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Ricardo García Vilanova, cuando las cámaras 4K terminen con la figura del fotoperiodista

Ricardo García Vilanova, cuando las cámaras 4K terminen con la figura del fotoperiodista
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Que el futuro del fotoperiodista es cada vez menos alentador ya lo conocemos hace tiempo, pero ayer Ricardo García Vilanova, gran profesional que ha cubierto conflictos en Libia o Siria durante largos periodos de tiempo, nos volvió a poner de cara a la realidad que está viviendo esta profesión en la masterclass ofrecida por mediación de Canon, a través de World Press Photo, que tuvo lugar en FNAC Callao de Madrid.

En una distendida charla donde nos ofreció muchas de las claves que componen el fotoperiodismo llevado a cabo en zonas de conflicto, pudimos conocer cómo se llevan a cabo este tipo de trabajos totalmente desconocidos para quienes no estamos familiarizados con el sector. Un punto clave recalcado fue el hecho de que los fotógrafos deberían cumplir con su trabajo dejando a un lado los premios y el reconocimiento e incluso la fama que lleva a muchos de ellos a buscar dinero en este tipo de misiones. Pero dejando a un lado esta cuestión, muy coherente por su parte ya que termina desvirtuando esta profesión, vayamos a conocer los detalles que Vilanova nos contó.

El futuro del freelance fotoperiodista

Siempre desde su experiencia como freelance, empezó la casa por el tejado para hablarnos de la situación que actualmente viven los fotoperiodistas. La crisis que también ha afectado al sector, ha hecho que los medios acudan a fotógrafos no profesionales para cubrir los reportajes. La tecnología ha avanzado, ya no se necesitan conocimientos fotográficos como en el uso de las cámaras analógicas, lo que sin duda ha repercutido. Como el hecho de que con las cámaras 4K se podrán hacer grabaciones de muchísima mayor calidad y con ello matar dos pájaros de un tiro al tener desde una misma solución las imágenes en fotografía y en vídeo.

De hecho el propio Vilanova ha tenido que incorporar el vídeo en sus trabajos, como le sucedió a Pedro Armestre, puesto que ha crecido la demanda. De ahí que vaya cargado con dos cámaras dispuestas una al lado de la otra que va usando en función de aquello que mejor puede captar la noticia. Además no hay que olvidar que un fotoperiodista fue formado para ello, que sigue unos procedimientos, que sabe donde moverse y que en cierto modo guarda una ética que no en todos casos se respeta como veremos posteriormente.

Cómo empezar como fotoperiodista en zonas de conflictos bélicos

Para empezar un fotoperiodista necesita conocer el terreno e incluso un poco del idioma para poder defenderse y buscar su red de contactos. Para ello la mejor manera de empezar es ponerse en contacto con una ONG, ellos dan al periodista cobertura en el país pudiéndose desplazar de una zona a otra, todo ello a cambio de un trabajo fotográfico que más tarde le servirá al profesional para tener un book en el cual se vea su forma de trabajar. Nadie va a llamar a la puerta de un fotoperiodista si no tiene ejemplos sobre el terreno.

Después de ello, contratar los servicios de un fixer, caros por lo general, que ayudan al periodista a moverse por el país y ponerle en contacto con las personas locales. Todo ello hablando desde la perspectiva de un freelance como es su caso. Pero no hay que olvidar las agencias o los embedded que dan al fotoperiodista todas las facilidades en cuanto a manutención y transporte pero que hacen que firme un contrato de confidencialidad e incluso pueden eliminarle imágenes si no se ajustan al mensaje que el medio quiere dar.

En otras ocasiones, como nos contaba sobre la situación en Libia, hubo un momento en el que el libre acceso de los periodistas y la facilidad que les daban en cuanto a alojamiento, etc. hizo que aquello se convirtiese en un circo. Casos como autobuses llenos de fotógrafos que llegaban a un hospital, hacían fotos durante 5 minutos y se marchaban. Ello lo que termina haciendo es que se desvirtúe la imagen que se tiene del conflicto, ya que el método de Vilanova es el de involucrarse con los locales de tal forma que llega un momento en el cual se olvidan de su presencia, de ahí que sus fotos, gracias también a un 16-35mm, se nos antojen tan cercanas.

Ello sumado a una mezcla de intuición, suerte y conocimientos, hace que sus fotografías sean muy espectaculares porque nos involucra dentro de las escenas. Siempre bajo sus premisas de que una imagen nos aporte información, que no nos deje indiferente y que se adecue a una composición que enfatice a las anteriores.

Siempre trabajando al lado de los débiles, que son los civiles, nos contó que hay tres zonas diferenciadas. Una de ellas la más alejada de la zona de combate, donde la gente hace su vida más o menos normal. Después la zona de hospitales. Y para terminar donde se sucede la batalla. Depende mucho de la situación, pero la mayoría del tiempo el fotoperiodista no tiene nada que hacer porque no ocurre nada, aunque hay otras donde las bombas pueden caer cada cinco segundos o incluso afectar a la población civil de forma directa en un momento dado por ataques a hospitales o cualquier otra circunstancia.

La ética en el fotoperiodismo

Una parte muy interesante de la masterclass fue la dedicada a los falsos reportajes o las manipulaciones. Vilalova lo divide en cuatro apartados, recordándonos con ello algunas imágenes históricas. Una primera sería la escenificación o falsear el conflicto. Nos enseñó una serie de fotografías con soldados disparando en primer término que después perdían toda credibilidad al mostrar una imagen general donde esos combatientes estaban rodeados de fotógrafos que tomaban las mismas imágenes. Lo que hace buenos los reportajes es el hecho de poder contar historias diferentes dentro de un mismo conflicto, no acudir todos a la misma fotografía desde puntos de vista compositivos distintos.

Otra forma de manipulación es la realizada con Photoshop, y aquí nos puso un ejemplo de un fotoperiodista que fue despedido del periódico tras la composición de dos fotografías para otorgarle más dramatismo. La toma había sido hecha con excasos segundos de diferencia, pero bien es cierto que cogiendo elementos de una y mezclarlos con la otra, el resultado era mucho más escalofriante. Actos como estos no deben ser permisivos nunca.

Como tampoco lo que Vilanova titula "Fidelidad histórica" con uno de los ejemplos más significativos que es el de "Alzado de la bandera en Iwo Jima” por Rosenthal, producto de una toma posterior a la primera imagen que correspondía al momento exacto del alzado pero que se descartó por ser compositivamente menos impactante. Recordemos que aquella segunda imagen se convirtió en icónica.

Y por último las fotografías falsas, como aquellas donde se ve la batalla en el cielo de unos aviones durante la I Guerra Mundial y que con el tiempo se descubrió que habían sido realizadas con maquetas.

En resumen

Una masterclass de esas donde uno sale con mucha información cuando no está familiarizado con el tema, donde además pudimos conocer el trabajo de Vilanova desde su propia experiencia y en la cual además tuvimos acceso a sus vídeos y a su intachable trabajo fotográfico. En su web podéis ver imágenes, así que os invito a que os deis una vuelta por su portfolio. Os comparto además un vídeo donde podéis ver la dimensión tan distinta que alcanza respecto a las imágenes fotográficas, además del vídeo donde se relata la liberación tras el secuestro que le mantuvo 194 días junto con Javier Espinosa en Siria.

Fotógrafo Ricardo García Vilanova

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