
No había hecho gran cosa en la fotografía hasta que el verano del 98 mi padre me confió la Polaroid familiar para mi “campamento de verano” en la Campus Party. La fotografía digital de consumo entonces se resumía a alguna Sony Mavica de disquetes que asomaba por las revistas, así que hasta que pude comprar mi propia cámara digital dos años después, lo más parecido a la imagen instantánea que pasaba por mi ordenador fueron los escaneos de ese poderoso juguete.
Supongo que no fui el único que conocí así la fotografía instantánea, y es que desde finales de los años 40, y hasta 60 años después, el concepto fue ligado inequívocamente a la marca Polaroid. Desde artistas como Andy Warhol hasta muchos de nuestros seguidores, han sido muchos los que han caído al encanto de sus imágenes y sus reconocibles marcos blancos.
También ha sido mucho tiempo una herramienta de trabajo muy importante en el flujo de trabajo de muchos fotógrafos, como una manera rápida de hacer pruebas de encuadre e iluminación previas a la foto final. Incluso las clásicas fotografías para DNI se han hecho durante mucho tiempo con cámaras de esta marca.
Todo esto se vino abajo con la llegada del mundo digital: con la rapidez como imagen de marca, poco podía hacer la empresa para competir con el mundo del pixel, y en el año 2008 anunció que abandonaba el negocio de la química para volcarse en el nuevo mercado. El triple salto mortal con doble tirabuzón en el CES 2010, cuando se anunció que Lady Gaga se convertía en su nueva directora creativa.












