Si William Eggleston nos enseñó una América capturada gracias a su instinto fotográfico, con un cierto desorden respecto a los cánones establecidos con anterioridad, Stephen Shore nos mostró lo mismo pero de una manera ordenada. Es curioso como comparando el trabajo de ambos maestros, la fotografía de Shore se nos antoja perfectamente cuidada gracias a un encuadre sereno.
Suele etiquetarse su fotografía como inexpresiva, no en tono despectivo, presentarnos imágenes de lugares en completa calma, tiene su mérito. Cuando el espectador observa sus fotografías siente como si todo se parase, presentan una quietud aplastante. Y eso, aunque se pudiese pensar lo contario, al final transmite.



