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La obsesión con la composición hasta sus últimas consecuencias
Opinión

La obsesión con la composición hasta sus últimas consecuencias

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Uno de los grandes secretos a voces de la fotografía es la composición. Tenemos que aprender a colocar los elementos en la imagen, lograr la armonía entre todos ellos hasta conseguir esa fotografía de la que nos sintamos orgullosos nada más verla. El problema es cuando la composición se convierte en una obsesión o la única herramienta para llamar la atención de los espectadores.

Hacer fotografías no consiste en dar un botón y listo, como muchos fabricantes de móviles quieren hacer creer todavía a muchos que empiezan en este mundo. La fotografía es mucho más. Aprender a hacer fotos no depende de una cámara. Tampoco sirve seguir los manuales a rajatabla para lograr la suma y fría perfección de la escuela de Düsseldorf. Ni siquiera es útil tener ideas supergeniales y demostrar que no sabes utilizar la cámara en cada exposición que realizas.

La fotografía es técnica. Pero solo con ella no llegaremos a ningún sitio. Es el reflejo de nuestras vidas, pero corremos el peligro de aburrir sin contamos las cosas como lo dicen los demás. Hay que arriesgar. Y todos, absolutamente todos, tenemos que empezar desde cero. Es así de sencillo.

¿Y qué quiero decir con empezar desde cero? Que hay que conocer el abc de la fotografía hasta que seamos capaces de disparar con los ojos cerrados (es una exageración y un sinsentido, lo sé). Cuando estamos aprendiendo (y nunca debemos dejar de hacerlo, aunque cada vez más profundamente) todos los consejos son buenos y nos ayudarán a crecer y expresarnos. Pero llega un punto en el que tenemos que crecer y empezar a seguir nuestro propio camino. Y es aquí cuando hay que olvidarse de las normas establecidas.

La regla de los tercios y otras obsesiones

En todos los manuales de fotografía (libros y blogs) nos recuerdan constantemente el tema de la composición. Y la regla de los tercios muchas veces es la bandera de esos consejos. O la famosa proporción áurea. O la composición basada en la Geometría, donde los cuadrados y los triángulos, o las diagonales, son los reyes del lugar.

Todas estas normas son buenas. Y ayudan a mejorar los primeros resultados. Es verdad que desde un punto de vista estético queda más llamativo que el objeto principal de la fotografía, o uno de los ojos del modelo, esté situado justo en la intersección de esas líneas imaginarias que nadie sabe muy bien de dónde salen pero que están ahí. Otra historia es la proporción áurea y ese número mágico 1,618 que decidieron que también servía para componer...

Compo2 ¿Compuesta o no?

Estas reglas, que todos hemos estudiado, aparecieron por primera vez plasmadas en un libro del siglo XIX de Jay Hambidge, como ya comentamos en Xataka Foto. Pero no deberían seguirse a ciegas. se han convertido en una convención. Seguramente, cuando viajemos a otros países y conozcamos otras formas de mirar, descubriremos otras reglas no occidentales. ¿Quién tiene razón entonces?

Las reglas de composición son una convención

En los países árabes leen de derecha a izquierda; el alfabeto hebreo se escribe igual. Incluso algunas formas del chino y del japonés se pueden leer de derecha a izquierda igualmente. El negro es un color relacionado con la muerte en la cultura occidental. Pero el blanco lo es la cultura hindú... Todo cambia según la cultura.

No tiene nada que ver la pintura japonesa con la europea. Es más, en la cultura japonesa valoran más la sombra que la luz. Aquí se lucho por salir de la oscuridad del románico a la luz etérea del gótico. Y en Japón, como podemos leer en El elogio de la sombra de Tanizaki, saben apreciar la penumbra en todo su esplendor.

Compo1 ¿Estará bien?

Las normas que conocemos, que manejamos, que apreciamos, no son ni mucho menos aceptadas por todas las culturas. ¿Entonces tiene sentido seguirlas? ¿O es mejor aprenderlas, pues no hay nada más valioso que saber de dónde vienes, y luego intentar comunicarte con tus propias reglas? No debemos dar nada por sentado, ni vivir con la obsesión de imaginar líneas para ordenar lo que vemos. Tiene que salir de la experiencia y de nuestra cultura personal (no tiene que ceñirse solo a nuestro ámbito).

Aquí es donde quiero llegar como conclusión. No entiendo cuando nos dicen que nuestra fotografía no sigue tal o cual norma. Que no sirve la fotografía. Por supuesto tiene que estar todo ordenado, en su sitio. Pero es nuestra función, si no queremos caer en la fotografía postalera, romper con todo lo que nos dicen e intentar aportar una nueva forma de escribir con luz. No es fácil, desde luego, pero es en este manejo del lenguaje fotográfico cuando se distinguen los genios de todos nosotros. Y desde luego no vale todo (no se puede fotografiar con faltas). Al final todo es un juego de pesos, luces y colores que debemos controlar para comunicar emociones nuevas. Ahí está la magia de la fotografía. Luego ya vendrán algunos trazando líneas inexistentes para tratar de explicar lo que hacen los buenos...

En Xataka Foto| Las Reglas de Composición: Hay que conocerlas para saber romperlas (IV)

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