
En este loco mundo de la fotografía digital en el que cada vez se incorporan nuevos adelantos tecnológicos impensables hace muy poco tiempo, hay mucha gente que quiere seguir sintiendo la magia de la fotografía analógica. Marcas mítico-plásticas como Diana, Holga o Lomo representan el lado totalmente opuesto a lo tecnológicamente perfecto.
La sencillez de estas cámaras-juguete unidas a la gran personalidad de sus fotografías, provocadas en gran medida por sus propias deficiencias de construcción, han hecho que éste sea un mercado cada vez más demandado entre los aficionados que quieren una fotografía sencilla y con sorpresa final.



