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Fotografía, ética y doble rasero

Fotografía, ética y doble rasero
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Hay varios temas sobre los que se habla mucho en la red y que, si los analizamos con detenimiento, son muy similares en el fondo. La apropiación indebida de fotos (no se si es correcto decir robo), el uso de software no oficial y el abuso de las grandes compañías tienen más en común de lo que pudiera parecer. En todos los casos se trata de pasar por encima de los demás anteponiendo un fin puramente económico, ya que siempre existe un beneficio de algún modo por alguna de las partes.

Según estemos a uno u otro lado de la barrera nos parecerá que el comportamiento correcto es el nuestro mientras que el resto son los verdaderos ladrones. No entro a valorar ni a justificar ninguna de estas formas de actuar, porque creo que son injustificables, pero sí que creo que a veces es bueno pararse a pensar en esa forma de medir las cosas con doble rasero, según nuestra conveniencia. Para ayudar un poco os dejo esta historia que oí alguna vez en algún sitio:

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…

Había un planeta al que todos, en un alarde de originalidad, llamaban “El Planeta”. El Planeta era muy similar a nuestra Tierra, con su atmósfera, sus mares, sus montañitas, sus animalitos, sus ovejitas… y, por supuesto, unos seres muy parecidos a los humanos de La Tierra.

Estos humanos no solo eran muy parecidos a nosotros, sino que además se encontraban en un punto de evolución tecnológica muy similar al nuestro, aunque eran mucho más avanzados en la parte social y trataban mucho mejor a su planeta.

En este mundo también existía Internet, o algo parecido, y había cantantes, industria discográfica, empresas distribuidoras de cine y editoriales. Pero a diferencia de lo ocurrido en La Tierra, todos ellos supieron anticiparse a las tendencias cambiantes y adaptarse a las nuevas tecnologías. Abrieron nuevos mercados alternativos y fórmulas de distribución por la Red con costes bajos y elevados contenidos de calidad que evitaron que se impusiera la copia indiscriminada, y no sólo no sufrieron crisis alguna sino que volvieron a crecer y ganar más dinero. Evidentemente hubo unos pocos que quisieron oponerse a este nuevo sistema para seguir como antaño, pero se impuso el sentido común y estos elementos discordantes fueron expulsados de “El Planeta” y enviados a La Tierra, donde llegaron a ocupar puestos de relevancia en grandes multinacionales, incluso alguno de ellos llegó a ser hasta ministro de Cultura.

Ya he comentado que “El Planeta” era muy parecido a La Tierra y, al igual que ésta, tenía lugares maravillosos dignos de ser fotografiados. Como sus habitantes eran muy listos, no tardaron en inventar algo parecido a las cámaras fotográficas y a compartir todos sus trabajos por su Internet particular. Para este menester crearon una especie de gran punto de encuentro donde los fotógrafos pudieran exponer sus fotos y que las demás pudieran verlas. A este punto de encuentro lo llamaron “Fliper”, aunque todavía no se muy bien por qué.

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Por otro lado había una gran empresa llamada “Arcilla” que se dedicaba a desarrollar un software muy potente que usaban los estudios de diseño y fotografía profesionales para procesar y mejorar sus trabajos.

Con el tiempo algunos fotógrafos profesionales empezaron a mostrar sus trabajos en “Fliper” y los aficionados se interesaron por sus técnicas de captura y procesado, y aquel programa, que se llamaba “Protochos”, empezó a hacerse muy popular entre una creciente masa de fotógrafos aficionados. Pero hete aquí, que el famoso y deseado “Protochos” costaba un pastón del doce y no todos los aficionados podían permitirse comprarlo para retocar un par de fotos del cumpleaños de la niña.

Varios usuarios empezaron a usar el “Protochos” sin licencia oficial, total, era muy fácil copiarlo por ahí, y seguían subiendo a la red sus trabajos fotográficos, que cada vez eran más numerosos y de mayor calidad. Pero con el crecimiento del número de fotos y de su calidad, empezó también el robo de fotos de la red, total, era muy fácil copiarlas de ahí, y algunas empresas las usaban sin pagar por ellas y sin siquiera pedir permiso al fotógrafo. Llegó a darse el caso de un frutero que tomo prestada una foto de un kiwi de “fliper”, sin permiso claro, y la usó para imprimir 1.000 marcapáginas que regalaba a los clientes que compraban una malla de naranjas de zumo o más.

Fue en ese momento cuando se produjo la “Gran Paradoja” que cambiaría el destino futuro de “El Planeta”. Los fotógrafos comenzaron a protestar indignados por el cada vez más numeroso robo de fotos, pero resulta que la mayoría de esas fotos habían sido procesadas con un programa por el que no se había pagado, he aquí la paradoja.

Como a los habitantes de “El Planeta” no les gustaban ni las paradojas ni el jamón de Jabugo, cosa que dice más bien poco a favor de los gustos de los habitantes de “El Planeta”, decidieron crear un comité de sabios para solucionar el problema. A este comité asistieron expertos de todas la partes interesadas y, como siempre, había algunos que lejos de intentar buscar un acuerdo, lo único que querían era seguir con las cosas como estaban y meter en la cárcel a todos los que no pensaran como ellos. Este tipo de de actitud no estaba muy bien visto en “El Planeta” y una vez más los elementos discordantes fueron expulsados y enviados a La Tierra donde acabaron convirtiéndose en presidentes de bancos, directivos de grandes multinacionales y altos cargos políticos.

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Una vez apartados los escollos humanos, el resto de la sociedad llegó a un gran acuerdo para desterrar para siempre de sus vidas a la Gran Paradoja. Este acuerdo podemos resumirlo en unos pocos puntos:

  • La gran empresa de software, “Arcilla”, aceptó seguir comercializando versiones antiguas de su “Protochos” a un precio muy reducido y sólo para usuarios particulares, así los aficionados podrían tener una buena herramienta a un precio que podrían pagar y de forma totalmente legal. La empresa seguiría desarrollando versiones nuevas con todos los adelantos destinadas al mercado profesional y por otra parte continuaría vendiendo licencias de versiones antiguas de un programa ya amortizado y por el que de otra forma no ingresaría nada por su uso.
  • Los fotógrafos aficionados aplaudieron la propuesta de “Arcilla” y decidieron borrar sus versiones sin licencia y comprar esas licencias asequibles a su bolsillo y que ofrecían mayores garantías y eran más acordes con la ética.
  • El resto de la sociedad, al igual que había ocurrido con el tema de la música, el cine y los libros, acordaron no robar, ni copiar nada sin permiso de sus autores, al fin y al cabo a nadie le gusta que le quiten algo que es suyo por derecho propio.

El caso es que esta sociedad aprendió a vivir en total armonía y fueron mucho más felices y si alguna vez alguien intentaba sacar provecho propio de alguna situación o simplemente no cumplía un mínimo de conciencia social, hacían lo de siempre, expulsarlo y enviarlo a La Tierra.

Y colorín, colorado, este cuento… acaba de empezar.

ADVERTENCIA: Todos los personajes, lugares y hechos descritos en este cuento son totalmente ficticios y, aunque pueda parecer mentira, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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