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Hoy en día en la era digital, es habitual disparar a discreción a todo lo que se mueve o nos interesa. En la era analógica, es posible que no fuera tan frecuente observar ese comportamiento.

Tenemos tarjetas con una cantidad enorme de gigas, que si llenamos, en poco más de dos minutos las tenemos de nuevo vacías o usamos la de recambio. Quizás esto nos incita a no preocuparnos tanto por lo que estamos fotografiando sino, por disparar tantas veces como se pueda al mismo lugar “y ya saldrá algo decente”.

Últimamente después de una sesión fotográfica, me he dado cuenta de que siempre termino usando la primera o segunda foto que hice, y no el resto. A veces veo algo interesante y pruebo a hacer varias fotos desde distintos lugares, y variando algo la inclinación y líneas (por si las moscas). Pero al final siempre acabo eligiendo la primera foto que vi, el momento justo en el que me percaté de que ahí había algo interesante.

Entonces, la era digital ¿nos está volviendo más inseguros?

Las nuevas tecnologías nos brindan la posibilidad de repetir hasta la saciedad todas las fotos que queramos, y no vamos a desaprovecharlo. Pero este ímpetu de asegurar nuestra foto perfecta, puede hacernos perder de vista lo que realmente buscábamos, ya que ese instante puede que desaparezca después de lanzar la segunda o tercera foto, y cuando llegamos a la número 40 ya habremos perdido totalmente la esencia que la primera foto y ese primer instante nos transmitía.

 Una foto es un instante, un segundo, un momento en el que nos percatamos de algo (que quizás estaba siempre ahí) visto desde otro punto de vista, con otro estado de ánimo o cualquier mínima cosa que nos pueda influir en interpretar nuestra realidad de otra forma. Entonces es ahí cuando nuestra inspiración, nuestro momento tendrá su recompensa.


Quizás no siempre esos momentos sean recompensados, está claro que cuando llegamos a casa con más de 100 fotos, no es habitual seleccionar las 100 como favoritas. Yo generalmente después de llegar a casa con tantas fotos, no suelo seleccionar más de tres o cuatro para revelar, aunque después con el tiempo suele aumentar el número. Pero lo que si tengo claro, es que las fotos seleccionadas fueron las primeras que hice, en ese momento mágico que encuentras algo distinto en el entorno y te hace apretar el disparador sin prácticamente pararte a pensar.

A donde quiero llegar con todo esto, pues que la era digital nos da muchas facilidades, ha hecho que la fotografía crezca sin parar en todos los sentidos, pero que quizás ha generado esa inseguridad por llegar a casa con una foto “especial” mal tirada, y que nos incita a realizar 40 tomas prácticamente idénticas, 39 de las cuales habrán perdido el instante perfecto.
Por muchas tarjetas que llenemos, por muchas fotos que hagamos de la misma zona, no vamos a conseguir una foto mejor, ya que habremos perdido ese momento mágico que nos incitó a apretar el disparador. La era digital es nuestro aliado, y para nada debemos caer en el error de volvernos “comodones”.
Siempre he creido que hay que usar todo en nuestro beneficio, pero siempre y cuando sea necesario. Considero que cuando algo no es necesario, su uso sería un error y muy posiblemente desvíe nuestra atención principal.

Por otra parte es fácil pensar que también la era digital ha abierto las puertas o ha creado dos nuevos tipos de usuarios: el que busca la facilidad, y el que sabe aprovechar y sacar un beneficio a esas facilidades.
Quizás todo esto que he comentado sea uno de los motivos principales por lo que nos hemos vuelto menos exigentes o tomamos tantas precauciones para hacer una foto, como el repetir una misma toma casi sin movernos más de 20 veces. Quizás el nivel fotográfico se está volviendo tan exigente y perfeccionista que no prestamos atención a los imperfectos y bellos detalles que nos rodean, y los tomamos en cuenta como un error. Quizás todo esto nos esté volviendo más inseguros, más perfeccionistas y nos esté cerrando los ojos a la verdadera esencia que siempre nos ha ofrecido la fotografía.


Cuantas de las fotografías de los años 50 hoy en día pasarían desapercibidas, si no fueran por el atractivo del tiempo pasado que llevan consigo. Fotos basadas en patrones y reglas pero sin llegar al extremo de estos tiempos: “tienes esa zona empastada”, “hay un halo en esa otra zona”, “¡uy! el histograma me muestra una esquinita sobreexpuesta”, “hago zoom 500x y ese ojo no aparece demasiado nítido”...

¡Por favor!, olvidar el miedo a reflejar lo que veis y no nos volvamos miedicas y perfeccionistas sin sentido. Podemos hacer 1000 fotos de una tacada, pero no por ello vamos a conseguir una foto mejor compuesta. Podemos corregir en casa las horizontales, variar “algo” la composición, enfocar o desenfocar más o menos, pero no nos volvamos unos comodones y hagamos nuestro trabajo de campo como es debido.

Lo bello de la fotografía es inmortalizar aquello que sólo vemos una vez.

Fotos | satanoid, AaronVanDike, Hokkey

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