
Después de muchos comentarios a favor y en contra del movimiento lomográfico decidí comprobar por mí mismo cómo lo viven sus aficionados. La ocasión perfecta fue un taller organizado en Sevilla (en plena feria, ¡ahí es ná!) por la comunidad Lomography española. En él, además de aprender los fundamentos técnicos de la lomografía, tendría la oportunidad de probar algunas de sus cámaras y, sobre todo, de compartir experiencias con el resto de alumnos.
Nuestro profesor fue Pasquale Carpile, embajador lomográfico en España, y uno de los mejores conocedores de la lomografía a todos los niveles.
Durante el curso tuve la oportunidad de charlar con él, y desmentir el principal mito sobre los analógicos: su afición a estas cámaras no viene ni mucho menos del desconocimiento de lo digital o de una resistencia al cambio, sino por elección personal tras muchos años de fotografía a sus espaldas.
Durante el taller tuve asignadas una Diana F+, un clásico del formato medio, y su versión Mini, con carretes de 35mm, y la posibilidad de trabajar a menores formatos para estirarlos hasta las 72 fotos. Entre las cámaras del resto de compañeros pude ver un poco de todo:




