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«Antes la mano proyectaba las ideas de nuestro pensamiento en un papel, ahora casi todo lo capturamos con una foto de nuestro móvil», Sema D'Acosta, comisario de fotografía
Entrevistas

«Antes la mano proyectaba las ideas de nuestro pensamiento en un papel, ahora casi todo lo capturamos con una foto de nuestro móvil», Sema D'Acosta, comisario de fotografía

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Sema D'Acosta es un nombre clave dentro de la fotografía andaluza, aunque su presencia se hace cada vez más internacional desde su último trabajo: el comisariado de Imago Ergo Sum, la última exposición de Joan Fontcuberta. Hablamos con este comisario andaluz sobre los retos a los que se ha enfrentado en su última exposición, de las nuevas derivas creativas que está tomando la fotografía así como de la situación de la fotografía andaluza contemporánea.

Muchos consumidores de imágenes acudimos a exposiciones y muchas veces no somos conscientes de que detrás de la selección de obras que encontramos en una galería o museo, está la figura del comisario en lugar de la del propio artista. ¿Podrías explicarnos qué es y qué no es un comisario así como cuales son sus mayores retos?

Un comisario es la persona responsable de convertir una idea en una exposición, el encargado de hacer que aquello que se piensa a través de la obra de los artistas, tome forma para que el público reflexione o se conmueva sobre cuestiones de interés relacionadas con nuestro mundo. Es fundamental que ese proyecto planteado aporte algo nuevo que antes no existía, que descubra perspectivas distintas y puntos de vista inéditos para pensar el presente, incluso a los propios artistas. Es importante también que el comisario sepa imprimir su sello, dejar huella, definir un modo de hacer… pero de una manera discreta, perceptible solamente para quienes están muy acostumbrados a ver exposiciones.

Hoy, la manera más directa para un artista de captar la realidad es recurrir a la fotografía

Para un comisario, cualquier muestra se divide en dos etapas principales: una primera de conceptualización, imprescindible, y otra segunda de materialización y desarrollo, que se lleva a cabo en equipo. Si se me permite el ejemplo, un comisario actúa como un director de cine. La etapa de conceptualización se correspondería con el guión, la etapa de desarrollo con el rodaje y posterior montaje. El director puede participar en el guión y hacer mucho hincapié en esto, como ocurría con Luis García Berlanga en colaboración con Rafael Azcona. Para otros puede ser clave el montaje y el ritmo, caso de Alejandro González Iñárritu. No es lo mismo Woody Allen, que da mucha libertad a los actores, que Stanley Kubrich, Lars Von Trier o Pedro Almodóvar que quieren controlarlo todo y dejan poco margen para la improvisación. Incluso a veces, al igual que en el comisariado, en una exposición de máximo nivel, puede ocurrir que el director no sea lo más importante, como paso con Lo que el viento se llevó (1939), que tuvo cinco directores más otros secundarios.

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¿Por qué deberíamos acercarnos a ver la exposición IMAGO, ERGO SUM de Joan Fontcuberta que estás comisariando ahora en Madrid?

La tesis central de esta exposición sitúa a Joan Fontcuberta como un autor de ideas, de conceptos, por encima de un simple creador de imágenes. Reivindica a Fontcuberta como un artista conceptual que genera reflexiones a partir de la imagen, donde la fotografía es la materia aglutinante que sirve para sostener su obra. Su trabajo trasciende continuamente eso que se ha considerado fotografía a lo largo del siglo XX, unos criterios en su mayoría heredados de las bellas artes, para poner en entredicho su entidad, mucho más compleja y versátil de lo que puede aparentar a simple vista.

IMAGO, ERGO SUM es un proyecto con un planteamiento inédito: es la primera vez que se enfoca el trabajo de Joan Fontcuberta desde el cómo y no desde el qué, más vinculado a los contenidos. Es decir, lo fundamental, lo que enlaza todas las series seleccionadas es el modo en el que el artista usa la fotografía, cómo se sirve de la imagen para llevar al espectador a un determinado terreno y una vez ahí, forzarlo a reflexionar sobre lo que ve, al margen de prejuicios. Lo esencial en esta muestra es cómo vehicula las idea a través de la imagen. A lo largo de la trayectoria de Joan Fontcuberta, la imagen fotográfica ha tomado diferentes formas de presentación, pocas veces adscrita simplemente a la representación bidimensional que colgamos de forma autónoma sobre la pared, tal como entienden la mayoría de los fotógrafos documentales del tipo Cristina García Rodero, donde la imagen funciona como un cuadro-ventana al asumir los modos de exhibición de la pintura.

En ocasiones ni es necesaria la cámara, un artilugio obsoleto ante la procacidad ubicua de los smartphones o la versatilidad de las tablets

Lo fotográfico posee actualmente tantos estratos, que no puede reducirse su estimación a la simple valoración que se desprende de una pieza conclusa y seriada. Incluso su numeración, a imitación de la obra gráfica, es un sinsentido. En el caso de Fontcuberta, no es tan importante atender a una fotografía aislada, sino ver el contexto donde se ubica y las circunstancias que la rodean. Los proyectos funcionan en conjunto, sumando elementos que deben ser interpretados de manera global.

De hecho, a principios de los años 80 del siglo pasado, es cuando Fontcuberta comienza a introducir nuevas estrategias en su trabajo, principalmente vinculadas a la puesta en escena, la integración de recursos discursivos más allá de lo fotográfico y la incorporación de referencias históricas o científicas relacionadas con contextos autoritarios y respetados. El primer proyecto en este sentido será HERBARIUM (1982-84) que marca un punto de inflexión en su trayectoria.

Precisamente, en los últimos 40 años, el artista se ha servido de la fotografía para cuestionar algunos de sus pilares tradicionales como ‘verdad’ y ‘memoria’, dos baluartes sobre los que se ha fijado su estabilidad durante siglo y medio. Fontcuberta cuestiona con su trabajo qué es una fotografía hoy y cuál es su sentido. Su discurso pone en evidencia la ontología del medio. Su obra podemos entenderla como una investigación constante no sólo sobre la fotografía y sus posibilidades, sino también sobre los modos de construcción de nuestro bagaje visual a partir de aquellas rutinas perceptivas que condicionan nuestra cultura, cimientos que parten del Renacimiento y la mentalidad ilustrada y todavía perduran.

Foncuberta Sema D Acosta Foto Sara Buzon

Para los que no conozcamos en profundidad a Fontcuberta ¿Cuál es su valor dentro de la fotografía y el arte contemporáneo?

Joan Fontcuberta es artista, comisario, ensayista y docente. Es un pensador de gran lucidez capaz de entender los significados de la imagen y explicar con sencillez cuestiones complejas relacionadas con la fotografía y su trascendencia cultural. Está considerado uno de los fotógrafos actuales más relevantes de Europa y una de las voces más reconocidas y respetadas en el panorama internacional.

Joan Fontcuberta será de los primeros en tratar la fotografía de manera integral y desde posiciones que requieren tanto investigación como praxis. La entiende como un medio nuevo que demanda modos de conceptualización distintos a los que se derivan de las artes plásticas convencionales. Sin duda, además de creador, es uno de los grandes teóricos y pensadores de la imagen en la actualidad. Para él, la fotografía es, más allá de un modo de expresión, una forma de aprehender la realidad.

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Tu última exposición como comisario presenta una tarea nada fácil: resumir 30 años de trabajo de uno de los pensadores de la imagen y artistas visuales más prolíficos de nuestro país. ¿Cómo estructuras esta exposición?

IMAGO, ERGO SUM es la exposición más completa de Joan Fontcuberta en Madrid hasta la fecha. El proyecto contempla 9 series concebidas todas desde 1984 hasta 2014. Siete de estos proyectos pueden visitarse en la propia Sala Canal de Isabel II (HERBARIUM, MILAGROS, OSAMA, TREPAT, SPUTNIK, PIN ZHUANG y SECURITAS) y los otros dos en diferentes museos de la ciudad. FAUNA SECRETA en el ‘Real Gabinete de Historial Natural’ del Museo Nacional de Ciencias Naturales – CSIC y LA SIRENA DEL TORMES en la sala ‘Orígenes’ del Museo Nacional de Antropología. Digamos que en el espacio central pueden contemplarse las series, estabuladas, en cautividad, como si fuesen animales en un zoológico; y las dos intervenciones permiten ver los proyectos en su medio natural, salvajes, en el hábitat para el que fueron ideadas, integradas en un discurso museográfico que potencia su sentido.

En las tres localizaciones, tanto en la central como en los espacios satélite, se ha buscado el diálogo con el contexto, establecer conexiones y convergencias que potencien las particularidades de cada lugar. La mimetización en los museos históricos permite sorprender a espectadores desprevenidos, gente ajena a la estrategia de apropiación del artista que acaba dudando sobre la veracidad de lo que ve.

Estudiaste Periodismo e Historia del arte, tu ámbito han sido los medios de comunicación y la docencia, no tanto las Bellas Artes. Hace años que te diste cuenta de que gran cantidad de artistas iban a necesitar apoyarse en la fotografía, que se convertiría en un referente visual y expresivo poderoso . Así ha sido. ¿Qué factores crees que está provocando que cada vez mayor número de creadores se centren en la fotografía?

Hoy, la manera más directa para un artista de captar la realidad es recurrir a la fotografía. Antes, no hace mucho, era acudir al dibujo; ahora es a través de la cámara. Antes la mano proyectaba las ideas de nuestro pensamiento en un papel, ahora casi todo lo capturamos con una foto de nuestro móvil. Este cambio radical ha permitido pasar en poco tiempo de lo artesanal a lo tecnológico en un vuelco inaudito que nadie podía prever. Gracias a esta inmediatez los artistas capturan momentos que antes se escapaban continuamente. Si antes la fotografía tenía que ver con lo decisivo, casi exclusivamente, ahora se mueve en los intersticios reales de la vida: vivimos en la saturación visual constante. Si antes nos faltaban imágenes, ahora nos sobran por todos lados.

Cualquier imagen fotográfica posee más calado del que observamos a simple vista

No hace mucho la fotografía se preocupaba de lo excepcional, ahora condiciona nuestro día a día. La cámara ayuda a guardar ideas, a derivar pensamientos o a iniciar procesos. Por eso lo lógico es que cualquier creador acuda a ella. Además inunda todos los procesos, desde la arquitectura hasta la pintura. De hecho, mucha de la pintura que vemos hoy se concibe a partir de fotografías, ya sean sacadas de un libro, de Internet o tomadas directamente. Cualquier imagen fotográfica posee más calado del que observamos a simple vista. Al haberse convertido en esencial en el desarrollo de cualquier planteamiento artístico, está presente en gran parte de las obras que vemos hoy de una u otra manera. Su valor como obra definitiva es uno más, pero quizás no el de mayor envergadura. Pintores, cineastas, arquitectos o teóricos recurren a ella. Su versatilidad no tiene límites. Su utilización conlleva un método voluble capaz de ayudar de muchas maneras a construir representaciones. La foto no es un punto final, sino más bien un método de experimentación que ayuda a fijar una imagen-sensación en el tiempo, a resguardar un pensamiento instantáneo. La fotografía va más allá, es una estrategia compleja capaz de apuntalar una idea o transformarla. Su rastro se puede re-utilizar, re-valorizar, re-contextualizar, re-interpretar, re-dimensionar… Puede ser un hecho pero también su reflejo, no reniega de su capacidad indicial pero a veces eso no es lo más importante…. Hablamos de artes visuales, de imágenes…

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Varios lectores de nuestro medio, por lo que podemos constatar en los comentarios que nos dejan en algunos de nuestros artículos, consideran a los fotógrafos que trabajan sobre el discurso y la ideología como creadores que no se pueden considerar puramente fotógrafos y que muchas veces se escudan en la retórica ante la incapacidad de abordar de forma exitosa su empresa fotográfica. ¿A qué crees qué se deben estas concepciones y como te posicionas? ¿Crees que estas ideas se irán modificando con el paso del tiempo y la evolución de la fotografía?

La fotografía en 20 años ha abierto mucho su campo de acción, sin negar lo precedente, siempre sumando, eso es lo más importante. Por ejemplo, a Joan Fontcuberta le fascina el periodo de las vanguardias fotográficas, las primeras décadas del siglo XX. No se trata de ir contra nadie ni renunciar a nada, sino de entender que la fotografía se ha convertido en algo más complejo e inclusivo. Las nuevas prácticas no pueden ser juzgadas con las reglas previas que manejaban aquellos que afrontaban la realidad cámara en ristre y atentos a lo que sucedía en su entorno. Estas posiciones más abiertas y heterodoxas huyen de cualquier enfrentamiento con el pasado de la fotografía; sobre todo porque su bagaje como hecho documental o determinadas problemáticas asociadas a la autentificación que han caracterizado muchos de sus argumentos precedentes, o dejan indiferentes a estos jóvenes autores o les influyen menos que las oportunidades que ofrece la tecnología, verdadero campo de batalla de los tanteos de futuro que de verdad les inquietan y sienten que les conciernen.

Estas nuevas maneras de representación priorizan las labores digitales con el ordenador, la experimentación en el taller y los procesos circulares, que se ensanchan o retroalimentan hasta márgenes insospechados. En ocasiones ni es necesaria la cámara, un artilugio obsoleto ante la procacidad ubicua de los smartphones o la versatilidad de las tablets. Tampoco viajar es ya imprescindible, basta con saber manejarse en una aplicación como Google Street View para llegar a confines lejanos sin moverse de una silla.

Tienes un fuerte compromiso con la fotografía andaluza, trabajando como comisario con varios artistas andaluces, ya sea a nivel individual o colectivo, e intentando crear una suerte de catalogación y orden dentro de la creación fotográfica contemporánea. Un ejemplo de ellos es ‘Stand By_012. Guía de fotografía andaluza actual ‘que publicaste en 2012, que sirvió para intentar aclarar nombres, direcciones y corrientes. ¿A qué responde este libro? ¿Crees que desde las instituciones andaluzas se está prestando suficiente atención a los nuevos fotógrafos andaluces?

Para mí el compromiso es fundamental, tanto en el arte como en la vida. Me siento comprometido con la fotografía y especialmente la andaluza, un territorio donde no existen grandes andamiajes ni apoyos. Casi lo único que se conoce fuera es la Kursala, un proyecto modesto gestionado desde la Universidad de Cádiz que ha tomado mucho vuelo por el criterio con el que Jesús Micó dirige la sala, la implicación de los autores seleccionados y el acierto de algunos fotolibros.

Me siento comprometido con la fotografía y especialmente la andaluza, un territorio donde no existen grandes andamiajes ni apoyos

Me decía no hace mucho Iñaki Domingo que le cuesta mucho conocer qué ocurre en Andalucía, algo estaremos haciendo mal cuando desde mi punto de vista, estamos asistiendo a la mejor generación de autores de su historia. Nombres hoy de mediana carrera como David Jiménez, Miguel Ángel Tornero, Juan del Junco, Jorge Yeregui, José Guerrero, Fernando Bayona, Óscar Monzón, Manolo Bautista, Camino Laguillo, Paco Peregrín, María Cañas o Miguel Ángel Moreno Carretero, entre otros, son reclamados en toda España y fuera de nuestro país.

También aparece gente muy buena que viene pegando fuerte, tal como Celia Macías, Manolo Espaliú, Sonia Espigares, Mara León, Tiago da Cruz, Sergio Castañeira, Rocío Verdejo, Alba Moreno & Eva Grau, Diego Díez, Lola Guerrera, Christian Lagata, Elo Vázquez, Javier Artero, Coco Capitán, Adrián Morillo, Silvia Grav, Hanna Quevedo, Pablo Vara, Rafael Pérez Evans, Rafael Parra, Victoria Rodríguez, Manuel Ibáñez, David Vico, Raúl Rosillo, Florencia Rojas, Migue Saisain, David Mayo, Violeta Niebla, Óscar Romero, David Villalba, Fuentesal & Arenillas, Virginia Rota, Iván Marí, Laura Zorrilla, Lucas Góngora, Javier Hirschfeld, Eleazar Ortuño, David Montosa, Claudia Ihrek, Tolo Parra… Hay muchísimos y se me olvidan nombres….

Yo, desde mi posición independiente, intento generar dinámicas para dar a conocer pequeñas cosas de lo mucho que ocurre, pero no soy el único. La guía de fotografía es una referencia bibliográfica, cosa que no existía antes, de alguna manera pone su granito de arena para extender la fotografía andaluza. La clave está en la educación, y ahí hacen una gran labor los ciclos de Fotografía de las Escuelas de Arte, especialmente de Sevilla y Málaga, o gente como Francisco José Sánchez Montalbán, ahora decano en la facultad de BBAA de Granada. También academias privadas como Cobertura Photo en Sevilla, dirigida por Alberto Rojas, o Apertura en Málaga, capitaneada por Míchelo Toro. Igualmente, Cecilio Puertas desde su responsabilidad como director del Festival Pa-ta-ta hace una labor encomiable, año tras año, al igual que Sánchez de Lamadrid desde su galería especializada en fotografía o Ignacio González con Photovision.

No puede dejar tampoco de citar la implicación de UFCA en Algeciras o el Colectivo Imagen de Fuengirola, desarrollan un magnífico trabajo cada uno en su pequeño territorio. El festival Latitudes 21 de Huelva, las jornadas fotográficas de Aracena, la bienal de fotografía de Córdoba… Todo suma. Cada uno hace lo que puede; a mí como investigador y comisario me toca una función y, por ejemplo, a mi hermano Eduardo como docente otra. Todos aportamos.

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Comienza un nuevo año y todos pedimos deseos con su llegada. ¿Qué artistas desearía comisariar Sema D’Acosta este año o en los venideros?

No soy de nombres concretos, me atraen más las ideas que los autores, pero siempre es un estímulo desarrollar proyectos con artistas a los que conoces desde que eras estudiante, se aprende mucho con ellos escuchando desde cerca, observando con atención su modo de actuar y pensar. De todas maneras, con casi todos los artistas que de algún u otro modo me interesan acabo cruzándome en el camino, lo que ocurre es que no se puede hacer todo al mismo tiempo y cada compromiso requiere su tiempo. Si quieres que te diga nombres de los autores con los que me gustaría compartir un proyecto, me mojo; voy a mencionar algunos premios nacionales de fotografía, por marcar una cota: Carlos Pérez Siquier, Ramón Masats, Bleda y Rosa. Realmente, también con Miguel Trillo, Pierre Gonnord o Xavier Ribas… o jóvenes como Aleix Plademunt, Matías Costa, Laia Abril, Daniel Maritt, Carla Andrade, Jesús Madriñan…¡Hay tantos fotógrafos buenos españoles con los que me gustaría trabajar¡

Además, no sólo me interesa trabajar con artistas, también con colectivos del tipo Nophoto o Blank Paper… y comisarios a los que admiro como Horacio Fernández, Alberto Martín, Alejandro Castellote o Víctor del Río.

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