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A lo largo de esta semana y con motivo del Meet the Experts sobre el futuro de la fotografía hemos conseguido generar un interesante debate en torno a la fotografía que hacemos desde el teléfono móvil, sus vicios y virtudes. Como era de esperar, Instagram y sus filtros fotográficos, por la forma en que están condicionando la evolución de la fotografía, se han llevado buena cuota de protragonismo. Twitter no quiere ser menos y trabaja en filtros propios para su red social.

Saturación, epidemia, plaga… cualquiera de estas palabras me sirve para definir el panorama actual dibujado por ese triángulo diabólico que configuran las redes sociales, la fotografía y los filtros precocinados. La semana pasada os preguntaba cuáles considerabais los peores hábitos a la hora de ejercer la fotografía desde vuestro teléfono y, no es casulidad, muchos de los dedos apuntaban en la misma dirección: Instagram y sus filtros.

Instagram no es el problema, es la excusa


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No nos engañemos, Instagram no es el problema, es la excusa. Instagram es la gallina de los huevos de oro, un nuevo y fresco concepto de red social abrazado a la máxima de que una imagen vale más que mil palabras o 140 caracteres. Ello ha servido para que se vendiese al mejor postor, en este caso Facebook, aunque Twitter también pujara por ella.

La gente no usa Instagram por la calidad y cantidad de sus filtros, hay innumerables aplicaciones infinitamente mejores para la edición nuestras fotografías. De hecho estoy convencido de que un importante número de sus usuarios suben fotografías editadas con otras aplicaciones. Algunos, inluso, usan Instagram sin tener el más mínimo interés por la fotografía.

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A las compañias no les preocupa otra cosa que hacer dinero aprovechando la coyuntura, la que sea. Si la fotografía está de moda pues allí colocan la red y a pescar lo que puedan. Flickr ya sacó una aplicación móvil con filtros y la sangría de usuarios de la red no parece haber mermado. Ahora es Twitter la que se tira a la piscina con la idea de apostar por los filtros.

Quizá el más listo de la clase haya sido Facebook que más que intentar copiar la fórmula Instagram apostó por fagocitarla directamente. Aun así el binomio Facebook-Instagram parece convertirse en una especie de Yin-Yang virtual y si una hereda la apariencia de la otra ahora es Facebook quien también incluye filtros en su propia cámara.

Entre todos van a conseguir aburrirnos y cansarnos de tanto filtro precocinado y tanta fotografía repetida. En ese momento la gallina de los huevos de oro dejará de ponerlos y nuestros ojos descansarán.

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