
Siempre hay que tener cuidado cuando salimos con nuestro querido equipo fotográfico, pero en vacaciones nos relajamos más y visitamos lugares que no conocemos y en los que podemos estar más expuestos a ser un blanco perfecto para los cacos.
Los ladrones saben perfectamente que una mochila llena con un equipo fotográfico es un buen botín ya que pueden colocarlo a un buen precio en el mercado de los chorizos.
Lo mejor, como casi siempre en la vida, es usar el sentido común pero hay ocasiones en las que por alguna causa bajamos la guardia y quedamos más expuestos al posible robo del equipo. Por supuesto que no hay método infalible, pero podemos seguir una serie de pautas para minimizar los riesgos.



