
Generalmente cuando adquirimos nuestra primera cámara reflex, empezamos con lo puesto, un cuerpo más objetivo, y a partir de ahí comienza nuestra aventura. Pero poco a poco vamos comprando nuevos objetivos, nuevos accesorios y al final nuestro equipo al completo pasa a ser imprescindible.
Antes de dar ese paso lo más lógico es que hayamos venido de una compacta y por lo tanto contemos con una cámara de repuesto, aunque con sus limitaciones. Pero va pasando el tiempo y esa compacta no nos sirve en el caso de una avería, y entonces es cuando nos planteamos si merece la pena tener otro cuerpo de repuesto.


