¿Elegimos realmente el objetivo que nos conviene?

¿Elegimos realmente el objetivo que nos conviene?
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A menudo queremos resolver un tipo de fotografía y acudimos a los gurús de internet o a los libros esperando encontrar la solución a nuestros problemas. Buceando entre guías que nos digan qué focales se adaptarían mejor a un tipo concreto de trabajo. Leyendo cada artículo con la necesidad de que nos den la clave para que nuestra fotografía se adecúe a una temática sin que nos salgamos del rebaño establecido.

Obviamos en este sentido una de las principales bondades que tiene la fotografía, la autoría. Porque buscamos en las opiniones de los demás y no nos tenemos en cuenta a nosotros mismos. Hablo por ejemplo en situaciones concretas como fotografía callejera, donde los puristas nos hablan de que no se debe trabajar con zooms porque aplanan el fondo. O en la fotografía de bodas actual donde la tendencia nos lleva a usar focales fijas consiguiendo con ello que se haya creado un estilo determinado común a todos los fotógrafos.

Situaciones que nos alinean como fotógrafos, que nos encajonan en géneros muy determinados en los que estamos involucrados (nos gusta y por ello hacemos ese tipo de fotografía, nos fijamos en aquellos que mandan y seguimos sus pasos), provocando con ello que se obvien matices de individualidad fotográfica. Porque podemos practicar un género concreto pero, ¿debemos usar siempre la herramienta que se ha establecido como canónica para esa temática? Pensad en aquellos que, como diCorcia, cambiaron la manera de proceder en la calle creando un nuevo lenguaje y destacando por ello.

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Todo esto viene por una conversación que acabo de tener donde estábamos reflexionando sobre lentes, ya que quien me hablaba quería comprarse una focal fija para su trabajo en bodas, para adecuarse al trabajo de sus compañeros y no desentonar. Esa persona en concreto tiene una capacidad especial para los encuadres angulares, sabe muy bien cómo encajar los cuerpos en un espacio determinado haciendo que su fotografía se caracterice por ello. Si terminase adquiriendo un 50mm, ¿estaría matando su creatividad, su condición original?

Sin entrar en teleobjetivos o macros muy específicos para un tipo de fotografía especial, todos podemos reflexionar con el hecho de que cuando adquirimos nuestra primer réflex, por lo general, nos incluye de serie un 18-55mm. ¿Qué conseguimos con ello? No sólo tener cierto rango a la hora de encontrar los diferentes encuadres cuando somos novatos en la materia, sino que además nos obliga a que vayamos conociendo el tipo de fotografía que nos gusta hacer.

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Hay personas que con el angular se sienten más cómodos, mientras que otros necesitan más cercanía aproximándose con el 55mm. Ese bagaje que va dando el objetivo más usado por el fotógrafo aficionado, es lo que poco a poco va definiendo la originalidad que todos llevamos dentro. Lo que va construyendo una manera de encontrarnos en nuestra propia realidad fotográfica y lo que después nos ayudará a plantearnos qué focales más profesionales se adecúan a nuestros gustos personales.

Obviamente estamos condicionados por lo que nos gusta y por lo que queremos imitar, pero antes de todo ello deberíamos hacer la reflexión y pensar si tomando ese tipo de imágenes nos estamos realizando como fotógrafos. Si explotan toda nuestra creatividad y si no están mermando nuestro deseo por hacer algo único que sólo nace de nosotros mismos. Seguir a los gurús está bien, pero salirse del rebaño satisface mucho más.

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