
No se si recordáis la desacertada campaña que la policia inglesa lanzó hace apenas un año. En ella llamaban poco menos que terroristas a cualquiera que calzara una cámara y pareciera sospechoso. Pues bien, parece que siguen con la neura, o eso se desprende al menos de la última perla de las autoridades inglesas.
Resulta que no se conforman con acusar indiscriminadamente a cualquier fotógrafo si no que además están empezando a tomar los datos y obligando a borrar las fotos a turistas y aficionados a la fotografía que anden por la capital inglesa.
Precisamente esto es lo que le ha pasado a un turista austriaco, Klaus Matza, y a su hijo menor, que fueron obligados a borrar las fotos que habían hecho de una estación de autobuses del transporte público Londinense.



