
A las principales casas fotográficas siempre les ha gustado marcar las fechas importantes de sus calendarios con cámaras de edición limitada. Unas máquinas normalmente con pequeños cambios estéticos respecto al modelo original, producidas en tiradas muy cortas y con un precio bastante elevado que, al menos antes de la llegada de la era digital, aumentaba exponencialmente con el paso de los años. Un Olimpo con grandes joyas olvidadas al que algún que otro objetivo de los que ha marcado historia, como el Noctilux de Leica, también se ha animado a entrar.

Hace unos días hablábamos de uno de los objetivos míticos de Leica, el 

