
Es evidente que la fotografía digital ha revolucionado el mundo de la fotografía y ha permitido un acceso más fácil a muchas más personas. No es extraño ver aficionados que gastan equipos iguales a los de cualquier profesional, y lo más sorprendente es que no se trata de una minoría.
Está claro que tener lo último y lo mejor puede ayudar a captar fotografías más fácilmente que con otros medios o en situaciones menos favorables puede resultar más complicado obtener. Pero eso no nos convertirá en mejores fotógrafos, simplemente nos convertirá en fotógrafos más acomodados.
Para comprobar esta última afirmación me decidí a darle otra oportunidad a uno de mis viejos objetivos manuales y hacer una prueba con más calma, se trata del Tamron 500 mm f:8 SP.



