y 480.000 puntos que se ve estupendamente, y cumple muy bien su función, pero que queda ligeramente por detrás de las de algunas de sus competidoras, que con tamaños de 3” ya se están acercando al millón de píxeles.











