
Un domingo cualquiera del mes de noviembre de 2010, zumo de naranja, pan con mermelada y un café con leche. Me encuentro desayunando en el restaurante del Museo de Arte Moderno de Salzburgo gracias a una de esas ofertas raras que pocos museos se atreven a ofrecer. Situado en un enclave espectacular de la ciudad austríaca que vió nacer a Mozart, este espacio dedicado al arte contemporáneo viene apostando por la fotografía desde hace tiempo.
Hablo de este museo, aunque nos encontremos a varios miles de kilómetros de él, porque es el ejemplo perfecto para ilustrar el cambio que poco a poco están llevando a cabo los museos de arte contemporáneo. Cada vez están mirando más hacia la fotografía, como también lo hacen las galerías poco a poco, y aunque todavía queda camino por recorrer, la presencia de este arte en los espacios museísticos es una práctica cada vez más común, algo que debemos tener en cuenta y analizar.








