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Vieitez

Hay veces en las que se agradece pasar a ver una exposición días después de su inauguración y la rueda de prensa, sobre todo porque cambia el tipo de espectador y la experiencia se torna distinta. En esta de Virxilio Vieitez en la Fundación Telefónica de Madrid, se intensifica aún más, primero porque no estamos ante un producto artístico en sí (el envoltorio sí, luego hablaremos de ello) y segundo porque se trata más de una regresión a los años 60 de la España rural, con la curiosidad y nostalgia que ello despierta en el público.

El fotógrafo

Virxilio Vieitez fue un fotógrafo gallego que dedicó su vida a retratar por encargo a las personas y los acontecimientos de los pueblos de Terra de Montes. Era un fotógrafo de oficio, como todos aquellos profesionales que trabajaron y trabajan para dar un servicio. No había pretensión artística pero sí empeño en hacer bien su trabajo.

Fue gracias a la labor de difusión de su hija cuando su obra empezó a mirarse con otros ojos. Ensalzando una manera de transmitir que le hacía distinto a los demás fotógrafos de oficio de esa época. Esto puede ser más o menos cuestionable, todos tenemos fotografías de nuestros ascestros tratados con gran carga emocional, el logro en su caso es que su legado es de una cantidad elevada con lo que ello supone a nivel etnográfico, mientras que nosotros apenas guardamos 100 pequeñas copias en una caja de metal.

La exposición

Es una muestra para ir con tiempo, como si fuésemos a pasar la tarde a casa de nuestra abuela en uno de esos días que nos da por mirar al pasado y, entre café y café, vamos sumergiéndonos en el álbum familiar y en los recuerdos. La disposición de las paredes y las salas se presta a ello, llega un momento en que uno se pierde entre el bosque de columnas del centro pero, si vamos por orden, se puede seguir de una manera más o menos ordenada.

La primera pared que nos encontramos nos lleva a ver colocadas de forma anárquica varias fotografías, que después podremos ver a gran formato desperdigadas por las demás salas. Dispuestas sobre unos marcos que nos recuerdan a los que podríamos tener en casa, hace que se puntualice más ese aspecto de álbum familiar.

Mi consejo es que tras esta primera aproximación a su obra, se pasee a lo largo de los pasillos laterales de la sala central y se visite también la del fondo dedicada a fotografía en color. Lo que nos encontramos son retratos de personas en la calle, de bodas, de comuniones, de miradas a cámara. Entre tanto documento etnográfico, hay lugar para dos o tres instantáneas interesantes.

Virxilio Vieitez Chica Esperanza de Covas. Soutelo de Montes 1960-1

Una es la de la mujer disfrazada de superwoman, otra la del niño a través de la ventanilla de un coche y luego la que se ha convertido en icono gracias al cartel de la exposición, la de la “chica con clase” en el medio rural que a mí me recuerda a los posados de Scott Schuman en la calle.

Y dejaría para el final el bosque de columnas.

El valor de una sábana y cómo convertir su trabajo en un producto artístico

¿Recordáis las fotos de Alexandre Severo? Las fotografías de retratos en la calle con la sábana a sus espaldas me ha llevado a conectarlas con las recreaciones de estudio que hacía el brasileño. Son imágenes que a nuestros ojos y ampliadas a ese tamaño, se nos vuelven de una gran contemporaneidad.

Lo mismo ocurre con los rostros de las personas retratadas para la foto del DNI. La gran apuesta de esta exposición es precisamente éso. Esas imágenes, al engrandecerlas por medio de la ampliación y colocarlas en las columnas, se nos muestran como miradas absolutamente contemporáneas. Nos ponemos delante de ellas en la distancia y nos miran. La sensación lograda es más que atrayente y es ahí donde reside ese cambio de jerarquía, ese paso hacia un producto artístico.

Resumiendo

Hay una sala que no debemos obviar antes de marcharnos. En ella se hace un repaso a su biografía con fotos montadas en marcos para acompañar los textos que hacen el montaje muy atractivo. También se exponen sus cámaras así como material de su trabajo y libros que usó como referencias y donde en cierto modo vemos su interés por los grandes maestros.

Es una muestra para descubrir el trabajo de los fotógrafos de aquella época, para así encontrarnos que las cosas no han cambiado demasiado. Quizá hayan cambiado los rostros, pero las ganas por desempeñar bien la profesión y la manera de mirar a cámara sigue siendo la misma.

Hasta el 19 de mayo de 2013 en Espacio Fundación Telefónica

Vídeo | Youtube
Foto portada | Familia de Luisa Iglesias y Sara de Amelas, 1962

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