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De papeles mojados, etiquetas, y deseos de año nuevo

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Tengo que reconocer que, como muchos usuarios presentes en redes sociales, a veces tengo cierta tendencia a lanzar mensajes que sé que pueden ser polémicos, tratando de cazar reacciones de entre mis seguidores. Estos días, uno de ellos hablaba de la veracidad o no de una expresión que he escuchado de muchas bocas, y de muchas maneras: “Una fotografía sólo es una fotografía si está en papel”.

Admitiendo antes que nada que no estoy en absoluto de acuerdo con esa afirmación, sí puedo decir que entiendo a los que defienden la teoría: el papel le da a las imágenes una textura completamente distinta que el monitor, despertando matices y emociones que no siempre son fáciles de apreciar en el mundo digital.

Lo mismo podríamos decir del revelado, de las capturas manuales, de la química y de la mecánica: como seres humanos, nos resulta más fácil identificarnos con elementos que podemos tocar, y procesos en los que somos partícipes. Al fin y al cabo, ¿no imitan las cámaras actuales el feeling, el resultado y hasta el sonido de las tradicionales?


Lo Hice Yo

Aún así, la fotografía es mucho más que eso: una fotografía es un retrato de estudio, un recuerdo rápido con el móvil, un macro de un insecto, un dato que nos identifica en el DNI, o una captura de la galaxia por un telescopio espacial. Cada uno de ellos tendrá su propio lenguaje, su propia expresividad y cada espectador le dará su propia valoración.

Es general, es razonable que cada uno se centre en su parcela de conocimiento, y la extrapole al resto de fotógrafos, seguramente actuando con toda su buena fé, pero siempre es positivo mirar un poco más allá. Eso es algo que conocemos bien los que escribimos en blogs como éste, que tenemos que jugar a dos bandas con la objetividad por un lado y la libre opinión por otro.

En resumen, hoy en día la comodidad de los flujos de trabajo puramente digitales hacen que cada vez menos fotos acaben imprimidas o reveladas en papel (vosotros mismos lo habéis confirmado), pero esto no tiene por qué ser necesariamente malo: en cierta medida esto revaloriza el soporte como arte, al quitarle la carga de practicidad y destacar su uso en los que viven la fotografía de una manera más vital.

Por tanto, ahí va mi deseo de año nuevo: que todos los fotógrafos, desde los maceraos a los retratistas, de los postaleros a los científicos, desde los profesionales a los aficionados, aprendan a disfrutar con cualquier ramificación de este arte. Papel sí, digital también, y que venga lo que tenga que venir.

Foto | RayPG 2.0 y Nuria M. Alonso, de nuestro Grupo de Flickr

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