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Cómo no ahogarse en trabajo cuando la fotografía comienza a dar más frutos
Opinión

Cómo no ahogarse en trabajo cuando la fotografía comienza a dar más frutos

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Cuando se arranca la vida en el mundo fotográfico, pensar en vivir de este arte parece ser algo difícil que tomará mucho tiempo en rendir frutos. Pero al comenzar en forma a vivir de ello, algunas épocas pueden ser agobiantes y el trabajo empieza a consumir nuestra vida. Prepararse bien es clave para poder mantener un ritmo de vida estable.

Capturar imágenes sin morir en el intento

Recuerdo las frases de uno de mis profesores de la universidad: “El fotógrafo no conoce las palabras sueño y hambre”. Como estudiante estas palabras pueden significar poco, algunos vivíamos con nuestros padres o la fotografía era un trabajo secundario. Sin embargo, llega un momento en el que ese espacio de comodidad se rompe, aquel instante en que uno decide vivir del arte.

No hay mejor escuela de negocio que preguntarse cómo voy a pagar la renta, cuánto tendré para comer si decido ir un día al cine o a tomarme unos tragos con los amigos o quién me va a pagar para sobrevivir el siguiente mes. La vida real es un choque de miedos, riesgos y apuestas que comienzan a formar una idea de cómo hacer de esto una profesión.

Al comienzo debemos cobrar según nuestro rango (ojo, no regalar nuestro trabajo). Es decir, no puedo pensar en que mi primera boda la cobro por 5.000 euros, cuando aún no soy capaz de ofrecer la calidad y la experiencia que valgan ese dinero. Por lo que nuestros primeros trabajos, sea con una agencia o como independientes, suelen suplir nuestros gastos básicos. En esos momentos cualquier trabajo es una ayuda a construir nuestra imagen y nuestro proyecto de vida, por lo cual decimos sí a casi todo.

Pero, a medida que ese rango aumenta, tenemos clientes estables y comienzan a llegar más, la carga de trabajo comienza a aumentar. Eso exige tiempo que está saliendo de nuestra vida. Hacer fotografías es parte de esa vida, pero no podemos olvidar que somos humanos, tenemos límites y que decirle sí a todo exige que nos organicemos coherentemente a esas barreras.

El fotógrafo no conoce el sueño y el hambre porque el trabajo exige que estemos horas parados en una sesión para luego pasar más horas en el ordenador trabajando esas tomas.

Viviendo nuestra pasión

Antes de que llegue ese momento, aquí van unas recomendaciones de supervivencia laboral.

  • Segmentar: es muy probable que al comienzo de nuestras carreras empecemos por aceptar todo lo que llega, desde la boda, al retrato, al producto al book actoral, etc… Sin embargo, el fotógrafo que hace de todo termina haciendo nada. Si bien el mercado nos especializa en un tipo de fotografía, nosotros podemos ayudarlo al segmentar nuestro trabajo. Si quiero enfocarme en la fotografía comercial, debo ir rechazando las ofertas de bodas y fotoestudio; más bien enfocarme en las ofertas de agencias para hacer fotografía de producto y moda.

  • Cobrar más: Parte de esta segmentación incluye compensar la pérdida de estos trabajos con los que serán mi enfoque. Así que, a medida que vamos quitando tipos de fotografía de nuestro listado, debo cobrar más por aquellos que realizo. Siempre ofreciendo y mejorando la calidad de trabajo que se adquiere al especializarse.

  • Designar: Al comienzo, el fotógrafo está encargado de todo el flujo de trabajo fotográfico: producir, capturar, editar, retocar, diseñar, hacer el té y dar masajes en la espalda del cliente. Está claro que más trabajo implica multiplicar todas esas tareas por cada cliente que nos contrata. Es por eso que poco a poco debemos aprender a involucrar un equipo de trabajo. Es ahí cuando hay que llamar a la segunda cámara de una boda, el retocador del siguiente trabajo de producto o a los asistentes para la siguiente producción de moda. Una persona tiene un límite para hacerlo todo y trabajar en equipo permitirá que el flujo de trabajo sea más rápido y que se obtengan mejores resultados. El fotógrafo debe volverse un director que sabe concebir una idea y delegar funciones a su equipo para que cada trabajo sea perfecto.

  • Programar: Uno de los principales errores que cometemos muchos fotógrafos es pensar que tenemos el tiempo controlado. A veces coordinamos trabajos seguidos, pensando en que podremos responder con todo sin problema alguno. Lo que luego nos lleva a noches de trasnocho seguidas tratando de cumplir con las fechas de entrega. Por eso es importante programar los flujos de trabajo: Cuánto me demoro editando, cuánto retocando, qué procesos se pueden hacer en paralelo, qué toca mover, para qué fecha quedan las tomas, etc… Hay que establecer tiempos realistas, dejando un margen de error de cada trabajo. Entregar un trabajo bien hecho con calma es mejor que tener que entregar sobre el límite y con todos los errores que surgen por la presión de tiempo.

Somos fotógrafos y queremos vivir por la fotografía. Pero eso no implica desperdiciar la vida trabajando. Espero estos consejos os sirvan.

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