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"Para hacer un proyecto fotográfico no es necesario viajar lejos, sino aprender a mirar mejor nuestro alrededor", Miren Pastor, autora de "Bidean"
Entrevistas

"Para hacer un proyecto fotográfico no es necesario viajar lejos, sino aprender a mirar mejor nuestro alrededor", Miren Pastor, autora de "Bidean"

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La fotógrafa Miren Pastor lleva unas semanas que literalmente no para. Ayer se anunció que ha sido una de las 5 finalistas del Ing Unseen Talent Award 2016 en su modalidad europea, la semana pasada inauguró exposición en el festival de fotografía BAFFEST y ya se encuentra trabajando en la tercera parte de su proyecto fotográfico Bidean.

Hablamos hoy con ella sobre su trabajo Bidean, sobre su concepción de la fotografía y de su experiencia en el nuevo Festival de Fotografía para Mujeres

Bidean comienza partiendo de una reflexión acerca de la adolescencia y el tránsito hacia la madurez. Este es un tema que te obsesiona desde hace tiempo, como ya pudimos ver en tu proyecto "piloto" por llamarlo de alguna manera Waiteen, en el que de un viaje por EE.UU. y Canadá comenzaste a hilar una serie de retratos de adolescentes.

¿A qué crees que se debe este interés? ¿Hay algo que querías resolver de tu adolescencia?

Sí, como bien dices el proyecto “piloto” Waiteen fue la semilla gracias a la cual surgió Bidean. Al terminar de estudiar el Curso de fotografía Anual en Blank Paper, no te puedes ni imaginar la de referentes, ideas, nombres, libros que invadían mi cabeza. Aterricé en Nueva York cámara en mano, con mi hermano Ander, deseando poner en práctica todos los conocimientos adquiridos en la escuela, a lo largo de un viaje de 48 días por EE.UU.

Admiro la gente que es capaz de proponerse un proyecto, pensar cómo hacerlo y ejecutarlo. En mi caso la búsqueda del famoso “tema” fue totalmente intuitiva y llegué a él por acumulación. Al volver a Madrid fue cuando aprendí que más allá del momento de la toma fotográfica, era mucho más importante la edición. Cuando imprimes todas las fotos en miniatura, las extiendes en el suelo y te pones a seleccionarlas, ahí es donde empiezan a surgir las historias.

Me llamaba la atención la adolescencia porque supone un viaje de transformación, sentimos todo con más intensidad, sufrimos cambios físicos y psíquicos constantes, nuevas etapas que nos marcan un antes y un después y que, sin ser conscientes, van generando las bases de nuestra personalidad.

Mi adolescencia recuerdo haberla vivido como una constante espera, deseando que llegara lo siguiente

Tal vez tenía un asunto pendiente por resolver con la adolescencia, que aún no era consciente. La verdad es que la fotografía, muchas veces, sirve como terapia. Mi adolescencia recuerdo haberla vivido como una constante espera, deseando que llegara lo siguiente, adelantándome a los acontecimientos en vez de disfrutar del momento. Sin ser la protagonista de las fotografías, de alguna manera, esos jóvenes en esas situaciones me evocaban ese tipo de recuerdos y sensaciones. Así nació Waiteen, término inventado para definir la espera en la adolescencia (Wait +teen = la espera en la adolescencia).

Hacer fotos en un país que visitas por primera vez, donde todo te llama la atención, puede resultar fácil y atractivo, pero al mismo tiempo muy superficial. Otra de las cosas importantes que nos insistía Fosi Vegue durante mis estudios en Blank Paper es que para hacer un proyecto fotográfico no es necesario viajar lejos, sino aprender a mirar mejor nuestro alrededor. Hasta que me di cuenta de que el tema me acompañaba allá donde iba, como si me persiguiera, solo faltaba mirarlo de otra manera. Más que encontrar yo al tema, digamos me encontró él a mi.

Mi hermano Ander que estaba adentrándose de lleno en su adolescencia, y su entorno, se convirtieron en el foco del proyecto. Estaré eternamente agradecida por haber compartido conmigo y mi cámara su salto de la adolescencia a la madurez. Sin intención alguna de convertirle en el protagonista del proyecto, el objetivo era conectar con un lenguaje más universal.

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La suspensión y la incertidumbre son un elemento principal en la primera etapa de Bidean, y en cierta forma, uno de los rasgos más propios de la fotografía, que todo lo convierte en un reflejo suspendido a la espera de activar otras imágenes.

¿Cómo llegas a focalizarte en este aspecto y qué es lo que más te atrae de la suspensión?

Mediante Bidean, término en euskera que significa que algo o alguien está en el proceso o en el camino, comencé analizando las etapas de cambio creando un paralelismo entre los altibajos a partir de la adolescencia enfrentados a la transformación del entorno. Me inquieta la paradoja entre esta efímera etapa vital caracterizada por el avance a tientas, casi un salto al vacío, enfrentada a los paisajes inmortales, pero vulnerables también en cualquier instante, creando un paralelismo entre los altibajos emocionales y la fuerza incontrolable de los ciclos inestables de la naturaleza.

En Bidean se contraponen dos formas de la naturaleza registradas fotográficamente en el momento de un cambio: individuos retratados en plena adolescencia y escenarios naturales capturados en el instante en que están también a punto de cambiar; apenas cambie la luz, o se agite la atmósfera.

Ambos motivos encierran una contradicción casi trágica con esa aparente quietud, esa incertidumbre que es la que toma el protagonismo en los propios rasgos de los jóvenes aparentemente serenos, como lo que esconden los paisajes boscosos o la poesía de las cicatrices de las rocas.

Esta sensación de suspense que se extiende en todo el proyecto pretende incitar a la reflexión, generar estiímulos y despertar recuerdos o sensaciones como empatía, rechazo, añoro, nostalgia o alegría en el espectador, llevándole a su adolescencia y al mismo tiempo planteando otras cuestiones sobre el presente y el futuro; qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

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Uno de los aspectos más interesantes de Bidean es su plasmación como fotolibros (dos diferentes hasta ahora), un formato que da mucho juego. Posee dos formas de leerse, literal, es decir, como libro, donde madejas de naturaleza bruta nos van dando paso a algunas imágenes concretas, o como mapa, si optamos por desmembrar el libro, lo que nos otorga una visión de conjunto de la obra.

¿Cómo llegaste a esta solución formal y cómo dialoga con el propio proyecto?

Soy muy consciente de que nunca hubiera llegado a desarrollar el proyecto sin la ayuda del equipo de profesionales que me ha rodeado, como Víctor Garrido, Gonzalo Golpe, Sonia Berger, Fosi Vegue… y en este caso especialmente, le debo las gracias al diseñador Alberto Salván Zulueta de Tres Tipos Gráficos.

El primer fotolibro, autopublicado con motivo de la exposición en la Galería Gema Llamazares en marzo de 2014, se convirtió en la herramienta que mejor expresa el concepto del proyecto. Con el proyecto anterior, Waiteen, había trabajado en formato póster/desplegable y me gustaba la idea de continuar en esa línea, dando más peso a la disposición espacial que a una secuencia narrativa, sin jerarquías. Al ser un proyecto vivo que sigue creciendo, en vez de marcar un inicio y un final, optamos por no encuadernarlo ni graparlo. Al plantearle a Alberto las ideas que tenía en mi mente, fue él quien le dio técnicamente forma, planteando algo diferente, una publicación que cumple una doble función: como fotolibro y como recurso expositivo.

Mientras que en la puesta en página la textura de un paisaje envuelve las fotografías inspirando cierto suspense, al desplegar el mosaico todo cobra sentido. Esconde una especie de adivinanza, retando al lector a ser partícipe, como en el proceso de descubrir el mundo al que nos enfrentamos en la adolescencia.

Al desencuadernar los dos libros que componen Bidean quitando la ligera goma que une los pliegos y siguiendo las coordenadas indicadas -actualmente Bidean cuenta con dos fotolibros y al ser un proyecto vivo y probablemente culmine con un tercero- surge una instalación al colgar los dípticos en la pared. Cada pliego encuentra su sitio, reconstruyendo visualmente un paisaje representativo que abarca las fotografías más importantes del proyecto.

La cubierta tiene un doblez característico que medio esconde el título y a su vez invita a adentrarse en su interior. El libro también contiene un metafórico texto del teórico de arte Iván del Rey de la Torre, abriendo nuevas vías de interpretación al lector.

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Tu trabajo, lejos de aproximarse al retrato de adolescentes en su entorno, algo que dicho sea de paso, estamos bastante acostumbrados a ver, opta por establecer un diálogo con la naturaleza en el que el hombre en potencia se convierte en un elemento más de la tierra, dejando de ser espectador para ser un elemento propio del cosmos que le rodea, lo que sin duda es todo un acierto y lo que otorga a Bidean personalidad propia.

¿Qué te ha llevado a desarrollar esta equiparación entre el hombre y la naturaleza?

Me llamó mucho la atención la frase de Iván del Rey de la Torre que dice así:

Surge una perfecta comunión entre el humano que es Naturaleza y la Naturaleza que tiene una parte humana; los ciclos son compartidos, cualquier cambio que afecte a una parte afecta a la otra.

Me hizo ilusión porque no era algo buscado o premeditado, ciertos conceptos surgen intuitivamente. Cosas que pueden resultar complicadas de explicar o expresar con palabras, a veces hay que dejar que sean las propias imágenes quienes lo cuenten.

Poco a poco me voy dando cuenta de que Bidean es el reflejo de la suma de dos aspectos que van muy unidos a mi personalidad: el estrecho vínculo con mi hermano Ander y el entorno natural en el que hemos crecido.

Bidean lo vivo como una búsqueda en la que se plantean más dudas que respuestas. Un camino de largo recorrido, en el que más que el resultado, me interesa el proceso. No es un proyecto ligado a un espacio ni aun tiempo concreto, sino a un concepto, el cambio. Esto me da libertad de poder trabajar en cualquier sitio y poder experimentar. Al igual que los retratos transmiten ciertas sensaciones, me gusta encontrar en la naturaleza situaciones que pueden simbolizar diferentes estados anímicos o emociones vividas por estos adolescentes. Como puede suceder en la fotografía del árbol con las raíces desarraigadas que parece que quiere huir.

La primera etapa reflejada en el primer libro giraba en torno a la idea de suspensión, la incertidumbre, el salto al vacío que se experimenta en plena adolescencia y estaba representado a través de una atmósfera boscosa que invitada a perderse y a volver a encontrarse con uno mismo. Imágenes como la chica con el pelo en la cara que impide ver lo que tiene delante, el joven de brazos abiertos con postura de pasividad, a la espera de que algo pase, representaban situaciones que me iba encontrando gracias a la convivencia con estos adolescentes.

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Bidean no fue plantado en un principio como un proyecto a largo plazo, pero tras finalizar el primer capítulo te percataste de que querías seguir documentando la evolución del joven -tu hermano- que se estaba abriendo a la vida. Esto lleva a plantearnos si existe un final para este proyecto y qué vías va a seguir en un futuro, ya que aquel joven chico al que comenzaste a fotografiar es ya prácticamente todo un hombre.

¿Qué evolución va a seguir Bidean?

Ya han pasado más de 5 años desde que empecé a trabajar en este proyecto y soy consciente que estos jóvenes van dejando de ser adolescentes, están creciendo, madurando y el proyecto seguirá creciendo junto a ellos. En vez de plantearme un fin, creo que esto no ha hecho más que empezar. Aunque los cambios se manifiestan de manera más cruda en la adolescencia, se van repitiendo a lo largo de la vida como los propios ciclos inestables de la naturaleza. Y será gracias al crecimiento de estos adolescentes el proyecto ir tomando forma y generando su propia identidad. Unas fotografías dejarán paso a otras nuevas y así constantemente. Es un proyecto de largo recorrido en el cual me interesa especialmente remarcar el proceso, tanto en la evolución de estos jóvenes, como el de la experimentación del propio lenguaje fotográfico con el acopio de errores y aciertos.

Sin ser consciente el primer libro se convirtió en el eje central del proyecto y ha sido una herramienta clave que me ha orientado en el desarrollo de la siguiente etapa. Bajo el mismo nombre y partiendo de la misma estructura que la anterior, la única diferencia entre ambas publicaciones es el color de la portada y las fotografías del interior.

Cada etapa se caracteriza por un cúmulo de fotografías de naturaleza y retratos que​ ​representan mediante un lenguaje simbólico y alegórico, situaciones, emociones, sentimientos, deseos, anhelos, etc., vinculados a un periodo concreto de nuestro desarrollo vital. Las características de cada paisaje que envuelven a los protagonistas, potencian también mediante su textura y gama cromática las sensaciones que se quieren transmitir en cada momento.

Sin ser consciente el primer libro se convirtió en el eje central del proyecto y ha sido una herramienta clave que me ha orientado en el desarrollo de la siguiente etapa.

En la primera etapa, reinaba la incertidumbre en los profundos bosques que invitaban a perderse en su interior a los jóvenes protagonistas. En la segunda etapa, la superficie se percibe más abrupta, rocosa y dura, los adolescentes van creciendo, poco a poco van dejando la adolescencia de lado para convertirse en adultos. Al contrario de la sensación de cobijo, de estar arropado que ofrecía el bosque, la piedra representa algo más hostil y simboliza el darse cuenta de la realidad, que no todo es tan fácil como parecía y que hay que luchar para salir adelante.

Actualmente estoy desarrollando la tercera etapa, con la que me gustaría cerrar este primer ciclo, siguiendo el flujo constante del agua. Guiada por los ciclos de la naturaleza, el agua es un elemento esencial en la creación de la vida. Descendiendo desde las montañas, por los ríos, el agua siempre apunta una dirección, el mar. Estos jóvenes que han tenido su primer contacto con la realidad, tienen que desarrollarse y el escenario que lo simboliza será el mar. Cuando las cosas van bien estamos tranquilos. Pero cuando nos invaden los problemas y preocupaciones, nos invade la peor de las tempestades. Sin embargo, sabemos que después de la tormenta siempre vuelve la calma, y los ciclos de las propias mareas representarán la siguiente etapa.

En 2017 me gustaría cerrar este primer ciclo compuesto por 3 etapas que se mostrará a finales del año en el Aquarium de Donosti y culminará con la publicación de la tercera parte, dando fin a la estructura de esta publicación que me ha permitido comenzar en esta gran aventura.

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¿Qué novedades trae la exposición de Bidean en este nuevo Festival de Fotografía en Barakaldo? ¿Qué ha supuesto esta exposición para ti?

Exponer un proyecto fotográfico como Bidean en el que la naturaleza tiene tanta presencia en un entorno natural tan maravilloso como El Regato, en Barakaldo, ha sido un gran reto.

Más allá de mantener un vínculo narrativo, hemos distribuido las doce fotografías de las tres etapas de Bidean mezcladas a lo largo del recorrido de 3,5 km integrando lo mejor posible cada imagen en el entorno. En algunos casos, incluso he tenido una sensación extraña, como si hubieran estado hechas para ese lugar concreto, sin haberlo sabido antes.

Al integrar las fotografías en su nuevo hábitat, la vida propia del espacio añade un valor que potencia cada imagen con el sonido de los riachuelos, el cantar de los pájaros o gracias a los diferentes matices de los rayos de luz que se filtran entre las ramas, generando una nueva experiencia.

Estoy muy ilusionada por la buena acogida por parte del público. Que la gente se detenga ante una fotografía tuya supone un gran logro y si además le sugiere o le hace plantearse algo, muy feliz de haber cumplido mi objetivo.

BAFFEST es un festival que ha nacido con muchísimas ganas e ilusión por parte de los organizadores, dando visibilidad a las mujeres fotógrafas y acercando la cultura fotográfica a los ciudadanos mediante exposiciones en la calle, charlas, encuentros y un BookJockey que tendrán lugar el próximo 18 de junio. Muy contenta de compartir esta experiencia junto a fotógrafas que siempre he admirado como Cristina García Rodero, Cristina de Middel, Lurdes Basolí y con muchas ganas de conocer al resto de fotógrafas.

Estoy muy agradecida al equipo del BAFFEST por haber contado conmigo y a Ander Soriano, de Estudios Durero, por haber propuesto al Festival producir esta exposición y haberme descubierto este rincón tan inspirador.

La exposición se podrá visitar hasta el 3 de julio y espero que os guste y disfrutéis tanto como yo de esta nueva experiencia.

BAFFEST | Página oficial

Miren Pastor | Página oficial

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