William Klein, el inconformista que supo mezclar el glamour del mundo de la moda con la cruda realidad de la calle

William Klein, el inconformista que supo mezclar el glamour del mundo de la moda con la cruda realidad de la calle

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William Klein, el inconformista que supo mezclar el glamour del mundo de la moda con la cruda realidad de la calle

Hace poco le incluíamos en nuestro listado de los (probablemente) 50 mejores fotógrafos de la historia y, sin embargo, no le habíamos dedicado ningún artículo específico. Estamos hablando del franco-norteamericano William Klein, un artista multidisciplinar (además de fotógrafo ha sido dibujante, pintor y cineasta) que ha dejado su impronta especialmente en dos campos del arte fotográfico.

Por eso hace ya tiempo le incluimos en un artículo sobre fotógrafos históricos de moda, ya que su trabajo influyó notablemente a renovar esta disciplina. Sin embargo, además de un maestro de la fotografía de moda, Klein también es considerado uno de los mejores fotógrafos callejeros de la historia, con una aportación destacada en este campo.

William Klein (1928)

Norteamericano de origen judío, nació en Nueva York en el seno de una familia de emigrantes húngaros justo un año antes de que comenzara la Gran Depresión, un hecho que marcó la primera parte de su vida (como la de tantos norteamericanos). En concreto, el boyante negocio de ropa familiar tuvo que cerrar por culpa de las deudas y tuvieron que mudarse a uno de los barrios más pobres de la ciudad, un lugar donde además los judíos estaban muy mal vistos.

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Por eso, durante su infancia el pequeño William tuvo que sobrevivir en una ambiente hostil que marcaría su personalidad, y en donde el arte se convirtió en su principal tabla de salvación. Así, desde los doce años siempre que podía se escapaba para visitar el MOMA (el Museo de Arte Moderno) donde se despertó la vena artística de un muchacho que resultó ser un joven brillante. De hecho, con catorce años (tres antes de lo normal) ya entró en la Universidad para estudiar sociología, aunque ya tenía claro que lo que quería era ser artista.

Al acabar la carrera, ya en 1945, se alistó en el ejército gracias a lo cual viajó a Alemania y Francia, país que a la postre sería crucial en su vida. Tras dos años sirviendo a la patria, se quedó en París aprovechando una beca para militares estadounidenses que le permitió matricularse en La Sorbona.

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Allí, además de conocer a quien sería su esposa, comenzó a trabajar como ayudante de un famoso pintor cubista francés de la época, Fernand Léger, quien también sería una importante influencia en Klein. Así, comenzó a desarrollar su talento en los campos de la pintura y la escultura con una actitud de rebeldía contra lo establecido y un estilo abstracto, siguiendo lo aprendido del maestro.

Sin embargo, pronto encontró su propio estilo y empezó a destacar por sus murales abstractos que le llevaron a colaborar con el arquitecto Angelo Mangiarotti y también a experimentar con la fotografía (de la que no tuvo ningún tipo de formación) como medio de capturar sus propios murales de una forma distinta. Esto le descubrió un nuevo mundo de posibilidades expresivas, en el que destacaban todo tipo de técnicas (desenfoques, trepidaciones…) y el uso de teleobjetivos y grandes angulares que le servían para alterar la realidad.

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Sobre 1955 su trabajo, que ya le había reportado una considerable fama en el mundillo artístico parisino, fue visto por Alexander Liberman, el director artístico de Vogue, quien le ofreció regresar a Nueva York para trabajar en esta prestigiosa revista. Klein no lo tuvo muy claro, sobre todo porque el mundo de la moda no le interesaba mucho, pero la promesa de un buen sueldo y de sufragarle todo lo que necesitara para hacer fotos le acabó de convencer.

Regreso a Nueva York

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Así, volvió a la ciudad de los rascacielos donde inicialmente se pasó varios meses recorriendo sus calles sin hacer una foto que Vogue pudiera publicar. Sin embargo, finalmente, y tras recibir un ultimátum por parte de Liberman, comenzó a hacer fotos de moda pero con su propio estilo.

En concreto, Klein decidió sacar las modelos a la calle y fotografiarlas mezclándose con el bullicio, en ocasiones utilizando teleobjetivos o introduciendo espejos en la escena que le daban a las imágenes un aspecto original y sorprendente. Una suerte de ejercicios visuales que encantaron al director de arte de Vogue, que sólo había visto algo parecido de la mano de Richard Avedon (que por aquel entonces trabajaba para la competencia).

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Aquello marcó el inicio de una larga etapa (unos diez años) en esta publicación, aunque a Klein siguió sin interesarle realmente la fotografía de moda que continuó realizando para ganarse la vida mientras se dedicada siempre que podía a su disciplina favorita, la fotografía de calle.

Ya desde que había regresado se dedicó a redescubrir las calles de su ciudad tratando de retratar a sus habitantes con su nueva mirada de fotógrafo. Una forma que mezclaba la experimentación que ya había marcado su obra fotográfica con un carácter documental, acercándose mucho a la gente que retrataba y entablando relación con ellos.

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Todo ello daba lugar a unas imágenes (plasmadas inicialmente en la serie ‘Life is Good and Good for You In New York’ de 1957) que se alejaban mucho de lo establecido hasta entonces, ya que imperaba una forma académica de hacer fotos marcada por nombres como Ansel Adams y Edward Weston. Esto se rompió con la llegada de una corriente más humanista, una manera más fresca de hacer fotos que llegó de la mano de artistas como Robert Fank, William Eggleston, Garry Winorand y el propio Klein.

Por todo ello, William Klein pasó a formar parte del elenco de los considerados “padres de la fotografía callejera”, dejando para el recuerdo unas imágenes muy potentes como la de ese niño que nos apunta directamente con una pistola. Fotos que, por cierto, no fueron especialmente bien recibidas en su momento.

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Al trabajo sobre Nueva York le siguieron otros sobre otras ciudades como Moscú, Tokio y Roma que retrató con el mismo estilo inconformista. Sin embargo, en 1965 Klein dejó Vogue, y eso supuso aparcar su carrera como fotógrafo. Así, en 1966 empezó a trabajar en el mundo del cine con una película satírica sobre el mundo de la moda: Who Are You, Polly Maggoo??’. A esta le siguieron otros dos largometrajes, aunque finalmente se prodigó más en el mundo de la publicidad como productor de anuncios y en el documental, donde siguió trabajando hasta bien entrados los años ochenta.

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Tras aquella época volvió a la fotografía y esto le valió sobre todo recibir todo tipo de premios y homenajes como el premio Hasselblad en 1990 y el de PhotoEspaña en 2005. Actualmente reside en París (país del que obtuvo la nacionalidad) y, a pesar de su edad avanzada, sigue trabajando.

Todas las fotografías de William Klein capturadas del vídeo Grandes miradas de la fotografía: William Klein

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