'Las meninas': qué aprendemos los fotógrafos de la pintura
Historia de la fotografía

'Las meninas': qué aprendemos los fotógrafos de la pintura

'Las meninas' es uno de los cuadros más importantes de la pintura universal. Puede gustarte o no, ese es otro tema. Pero si eres fotógrafo deberías ir a verlo, por lo menos, una vez en la vida. ¿Por qué? En esta obra de Diego Velázquez hay muchas cosas que descubrir. Y los fotógrafos tenemos ante nosotros algunas de las claves de todo lo que podemos hacer con una cámara.

Diego Velázquez pintó el cuadro de 'Las meninas' al final de sus días. Ahí está todo lo que aprendió a lo largo de su vida. Si queremos entender su obra, podemos hacerlo mirando este cuadro. Y os aseguro que contemplarlo en sala no se parece en nada con contemplarlo en internet o en una mera reproducción de un libro.

Cuando le cuento a mis alumnos que la mejor manera que existe para aprender a fotografiar es ir a los museos, y más en concreto al Museo del Prado, muchos no me entienden. ¿Qué tiene que ver la fotografía con la pintura? A través de los cuadros podemos entender como se pasa la realidad a un plano bidimensional.

Y si queremos ir a la esencia, debemos situarnos ante este gran cuadro y analizar todas y cada una de sus pinceladas. Porque solo así comprenderemos cómo hay que representar el espacio y cómo dirigir la mirada.

Las Meninas
Las meninas (Fundación Wikimedia)

Además, si atendemos al estudio del profesor e investigador de la Universidad Politécnica de Cataluña Miguel Usandizaga, es muy probable que 'Las meninas' esté pintado con la ayuda de una cámara oscura, lo que nos une todavía más al gran pintor.

La historia de Diego Velázquez

No es el momento de contar la vida y obra de uno de los artistas más importantes de la historia del arte. Tocaremos lo relacionado con el mítico cuadro y lo que podemos aprovechar los fotógrafos. Pero vamos a situarnos.

Era el pintor de cámara de la corte de Felipe IV, desde que le llamó el Conde Duque de Olivares cuando el rey llevaba solo dos años en el poder. No se puede entender ese periodo histórico de la historia de España sin la mirada de Velázquez.

Todo el tiempo que estuvo en la corte -toda su vida- lo aprovechó para estudiar el trabajo de los grandes pintores. Sobre todo la obra de Tiziano, que podía contemplar libremente en las estancias del Alcázar de los Austrias; no el palacio de los Borbones, que se construyó después del gran incendio que lo devoró en las navidades de 1734.

Las Meninas
Diego Velázquez (Fundación Wikimedia)

Su fama alcanzó tales cotas, que el mismo Rubens le visitó en España. De aquel viaje quedaron muchas cosas, como el deseo de ir a estudiar a Italia o la cruz que podemos encontrar en el monte Abantos. La erigieron para recordar el lugar desde el que los dos pintores disfrutaron de las vistas del cielo de Madrid y del monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

De aquel primer viaje a Italia nuestro pintor consiguió mejorar enormemente la capacidad de pintar la perspectiva, además de estudiar a los grandes maestros del Renacimiento como Tintoretto, Miguel Ángel y Rafael.

Al final de su vida pintó dos obras maestras: 'Las hilanderas' y el cuadro que tenemos entre manos, 'Las meninas' o 'La familia de Felipe IV' (1656). Como dicen en la muy recomendable página del museo:

Los personajes habitan un espacio modelado no sólo mediante las leyes de la perspectiva científica sino también de la perspectiva aérea, en cuya definición representa un papel importante la multiplicación de las fuentes de luz.

... los detalles de extraordinaria belleza se reparten por toda la superficie pictórica; y el pintor ha dado un paso decisivo en el camino hacia el ilusionismo, que fue una de las metas de la pintura europea de la Edad Moderna, pues ha ido más allá de la transmisión del parecido y ha buscado con éxito la representación de la vida o la animación.

En un popular hilo, que no encuentro en Twitter, dicen que este cuadro destaca porque en él se ve el aire por primera vez en la historia del arte. Lo que más destaca es la forma de representar la luz y situar a los personajes en el plano. La manera en la que destaca el objeto principal de la imagen, la infanta, y cómo todo está colocado para guiar la vista del espectador.

Lo que los fotógrafos aprendemos de 'Las meninas'

Una de las mejores experiencias que recuerdo después del confinamiento fue el tiempo que pude estar junto con mi madre delante de 'Las meninas'. Estábamos en la gran sala 012. Acababan de abrir de nuevo las salas al público y tuvimos la suerte de poder estar solos delante del cuadro.

Nos pareció más pequeño (algo muy extraño) de lo que recordábamos. Pero ahí estaban las meninas rodeando a la infanta Margarita, que murió apenas 17 años después por culpa de las complicaciones en el cuarto parto. Ella es la protagonista de un cuadro en la que la luz ilumina y esconde a cada uno de los personajes que forman parte del cuadro y por supuesto al entorno en el que conviven. Y ahí está, de pie, Diego Velázquez, mirándonos.

Es la recreación perfecta de la realidad. Por primera vez tenemos la sensación de poder pasear dentro de un cuadro.

Nada es casual en el cuadro. Cada punto de luz, cada espacio de sombra, tiene un sentido en la composición. Es la recreación perfecta de la realidad. Por primera vez tenemos la sensación de poder pasear dentro de un cuadro.

Las Meninas
Ahí está todo (Fundación Wikimedia)

Los personajes del cuadro no están posando. Están mirando, aunque nunca sabremos adónde. Incluso algunos no parecen conscientes de estar siendo retratados, como la dama de honor doña Marcela de Ulloa, junto a un guardadamas del que no se conoce el nombre, y, al fondo, tras la puerta, asoma José Nieto, el aposentador de la reina (Velázquez era el del rey).

Todo respira naturalidad en el cuadro, aún dentro del fuerte barroquismo. Incluso esa pincelada nerviosa e imprecisa como una fotografía callejera que tanto acompañaba a la costumbre de Velázquez de pintar alla prima, es decir, sin boceto ni dibujo previos. Pero el detalle no es importante en este cuadro. Podría decirse, en lenguaje fotográfico, que está trepidada o con un ISO alto (algo forzado, lo sé).

La luz es lo que cuenta. Lo que consigue darle vida. Algo muy curioso, que podemos leer en el estudio de Fernando Zaparaín Hernández publicado en el número 362 de la revista Goya, es que uno de los puntos más importantes del cuadro, la luz que podemos ver al fondo, detrás del aposentador de la reina, es la clave.

La perspectiva de la escena lleva a ese punto en concreto, justo debajo del brazo del personaje que no se sabe si entra o sale. Sin la presencia de ese punto luminoso todo carecería de sentido desde el punto de vista de la composición. Lo curioso es que está pintada desde otro lugar... pero esto es otra historia que veremos a continuación...

Esas luces y esas sombras que van alternando en la imagen hasta el fondo consiguen dar aire al cuadro. Y es lo que tenemos que buscar a la hora de disparar. Simplificamos muchas veces. Algunos fotógrafos abusan del golpe de luz rodeado de sombras. Y aquí descubrimos que no todo se basa en el contraste:

  • Los fotógrafos tenemos que buscar que la luz acompañe al momento.
  • La sombra también forma parte del conjunto. Solo así es posible la representación del volumen.
  • Que los objetos y las personas se puedan distinguir, que su imagen sea limpia, sin nada que interrumpa su perfecta visión.
  • Y que todo esté colocado para dirigir la mirada del espectador.

No hay una forma más clara de verlo que en este cuadro.

El secreto de 'Las meninas'

En 2020 saltó el estudio de Miguel Usandizaga, que ya hemos señalado, en el que aseguraba que Velázquez utilizó la cámara oscura para pintar este cuadro, con el fin de reproducir fielmente los espacios y dar esa sensación tan barroca de la realidad.

Ya en 2018 se contaba, en el estudio citado de Fernando Zaparaín Hernández, que la composición que ofrece el cuadro es muy parecida a la visión de una cámara.

Las imágenes obtenidas situando en el punto del observador una cámara, equiparable al ojo humano (35 mm), tanto en el modelo digital como en la maqueta, coinciden sensiblemente con lo representado en el lienzo.

En todos los estudios detallan la habitación del alcázar en la que se pintó el cuadro. Era la habitación del príncipe Baltasar Carlos, el niño que pintó Velázquez a caballo y que moriría en 1646 con 17 años. Ahí estaba el estudio del pintor, al lado de la Torre Dorada.

Y aquí es donde entra la cámara oscura. Parece ser que Velázquez situó ahí, fuera de la habitación que contemplamos, un dispositivo conocido por los grandes maestros, para representar la perspectiva con exactitud.

Las Meninas inglesas
Las Meninas de Kinston Lacy (detalle)

Para trazar las líneas que dan tanta vida a la escena, preparó una cámara oscura en la que se introducía para pintar las líneas al natural. Estaba dentro de esa sala escondida de los curiosos que podían hablar de brujería...

Es una teoría interesante, que merece una lectura sosegada. Y viene de la contemplación de la única copia conocida del cuadro, que podemos disfrutar en el Kingston Lacy (condado de Dorset, UK).

Detalle Las Meninas
Detalle de la famosa línea que avala la teoría de la cámara oscura

Este pequeño cuadro es una copia idéntica. La perspectiva de ambos cuadros, a pesar de la diferencia de tamaño, es clavada. Y una línea vertical que se aprecia en el cuadro inglés, al lado del personaje que pega una patada al perro, desarrolló toda la teoría:

El cuadro de Kingston Lacy no es una copia, ni tampoco un boceto del grande. Ni es solamente de Velázquez, ni solamente de Mazo: es de los dos. Y es, concretamente, lo que podríamos llamar, por analogía con el lenguaje de la fotografía, el “negativo pictórico” del cuadro grande.

De repente, un cuadro que tanto nos tiene que decir a los fotógrafos, por la disposición de los personajes, por la calidad de la luz y por el bravo ejercicio de la composición,** descubrimos que podría haberse formado con la misma ley física con la que nosotros hacemos nuestras fotos**.

Y por este motivo debemos mirarlo todavía con más respeto si cabe. Hay que ir al Prado, a las horas menos concurridas y limitarse a mirar, como han hecho tantos autores. Ahí tenemos los textos de Antonio Palomino que nos descubrió al maestro, el pensamiento de Michel Foucault sobre las nociones de semejanza/similitud y de representación. Y por supuesto, esas conversaciones privadas de Antonio López con su amigo en la versión extendida de 'El sol del membrillo' donde dos pintores contemporáneos tratan de encontrarle sentido.

Los fotógrafos siempre valoramos a Goya como el primero de todos. Pero Velázquez se adelantó con esta pintura. Y podemos aprender todo lo que necesitamos, mucho más importante que la cámara o el móvil que utilizamos. Una cosa es la técnica y otra, mucho más importante, es aprender a mirar.

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