Recuerdo haber leído un artículo hace tiempo sobre los fotógrafos de moda, los actores y actrices de Hollywood y los retratos. Hablaban de la Rolleiflex y cómo se hizo tan popular en la fotografía de retrato porque el retratado no se sentía cohibido ante la imágen de la cámara. El retratado podía mirar directamente a los ojos del fotógrafo, esa complicidad le hacía relajarse y posar de una manera más natural. Esa idea me entusiasmó.
La Rolleiflex es una de esas cámaras, que junto a Leica, tienen su nombre escrito en la Historia de la Fotografía. De procedencia alemana, cuya comercialización se desarrolló a partir de 1927, se caracterizaba por tener dos lentes, la superior para apuntar al objetivo y la inferior que realmente tomaba la fotografía. Utilizaba negativos de 4×4 y 6×6 y facilitó la portabilidad ya que aunque aún era tosca, podía ser fácilmente transportable y manejable.










