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Alberto Schommer, retrato de un fotógrafo

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Recuerdo su porte elegante frente a uno de sus retratos en la sala del Museo del Prado donde expuso sus "Máscaras" hace dos años. Todas las miradas en aquel momento iban hacia él. Era el reconocimiento ese entrar con sus fotografías en una de las pinacotecas más importantes del mundo. Queríamos enmarcar su rostro entre los personajes allí retratados, queríamos mirarle a los ojos como lo hacía él a aquellos a quienes retrataba.

Alberto Schommer falleció ayer a la edad de 87 años, su muerte nos ha hecho adelantar un post que merecía por haber sido un gran maestro. Sus retratos marcaron un punto de inflexión en la fotografía de los años 70. Fue reconocido en vida con la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes en 2008 y con el Premio Nacional de Fotografía en 2013. Hoy todo el mundo le recuerda.

Su interés por la fotografía gracias a su padre Alberto Schommer Koch

Alberto Schommer fue un privilegiado en esto del arte fotográfico. Hijo de un alemán afincado en Vitoria, el cual abrió un estudio en los años 40, su formación estuvo vinculada a la fotografía, estudiando en ciudades como Hamburgo y París. Aquello le permitió viajar por Europa y conocer la cultura a través de los museos.

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En esos primeros años formó parte de AFAL, un colectivo que dio aire renovados a la fotografía española en los años 50. Fue cuando, tras volver de París donde había trabajado para Balenciaga, comenzó a realizar fotografía industrial de arquitectura para el constructor Juan Huarte, vinculado al mundo del arte por haber sido mecenas de Chillida y Oteiza entre otros escultores.

Su aportación a la historia de la fotografía

Es ya en los años 60 cuando abre su estudio en Madrid comenzando así a trabajar en el sector publicitario. Hasta que el diario ABC le ofrece la oportunidad de realizar sus conocidos "Retratos psicológicos" para el suplemento dominical. En ellos se retrataba a personalidades de la época desde un punto de vista nada usual respecto a lo que se hacía normalmente, lo cual hizo que se conviertiensen en referente en esa década de 1970 a 1980.

Aún más originales fueron sus “Cascografías”, una serie de imágenes que podían ser ensambladas adquiriendo volúmenes y texturas diferentes según la intervención del propio autor. Pero fueron ya tras sus reportajes para El País centrados en temas que afectaban a la sociedad española, cuando posteriormente fue llamado por la Casa Real para realizar fotografías a los Reyes, trabajo que le llevó a viajar con ellos en sus diversos viajes.

Creo que el mundo sin la imagen fotográfica sería más pequeño.

Los años 80 le llevaron a exponer en diferentes partes del mundo, su figura como fotógrafo era muy reconocida, llegando a realizar una muestra retrospectiva en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y a permanecer más de tres meses en una exhibición llevada a cabo en el Centre Pompidou de París.

Los años posteriores le llevan a publicar libros, participar en exposiciones y realizar clases magistrales, siendo un emotivo capítulo en su carrera cuando fue nombrado Académico de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, lo que le hizo pronunciar su discurso "Elogio a la fotografía", disponible en internet para la lectura del público. Y así, trabajando de forma incansable hasta su muerte.

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Epílogo cerrando con sus palabras

Los retratos fueron el grueso de su carrera, de ahí que queramos cerrar este artículo con un párrafo de ese "Elogio a la fotografía". Una lección de lo que significa este género fotográfico y una manera maravillosa para quedarnos con su recuerdo. Para conocer toda su obra en imágenes, nada mejor que visitar su web, que tiene una selección muy completa de sus mejores trabajos por categorías.

El retrato es quizá el hecho más importante dentro de la fotografía. Es el enfrentamiento consentido de dos personas poderosas que se observan activamente ya que el sujeto, por pasivo que parezca, no deja de aportar en su concentración unas señales perceptibles por el autor (leáse fotógrafo) en las que envía simbologías de poder, relajació, elegancia o vulgaridad. El autor debe aceptar estas indicaciones, aprovecharlas, para construir el retrato. Porque un retrato de autor es algo más que un documento. El fotógrafo conoce o debe conocer al sujeto para organizar interiormente y exteriormente su composición: él dirige la operación sugiriendo la actitud, orientando la mirada. La luz no es más que un elemento moldeador que activará la pretensió del fotórafo.

Fotógrafo Alberto Schommer

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