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'Esta fotografía puedo hacerla yo'
Opinión

'Esta fotografía puedo hacerla yo'

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La fotografía ha cambiado mucho a lo largo de su corta vida digital. Todos tenemos por lo menos una cámara en casa y encima la utilizamos. Ya no está guardada en el fondo del armario para utilizarla los días de las fiestas de guardar. Y con una máquina semejante entre las manos todos podemos hacer fotos. La frontera entre el profesional y el aficionado se diluye cada vez más. Y todos creemos que podemos hacer cualquier disparo.

Una de las cosas más graves de este mundo digital es que confundimos la técnica con el saber mirar. Estamos volviendo, una y otra vez, a los males de antaño, como si estuviéramos condenados como Sísifo a subir una y otra vez la evolución para tener que dejarla caer cada vez que llegamos a la cumbre.

Cuando se inventó la fotografía pronto surgió una corriente llamada pictorialismo en la que los miembros demostraban más sus enormes cualidades técnicas antes que trasmitir un sentimiento o un estilo auténtico. Querían desmarcarse de todos los aficionados que por aquel entonces podían comprar una cámara...

Puedoiii

Hoy pasa exactamente lo mismo. Antes que pensar, algunos creen que lo importante es conocer los trucos del programa en cuestión para desatar la locura con el RAW antes que visualizar lo que vamos a hacer en el momento del disparo... Así, la fotografía se vuelve industrial y mecánica. Con tres, cuatro o seis pasos tienes la imagen de tu vida. Da igual cómo la hayas sacado, el ordenador te ayudará.

Todos podemos hacer cualquier fotografía

La frontera entre el aficionado y el profesional es que el primero lo hace por amor y el segundo para llenar la cartera. Es la única diferencia que podemos encontrar hoy en día. El profesional puede dedicar todo el tiempo del mundo -siempre que lo pueda amortizar- a conseguir un buen disparo.

La frontera entre el aficionado y el profesional es que el primero lo hace por amor y el segundo para llenar la cartera.

El aficionado no puede dedicar días y días a la fotografía a no ser que tenga vacaciones o sacrifique parte de su vida social. No podemos olvidar que los grandes fotógrafos españoles de los años 50 tenían otras profesiones y solo hacían fotos los fines de semana... Y confiaban todo a su ojo, mejor dicho, a su forma de pensar y mostrar la vida.

Hacían lo imposible por conseguir los libros de los autores más famosos, que apenas cruzaban nuestra frontera. Algunos, con suerte y algo de picardía, podían cruzar los Pirineos en un Seiscientos para encontrar todo tipo de revistas y libros en la libertina París. Pero el resto de los mortales solo podían imaginar lo que se podía hacer con una cámara.

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Hoy, sin embargo, enciendes el teléfono y tienes mil pistas en un segundo. Cien mil fotografías bonitas que te pueden encantar. Lo más fácil es que te saturen y que al final los ojos se te vayan a las que consideres más impresionantes. A esos lugares a los que sueñas ir o que tengan esos colores que nunca han visto realmente.

Entonces es cuando empezamos a confundir la postal con la buena fotografía. Cuando creemos que lo bueno es mentira y nos quedamos mirando el dedo que señala, la técnica. Y consideramos que para hacer buenas fotografías no queda más remedio que copiar. Que nuestra vida no tiene sentido si no seguimos tal procedimiento o trabajamos con tal programa... porque solo así lograremos fotografías que destaquen por encima de la media.

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Así, nuestra afición se convierte en 'Esa fotografía puedo hacerlo yo' en vez de 'Así veo yo las cosas'. Terminamos mirando según los ojos de otras personas. Seguimos la moda. Y como siempre ocurre, quedará obsoleta.

Y a los fieles seguidores les impondrán nuevas formas de disparar, hasta que llevemos la piedra a lo alto de la cumbre y cuando creamos que hemos llegado al final, los dioses volverán a tirarla para empezar todo el ciclo de nuevo. ¿Cuál sera la siguiente tendencia?

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