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'Cien años de soledad', el libro inmortal de Gabriel García Márquez y su relación con la fotografía
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'Cien años de soledad', el libro inmortal de Gabriel García Márquez y su relación con la fotografía

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Hoy nos recuerda Google que Gabriel García Márquez hubiera cumplido 91 años. Es uno de los mejores escritores de la historia moderna. La que es considerada por muchos lectores como su obra cumbre, 'Cien años de soledad', tiene escondida entre sus páginas muchas referencias a la fotografía que hoy vamos a descubrir.

'Cien años de soledad' es un libro que te marca. Es la historia de los Buendía en Macondo, un pueblo que marca la vida de todos sus habitantes desde el principio de los tiempos, cuando las cosas no tenían nombre. Podría decirse que es un relato bíblico, una historia completa con sus dioses y sus demonios. Donde el amor solo le llega a unos pocos elegidos y en el que la mayoría están condenados a la soledad.

Y como en todo universo que se precie, cualquier lector empedernido puede encontrar mil y una referencias a sus pasiones y sus miedos. Esa es la riqueza de la obra de Gabo, como le llamaban sus amigos y sus lectores. Él contaba que nada de lo que aquí se encuentra es inventado, que pasó realmente y que el Realismo mágico es tan solo la historia de su familia. Pero contado con un verbo entregado.

Gaboiv Inspirado por Gabo

El escritor y periodista estuvo a punto de morir de éxito ante su obra fundamental. Muchos dicen que el Nobel fue por el libro, no por su carrera. Y es totalmente merecido. Afortunadamente no cayó en la desesperación como Salinger después de 'El guardián entre el centeno' o Harper Lee con su 'Matar a un ruiseñor'. Lo que sí le quedó fue un odio exacerbado hacia la fotografía o más bien hacia los fotógrafos que se entrometían en su vida privada.

Qué cuenta de la fotografía 'Cien años de soledad'

A pesar de los pesares, y consciente de la realidad de la fotografía, y su presencia única en los grandes momentos de las familias, Gabriel García Márquez no dudó ni un momento en sacar la fotografía en su novela, o continuas referencias de un invento que debió parecer magia a aquellos habitantes de un mundo imaginado.

El coronel Aureliano Buendía nunca dejó una foto

Llegó a ser comandante general de las fuerzas revolucionarias, con jurisdicción y mando de una frontera a la otra, y el hombre más temido por el gobierno, pero nunca permitió que le tomaran una fotografía.

Llama la atención que el coronel nunca quisiera ser fotografiado. Seguramente será el miedo que tenían muchos en el siglo XIX ante lo desconocido. Ante la posibilidad de perder parte de su alma en la placa sensible. O tal vez no fuera otra cosa que el miedo de verse reflejado tal como era en realidad.

José Arcadio Buendía descubre la daguerrotipia

En verdad, José Arcadio Buendía estaba asustado la diáfana mañana de diciembre en que le hicieron el daguerrotipo, porque pensaba que la gente se iba gastando poca a poca a medida que su imagen pasaba a las placas metálicas […] aunque nunca permitió que le hicieran un daguerrotipo porque (según sus propias palabras textuales) no quería quedar para burla de sus nietos.

Otro miembro de la familia que se niega a aparecer en una imagen para la posteridad. Empiezas a sospechar y confirmar que al autor no le gusta la fotografía. Siempre se puede pensar en algo más profundo, en algo mágico que rodea el realismo de la novela. En algún sentido místico.

Gaboiii Un buen lugar para Macondo

Melquíades, el quiromante de la historia es precisamente quien lleva el invento a Macondo después de abandonar a la muerte por no poder soportar la soledad. Así, aparecer en una fotografía es el símbolo de la muerte. Menos mal que no todos pensamos igual...

También es curiosa la relación entre la religión y la fotografía. José Arcadio Buendía, antes de terminar atado en el castaño de la casa, destrozó el laboratorio que montó Melquíades pues no pudo demostrar la existencia de un dios con largas exposiciones.

El único recuerdo de Remedios es su daguerrotipo

…y puso el daguerrotipo de Remedios en el lugar en que se veló el cadáver, con una cinta negra terciada y una lámpara de aceite encendida para siempre. Las generaciones futuras, que nunca dejaron extinguir la lámpara, habían de desconcertarse ante aquella niña de faldas rizadas, botitas blancas y lazo de organdí en la cabeza, que no lograban hacer coincidir con la imagen académica de una bisabuela.

Lo más curioso de todo es que Remedios, uno de los pocos miembros ajenos a la soledad que consume a la familia, será siempre recordada por un daguerrotipo. Aquí la fotografía toma toda su auténtica dimensión como fuente de recuerdo para generaciones futuras. Aunque como bien dice, a la gente le cueste imaginar que una niña podría llegar a ser la bisabuela de la familia Buendía.

Gabov Una estampa que podría haber ocurrido en Macondo

Sería un bonito homenaje recordar todos los pasajes de sus novelas en los que la fotografía aparece directa o indirectamente. Creo que no hay mejor manera de recordar la memoria de un escritor de la talla de Gabriel García Márquez.

En Xataka Foto| La importancia de contar una buena cultura fotográfica para mejorar como fotógrafos

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