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Nikon estudia las diferencias entre fotógrafos profesionales y aficionados

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Enmarcado dentro de la campaña de promoción de su nueva Nikon D3200 la firma nipona ha encargado a Eyetracker, agencia dedicada a la investigación del seguimiento visual, un estudio que aborde cómo afrontan los fotógrafos profesionales y aficionados el fotografiado de una escena. Como es de esperar hay diferencias notorias entre los resultados de unos y otros y éstas empiezan a fraguarse antes de llegar a pulsar el disparador de la cámara.

Para este pequeño ejercicio de investigación se han usado tres escenas distinta (arquitectura, naturaleza y eventos sociales), las cuales han sido fotografiadas por un fotógrafo aficionado (el mismo para las tres escenas) además de por uno profesional y especializado en cada uno de los citados campos de la fotografía. A todos se les colocaron los sensores que emplea Eyetracker para sus estudios y momentáneamente el cazador fue cazado.

Duncan Soar
Duncan Soar – Fotógrafo profesional – Evento social

Aunque uno puede pensar que un fotógrafo profesional, por su experiencia, es capaz de resolver una buena fotografía empleando menos esfuerzo y tiempo que un aficionado los datos demuestran que es precisamente al revés. El fotógrafo profesional tardó una media de 10 minutos en estudiar la escena, tres veces más que el aficionado.

Esta diferencia en los tiempos se mantuvo constante en las diferentes fases del fotografiado, durante la propia toma ya que el profesional hacía pequeñas variaciones para asegurarse un buen ángulo y a la hora de hacer más tomas, distintas y alternativas a la pensada, para poder ir sobre seguro a la hora de elegir la mejor opción. Por poner un ejemplo, el fotógrafo de viajes disparó en su localización 12 imágenes, mientras que el aficionado se dio por satisfecho con solo dos.

Will Painter
Will Painter – Fotógrafo aficionado – Evento social

Estas diferencias entre los profesionales y el aficionado no están, pienso, en que unos tengan una formación reglada y el otro no. Sería absurdo enseñar que uno debe mirar durante un determinado número de minutos antes de disparar porque la inspiración no aparecerá como por arte de magia a las doce en punto. Serán la experiencia, los miles de fotografías en el contador de nuestra cámara y las decenas de miles de imágenes observadas, estudiadas y a veces incluso envidiadas, las que nos harán mirar, buscar y encontrar, encuadrar y fotografiar hasta que tengamos lo que queríamos tener.

Piensa en la escena que vas a fotografiar como en un inmenso Cubo de Rubik (vale, igual es mejor pensar en algo menos frustrante) porque lo que ves es lo que tienes, con eso tienes que componer una imagen. Puedes acercarte, alejarte, cogerlo y darle vueltas, tantas como necesites, pensar y acabar por componerlo. Se creativo y por encima de cualquier otro consejo que nadie pueda darte sigue fiel a uno solo: ¡haz fotografías!

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