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¿Quién no se lo ha planteado? En algún momento todos lo hemos hecho. Es dulce pensar que podrías llegar a hacer de una de las cosas que más te gusta (la fotografía) tu medio de vida. Junto a este pensamiento surgen otros paralelos: ‘¿Daría la talla?’, ‘¿Perdería la pasión que hoy me mueve a hacer fotos?’ y, sobre todo, ‘¿Sería capaz de sobrevivir con ello?’

Por otra parte, alcanzado un determinado nivel fotográfico, a la gente le suelen molestar etiquetas como ‘amateur’, ‘aficionadillo’ o similares, cuando lo cierto es que es capaz de resolver mejor que profesionales. Porque, aunque para todos tiene connotaciones de calidad y nivel, ‘profesional’ es todo aquel que se gana el pan con las fotos. Y, como en todo, hay buenos profesionales, profesionales mediocres y los que son lamentables.

Con este post no pretendo encontrar respuestas, ni hacer una lista de cosas que nadie deba preguntarse para nada, sino compartir con vosotros reflexiones que por haberlas leído, por pensarlas por mí mismo o por ver a personas cercanas valorándolas, son recurrentes. Asuntos que van más de lo tópico lo menos tópico e, incluso, razones por las que ser amateur no es del todo malo, todo lo contrario y viceversa:

  • El dinero que ahorro con mi trabajo diario me lo gasto en los objetivos y aparatitos que quiero, ya sean o no necesarios. // Si me dedicase a la fotografía habría prioridades que se llevarían el dinero extra: impuestos, gastos generales, papelería, publicidad, marketing…
  • Como amateur puedo disparar absolutamente todo lo que quiera a mi gusto. // Si fuera profesional, quizás dictarían las pautas clientes ‘artistillas’ con los que me vería forzado a llevar a cabo trabajos frustrantes.
  • Siendo aficionado disparo sin presión de ningún tipo y puedo emplear todo el tiempo del mundo en crear lo que quiera. // Si fuese profesional tendría plazos, trabajos desagradables y aburridos…
  • Hoy no tengo distracciones fuera de lo fotográfico. No disparo más rápido porque necesito más dinero. // Si fuera fotógrafo profesional quizás no me podría centrar en disparar lo que me gusta, sino lo que me da dinero. Lamentablemente ambas cosas no siempre coinciden.
  • Disfruto de mis fotos porque me gustan y me traen recuerdos de momentos divertidos. // Si fuera un pro quizás sólo me gustarían las fotos que he llegado a vender o no haría más que las que me van a comprar. Peligroso…

Por otro lado, partiendo del dicho popular ‘a la fuerza ahorcan’, puedo suponer que entrar en el mundo de la fotografía profesional significa meterte de lleno en un estado mental diferente, en el que estás alerta de las oportunidades de negocio y observas el trabajo de otros para mejorar el propio.

Una forma de vida en la que por pura necesidad mejoras, mejoras y mejoras. Suena bien, muy bien, pero volvemos al inicio. ¿Será esto también un tópico?

Foto de la cabecera | Mikebaird

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