
La limpieza de la cámara es de una de mis asignaturas pendientes. Es el procedimiento más farragoso y que mayor pereza me provoca. A pesar de intentar ser ordenado, algo que la fotografía digital casi te obliga, mantener limpia la cámara y los objetivos es algo que me cuesta mucho llevar a cabo. Por lo general, suelo tener bastante cuidado de exponer la cámara a lugares y situaciones en las que puedan sufrir polvo, salpicaduras o humedad, pero es inevitable que se vaya acumulando suciedad.
Y claro, en algún momento hay que plantearse la limpieza. Aunque, sinceramente, lo ideal debería ser convertirlo en un ritual. Marcarnos una rutina periódica, para así mantener nuestra máquina en buenas condiciones y no sólo acordarnos cuando la suciedad es demasiado evidente y puede afectar a la toma de fotografías.



