
Vamos a ver un pequeño truco que en su día aprendí leyendo al maestro de la fotografía digital, J.M. Mellado. Los más duchos en la materia, los que disparáis vuestras fotografías en RAW para tener el máximo control sobre la imagen final y los que usáis balances de blancos personalizados para cada sesión seguramente no tengáis que recurrir a este recurso salvo en ocasiones puntuales, por ejemplo cuando una escena esté iluminada por luces de distintas temperaturas de color.
Prestad atención los que disparéis en jpeg y los usuarios de compactas y smartphones, cámaras que no son tan precisas como sus hermanas mayores a la hora de ajustar automáticamente el balance de blancos, ofreciéndonos a veces imágenes que presentan ciertas dominantes de color. En este ejemplo la fotografía original presenta una clara dominante magenta y roja que ha de ser eliminada. La mitad de la derecha, en la fotografía de cabecera, es la original y la izquierda la modificada.






