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Pierre Molinier y sus fotomontajes travestidos

Pierre Molinier y sus fotomontajes travestidos
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Si a día de hoy visitásemos una exposición de Pierre Molinier en Francia, muy probablemente y a excepción de otros países como Alemania, se vetaría la entrada a niños. Aún conteniendo collages entre la pintura y la fotografía, aún exponiendo unas composiciones dentro de una poética alejada de la realidad en términos de verdad.

Pierre Molinier, nacido en 1900 en el seno de una familia donde el padre era pintor de brocha gorda, oficio que él mismo desempeñaría pintando fachadas de edificios prácticamente hasta los años 60, estudió dibujo enmarcando sus primeros trabajos en la tradición pictórica clásica. Fue en los 50 cuando escandalizó a la burguesía de Burdeos mostrando un trabajo calificado de indecente y cuando André Breton se interesó por su obra.

A partir de ese momento puede decirse que expuso en Burdeos cada temporada, aunque no haya pasado a la historia como uno de los fotógrafos más conocidos de su generación. No obstante sus composiciones andróginas a través del travestismo de su cuerpo compuesto por fotomontajes, le hace merecedor de ser estudiado por ese carácter rara avis y esa forma de expresión precursora del body art.

Mi anatomía se ha convertido en ese lugar donde habitan mis horrores más secretos.

Inspirador para muchos artistas, incluida Diane Arbus, por esa exhibición de la sexualidad y la expresión artística a través de ella de una manera subjetiva y como canalizador de un impulso interior materializado y satisfecho por medio del arte, llama la atención esa obscenidad camuflada en poesía gracias al fotomontaje y al trabajo en blanco y negro, excusándose bajo una formato que permite mirar la obra de Pierre Molinier desde una mirada no pornográfica (según quien lo mire, claro).

Os aconsejo ver el vídeo, no solo para conocer sus composiciones de cuerpos duplicados en perfecta simetría, vestidos con medias de rejilla y lencería erótica, sino también para leer los textos donde él manifestaba todo ese sentimiento que le provocaba la fotografía que hacía. No sé lo que despertará en vosotros, si vuestra opinión tras ver las imágenes si situarán más hacia la admiración que hacia la repulsión. También si os hace reflexionar en la fotografía como la manifestación de una quemazón interna que se nos expresa a través del arte.

Lo que sí esta claro es que es un trabajo que no deja indiferente, tiene todos los componentes para ser transgresor y al mismo tiempo ese morbo que despierta la exploración de un mundo desconocido, lleno de situaciones fetichistas, travestismo y juegos sexuales. Una intimidad que Molinier quiso compartir con el mundo, en ese doble juego que tiene la exhibición en el mundo del arte, donde no sólo se desnudaba físicamente ante la cámara sino que también dejaba al descubierto sus deseos más ocultos.

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