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El vídeo, perfecto para contar historias; la fotografía, para casi todo lo demás

El vídeo, perfecto para contar historias; la fotografía, para casi todo lo demás
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La fotografía, como la forma de expresión artística que es, se asienta sobre una técnica y un lenguaje propios. El origen del cine está vinculado de una forma muy clara a la fotografía, lo que ha provocado que el lenguaje cinematográfico haya heredado algunos de los atributos propios del lenguaje fotográfico, aunque es evidente que el cine, al menos el que tiene un mínimo de calidad, utiliza un lenguaje más amplio que también se alimenta de las composiciones musicales y la literatura.

Mi objetivo cuando se me ocurrió escribir este post de opinión no fue analizar de forma académica las diferencias que existen entre los lenguajes utilizados por estas formas de expresión artística, pero me parece una buena idea recordar los lazos que existen entre la fotografía y el cine, un vínculo perfectamente conocido por todos los apasionados por estas dos artes, entre los que me incluyo. El vídeo, por otra parte, puede ser considerado una manifestación «doméstica» del cine, por lo que es evidente que también se alimenta de la fotografía.

Ya os he confesado que adoro el cine y la fotografía. Y también me interesa el vídeo. Sin embargo, en mi modesta opinión, las diferencias que existen entre el lenguaje de cada uno de estos medios, especialmente entre la fotografía y el vídeo, que son los dos que están a mi alcance, e imagino que también al de la mayor parte de vosotros, suelen provocar que me decante casi siempre por la fotografía, y casi nunca por el vídeo. Intentaré explicaros por qué.

El ritmo lo condiciona todo

Creo que todos estaremos de acuerdo en que para tomar fotografías realmente buenas es necesario, al menos, dominar la técnica básica y sentirse cómodo con la composición. A partir de ahí, con entusiasmo, mucha práctica y ganas de aprender es posible ir creciendo hasta obtener un puñado de instantáneas de las que podamos sentirnos realmente orgullosos.

El vídeo, por su parte, requiere, sobre todo, pericia en la composición, y, además, invertir tiempo en la posproducción o el montaje, un proceso que muchos aficionados se saltan, lo que suele provocar que sus vídeos sean inconexos, pesados y faltos de ritmo. Tengo varios amigos que son unos auténticos manitas de la edición de vídeo. De hecho, todos ellos me han confesado que se divierten más editando sus vídeos que grabándolos, por lo que suelen conseguir crear montajes divertidos y muy fáciles de disfrutar. Sin embargo, también conozco personas que apenas editan nada, por lo que sus vídeos son realmente aburridos.

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El título de este post resume bastante bien la forma en que entiendo tanto la fotografía como el vídeo. Por supuesto, es una percepción personal, y comprendo perfectamente que otras personas disfruten más con los contenidos audiovisuales que con las imágenes estáticas que nos ofrecen las fotografías, pero yo lo tengo claro: el vídeo me parece una herramienta perfecta para contar una historia, pero, eso sí, siempre y cuando tenga el formato adecuado y esté debidamente planificado y editado. Para todos los demás momentos que desee salvaguardar, me quedo con la fotografía, que también nos permite contar historias, pero desde un enfoque diferente.

Creo, y de nuevo esta es solamente mi opinión, que la fotografía pone a nuestra disposición una capacidad de síntesis de la que carece el vídeo, lo que nos permite describir un lugar o un momento con unas pocas imágenes y una capacidad expresiva enorme. Además, deja espacio a la imaginación, algo que en el vídeo casi no tiene cabida porque no nos ofrece apenas «huecos» y es mucho más explícito (es importante tener en cuenta que estoy hablando del vídeo desde una aproximación no profesional, y no del cine).

Todo esto ha provocado que, aunque mis cámaras de fotos me permiten grabar vídeo con mucha calidad, prácticamente no use casi nunca esta función. Me limito a tomar fotografías, y, además, soy muy comedido. No suelo regresar a casa, ni siquiera después de un viaje largo, con varias tarjetas de almacenamiento repletas de fotografías. Prefiero tomar solo unas pocas, y, eso sí, dedicar a cada una de ellas el tiempo y la atención que merece para que tenga la máxima calidad posible. Estoy seguro de que algunos de vosotros os identificaréis con esta forma de contemplar la fotografía y el vídeo, y también de que para muchos otros el vídeo tendrá más peso del que tiene para mí. Será un placer conocer vuestras opiniones en los comentarios del post.

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