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Vivian Maier y sus mejores fotografías, por fin en Madrid

Vivian Maier y sus mejores fotografías, por fin en Madrid
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Ayer se abrían las puertas de una de las exposiciones más esperadas de este inicio de curso, la misma que nos lleva de paseo por algunas de las fotografías más representativas de Vivian Maier. Fotógrafa, que nunca ejerció como tal, cuya obra se dio a conocer al mundo de forma tardía. Con una puesta en escena sobria, sin cartelas, la diáfana Bernal Espacio Galería nos lleva a las calles que esta niñera retrató compulsivamente en los años 50.

En formato cuadrado, disparaba con una Rolleiflex, sus fotografías nos hacen contemplar estampas cotidianas, en ocasiones regadas de una gran creatividad debido al punto de perspectiva utilizado, que alcanza sus cotas más altas en aquellas fotografías donde ella misma salía retratada. Autorretratos donde vemos su rostro reflejado en los más variopintos soportes convirtiendo esas imágenes en increíbles ejemplos de inspiración.

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Es curioso como una obra de tan innegable calidad e inocencia creativa estuviese oculta al mundo durante tantos años. Comparada con maestros de la talla de Diane Arbus, Robert Frank y Helen Levitt, sus fotografías en cierto modo nos traen reminiscencias de otros fotógrafos aunque pertanezcan a épocas distintas. Es el caso de una fotografía donde aparece una mujer tumbada en el suelo, la cual me recuerda a una de las estampas más conocidas de Cindy Sherman.

En la muestra, como hemos comentado, podemos ver un catálogo que nos conduce por diferentes planos de composición. Desde estampas más generales, e incluso alejadas, hay una donde retrata un patio de colegio desde arriba muy interesante, hasta algunos planos medios, para mí los más atractivos, como aquel donde aparece una mujer de porte elegante mirando a cámara o aquella donde se ve la espalda de un marine fumando.

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La narrativa más allá del instante decisivo

Su trabajo de niñera nos hace que hilemos con esas fotografías donde aparecen niños, pero es cierto que hay una mirada especial hacia ellos, un punto de ternura que nos llega y nos trasmite como lo hacía Hellen Levitt. También el resto de escenas, con una fuerte narrativa en su interior, que nos abre la mente hacia historias que probablemente en las típicas escenas de fotografía callejera se nos pierdan. Sin embargo en Maier hay una captación del momento que nos invita a imaginar qué ocurrió antes y después de que los personajes fueran capturados por su cámara.

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Existe esa sensación de instante congelado que por otro lado se hace dinámico en nuestra imaginación. Por ejemplo nos ocurre en la escena donde una joven aparece sentada en la acera con todos sus enseres dispersos por el suelo. O aquella donde unos niños juegan a trepar por la fachada de un edificio ante el antento reflejo de la fotógrafa en el escaparate que tiene frente a ella.

En resumen

No hay que insistir en que es una exposición que todos deberíamos disfrutar. Nos acerca a la figura de una fotógrafa enigmática y nos regala buenas imágenes de calidad creativa. Sobre todo se palpa esa inocencia que tenemos todos cuando hacemos fotografías para nosotros mismos sin esa mirada crítica del público, lo cual en cierto modo favoreció esa pérdida vergüenza que la hizo experimentar hacia formas compositivas más arriesgadas.

Desde hoy, jueves día 10 de septiembre, hasta el próximo día 26 en Bernal Espacio Galería (Libertad, 22, Madrid).

Más información Bernal Espacio Galería

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