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La fotografía no está hecha para exhibirla en salas de exposición

La fotografía no está hecha para exhibirla en salas de exposición
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¿Por qué imprimir las fotografías para exponerlas en las paredes de una galería si se pueden enseñar por medio de tablets? Algo así venía a decir el autor de un polémico artículo en The Guardian publicado hace unos días, donde se daba a entender que las fotografías pierden todo su valor, su fuerza, al verse impresas y expuestas.

Para quienes se dedican a la impresión, no sé cómo habrán sentado esas palabras, para quienes disfrutamos exponiendo nuestro trabajo ya os digo que no muy bien. Obviamente con la fotografía digital, ese componente que tenía la fotografía analógica sólo visible a través de copias en papel, se ha perdido en cierto modo, pero no por ello la magia de quien expone porque gusta de reunirse en torno a su obra y verla en grande en las salas de exposición.

Todo ello lo sustentaba en que la pintura, grande entre las bellas artes, era la única que cobraba sentido en las paredes de una exposición. Por la plasticidad, por la textura de las pinceladas, frente a la fotografía que impresa en papel pierde todas esas cualidades ya que nos proyecta una imagen absolutamente plana. Actualmente tengo una exposición en cartel cuyo objetivo es conseguir el efecto pictórico en la fotografía y más de uno ha preguntado si eran cuadros. Indudablemente la pincelada no aparece texturizada físicamente, pero ese efecto de trampantojo a la inversa, por así llamarlo, es fácilmente factible usando la técnica adecuada engañando con ello al ojo.

Pintura y fotografía unidas para crear obra gráfica

Morimura
(c) Morimura

Gracias al polémico artículo, y ya que hablamos de pintura y fotografía, quiero intentar hablar sobre dos artistas que se basan en la técnica pictórica y en la historia de la fotografía respectivamente para sus obras. Sobre esto último, la semana pasada el artista Morimura dio una charla en el Museo del Prado de Madrid sobre su reinterpretación de Las Meninas. Aprovechaba así su visita gracias a su exposición en la galería Juana de Aizpuru y, a su vez, daba una nueva hipótesis a uno de los cuadros más fascinantes que ha dado la historia del arte.

Morimura basa su trabajo en la reinterpretación de cuadros clásicos, para lo cual se disfraza de los personajes que aparecen en ellos y luego mediante técnicas de retoque consigue manipular la realidad de esas pinturas para crear sus propios discursos conceptuales. Con Las Meninas no sólo manipuló el espacio del cuadro sino también la propia sala del Museo del Prado, con un resultado cuando menos perturbador ya que nos desmonta la visión que tenemos de él.

Utilizando también la pintura, pero desde otra perspectiva, la artista Alexa Meade utiliza el body painting para conseguir que sus modelos y los escenarios que después fotografía parezcan cuadros. Es decir, pinta el cuerpo con pinceladas inspiradas en cuadros básicamente que siguen una tradición de las primeras vanguardias del siglo XX y corrientes posteriores, para así engañar a nuestro ojo y que pensemos que estamos ante algo que no es real sino eminentemente pictórico. Para ello es mejor que veais el vídeo que os comparto, mucho más clarividente que mis palabras.

En resumen

Querer poner en guerra a la pintura y la fotografía no sólo nos perjudica culturalmente, sino que con ello podemos perder muchas simbiosis que nos llevan a obra fotográfica original dentro del panorama tan previsible que hemos ido creando. Que la fotografía es plana en papel es algo que tenemos en cuenta, pero no siempre es así. Cuando revelaba en el laboratorio, y esto ya lo he contado alguna vez, solía revelar ciertas copias a pinceladas, con lo que todo ese trazado quedaba marcado en el papel. Actualmente intento engañar a la mirada por medio de retoques por ordenador, pero la idea sigue siendo la misma.

No podemos generalizar, ni hacer que perdamos la ilusión por compartir nuestras fotografías en una sala de exposición sólo porque no estén a la altura de la pintura plásticamente. Hay todo un ritual alrededor de la práctica de exponer que no debe perderse. Al igual que el ritual en la impresión, donde hay copiadores que realizan un trabajo impecable. En fin, ¿qué opináis?

Sobre Morimura en Juana de Aizpuru

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