Disparar en automático no te hace menos profesional: ventajas e inconvenientes de la exposición manual
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Disparar en automático no te hace menos profesional: ventajas e inconvenientes de la exposición manual

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Es un mito bastante extendido pero no, hacer fotos utilizando el modo manual de exposición no es algo que te haga más profesional necesariamente. Sin duda es la mejor forma de controlar la exposición de una toma, pero tener que decidir manualmente qué diafragma, velocidad de obturación y sensibilidad utilizas en cada ocasión no es lo más rápido.

De hecho, probablemente os sorprendería saber cuántos profesionales prefieren usar los modos automáticos o semiautomáticos de su cámara por esta cuestión fundamental: la rapidez. Eso sí, hay que tener en cuenta que un buen fotógrafo conoce bien su herramienta y, por otro lado, que los sistemas de medición de las cámaras actuales han evolucionado y son mucho más fiables que los de hace años.

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Por eso antes de seguir vamos a hacer un poco de historia: en los años 30 (del siglo pasado) las cámaras empezaron a incorporar exposímetros. Hasta entonces, la exposición sólo podía ajustarse con un fotómetro externo, utilizando reglas como la del F16 o, sencillamente, haciendo un acto de fe. Por tanto os podéis imaginar la valiosa ayuda que supuso la incorporación de fotómetros en las cámaras.

Aquellos primeros fotómetros solían tener forma de aguja situada a un lado del visor. Esta aguja se balanceaba hacia arriba o abajo según la imagen estuviera sobre o subexpuesta, y había que equilibrarla de forma horizontal para conseguir la exposición correcta. De todos modos, en el visor no se podía saber qué valores de diafragma y velocidad se habían seleccionado (recordemos que la sensibilidad era fija según el tipo de película que se usara), cosa que ya sí se logró unas décadas después, con los fotómetros que ya sí medían la luz a través del objetivo (lo que se conoce como TTL) y, gracias a la electrónica, ya sí se podían ver los valores en el visor.

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Así puede ser más o menos un visor de una cámara actual (eliminando los datos no relevantes) con la barra y los valores de exposición.

Por aquel entonces se estandarizó una manera de mostrar la exposición con una barra de pasos de luz que se ha mantenido de forma casi invariable hoy día. Porque en las modernas cámaras digitales el fotómetro puede aparecer de distintas formas (según la marca y modelo) pero la idea de la barra que muestra si estamos en el punto correcto, acompañada de la indicación de los valores de exposición, se sigue manteniendo de forma más o menos estándar (además de que ahora contamos con la gran ventaja de tener un histograma).

¿Por qué hemos contado esto sobre los fotómetros de las cámaras? Pues porque, básicamente, lo que hacen el modo automático y los semiautomáticos es asegurar que esa barra de exposición siempre esté en el punto equilibrado a base de decidir por su cuenta los valores de acuerdo a la escena que tengamos enfrente.

Disparar en manual ¿sí o no?

Entonces ¿qué ventajas nos ofrece disparar en manual? Pues, realmente, como hemos adelantado, básicamente lograremos un mayor control de la exposición; sin embargo ¿es necesario hacerlo siempre así? La respuesta es clara: no, no lo es. Es más, ni siquiera es necesario hacerlo en ciertas situaciones que siempre se han considerado complicadas.

Y es que a la hora de hacer una foto correctamente hay muchos pasos que dar, y elegir si usamos el modo manual o el automático no es la primera decisión que hay que tomar. De hecho, antes de esto es importante medir bien la luz de la escena con el modo más adecuado y, a partir de ahí, decidiríamos la exposición.

Y, aún así, hay maneras de controlar la exposición disparando en automático de forma casi homóloga a si disparamos en manual, utilizando características como el control de compensación de exposición y el bloqueo de la exposición. Por supuesto hablamos del modo P (o programa) que, aunque funcione automáticamente, permite que el usuario pueda hacer cambios en los ajustes y mantener el control.

Por tanto, utilizar el modo manual depende más bien de la pericia del fotógrafo que de la necesidad de controlar la exposición, incluso en situaciones más o menos difíciles, como tomas de alto contraste como la que tenéis aquí abajo:

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Fujifilm X-S10 con Fujinon XF18-55mm F2.8-4 R LM OIS a 1/750 seg, ƒ5.6 e ISO 160

Como veis, en la foto hay dos zonas de luminosidad muy diferente que propiciaron una silueta. La toma la realizamos en la prueba de la Fujifilm X-S10 usando el modo Programa: primero medimos la luz en la zona superior, luego bloqueamos la exposición, recompusimos la foto y, finalmente, disparamos. Si la hubiésemos hecho en manual el proceso habría sido muy similar, pero seguramente más lento.

Como nosotros en este caso, muchos fotógrafos experimentados utilizan los automatismos porque se gana en rapidez (y con esto entramos en los inconvenientes del modo manual). Y es que, como decíamos antes, de esta forma se aseguran que la exposición va a ser equilibrada más rápidamente. Pero eso no significa que dejen que la cámara haga todo el trabajo, sino que lo toman como base para luego ellos variar los valores a su conveniencia y según lo que quieran conseguir.

Por eso es muy habitual utilizar alguno de los modos semiautomáticos A, de prioridad al diafgrama, y S de prioridad a la velocidad (más, dependiendo de la cámara, otras opciones como prioridad a la sensibilidad), porque de este modo el fotógrafo elige un determinado valor y deja que la cámara decida el otro (siempre de acuerdo a la luz de la escena y la ley de reciprocidad). Al final, el resultado es el mismo, pero se gana en rapidez.

Del mismo modo, los fotógrafos con experiencia no están todo el rato cambiando el modo de medición, sólo suelen hacerlo en casos puntuales, cuando saben que el modo habitual puede no ser el más adecuado para una situación concreta. Igualmente, si hay que contradecir al fotómetro, porque según la situación nos conviene subexponer o sobreexponer, podemos hacerlo igual que en manual usando la mencionada compensación de exposición.

Sobre todo para empezar

Por tanto, el modo manual es muy recomendable para principiantes, ya que les obliga a pensar qué valores van a usar en cada escena y por qué. Y es que aprender qué es lo que se consigue usando los ajustes del triángulo de exposición es básico y fundamental en fotografía, además de algo que sólo se asimila con el tiempo y la práctica.

Sin embargo, cuando uno tiene bien asimilados los conceptos, no es necesario estar pensando en ello de forma estricta. A la hora de enfrentarse a una toma, el fotógrafo experimentado sabe rápidamente qué tiene que priorizar, si usar una diafragma más o menos abierto, emplear una determinada velocidad o tirar de la sensibilidad; de acuerdo a esta decisión, para lograr una exposición correcta o adecuada, tendrá que equilibrar la exposición y eso es algo que el modo automático le facilitará.

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Y es que, al final, no importa cómo se obtenga la exposición correcta, lo importante es el resultado final. Por lo tanto, nadie debería sentirse obligado a usar el modo manual (aunque, ya decimos, es muy recomendable para aprender) o avergonzarse por no hacerlo. Ambas formas permiten un control total sobre la exposición si se tienen bien claros los conceptos fotográficos y los recursos que ofrecen las cámaras.

Y vosotros ¿qué opinas de la exposición manual? ¿La utilizáis habitualmente?

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