Quien me diría que en estas fechas estaría escribiendo un artículo de estas características. Siempre hubiera querido escribirlo desde la distancia, pero no es así. Hace poco sufrí el robo de mi mochila con cámara, unos objetivos, un flash y mi querido portátil, maletas, juguetes, zapatos de los niños y otros enseres, en el parking con vigilancia privada y cámaras de seguridad en el Ikea de Alcorcón, en Madrid, cuando volvíamos de vacaciones. Con el dolor que os podéis imaginar escribo estas líneas para tratar de ayudar a mejorar y ser más precavidos. A pesar de todas las posibles precauciones, todos estamos expuestos ante esta amenaza.
Los ladrones o amigos de lo ajeno, al igual que nosotros, distinguen perfectamente entre réflex, csc o evil, compactas, las mochilas de marcas prestigiosas y demás accesorios. Aunque a mi no me gusta, mucha gente se pasea por cualquier sitio o lugar con su flamante réflex colgada del hombro o saca su telemétrica Leica en cualquier sitio y la lleva de la mano. Ojo, porque también saben de telemétricas y lo que valen. Hace unos días un amigo me contaba que en Barcelona ya sabía o conocía de 4 robos de estas características.












