Sigue a

Portada Ballester

Una exposición de espacios en un edificio que le va como anillo al dedo. Ésa era la frase recurrente de todos los que asistimos a la rueda de prensa mientras paseábamos por las instalaciones de la antigua tabacalera de Madrid. Es importante que la obra expuesta aporte calidad, pero cuando ya se presenta en un lugar que además ayuda a hacer más creíble el discurso de su autor, el binomio se convierte en una experiencia maravillosa.

José Manuel Ballester, el que fuera premio nacional de fotografía en 2010 y del cual ya tuvimos oportunidad de hablar a propósito de su exposición en la sala Alcalá 31 para PHotoEspaña 2011, ha reunido y colocado ocho años de trabajo entre las salas de un espacio en decadencia pero majestuoso en proporciones. Como las obras del madrileño, también inmensas, porque la impresión a gran escala en muchos casos no está justificada, pero en su obra se nos hace imprescindible.

Ballester cena

Espacios ocultos

Esa inmensidad nos absorbe nada más entrar por la puerta. Frente a nosotros, la última cena de Leonardo, gigante, vacía en cuanto a personajes, dejando sola la estructura sin presencia humana como nos tiene acostumbrados en su fotografía. Como pintor, Ballester vuelve con esta composición y otras recreaciones de las grandes pinturas de la historia del gótico y renacimiento a la más importante de las Bellas Artes. Con sumo respeto y siendo fiel a las proporciones de los cuadros originales, nos lleva a reflexionar sobre la importancia por sí misma de esos espacios debido a la información que pueden contener sin la necesidad de que estén habitados.

ballester pintura

El hecho de que la figura humana no esté presente en la mayoría de las ocasiones se debe a mi predilección por escoger aquellos momentos en que la presencia directa se desvanece o desaparece por un momento, o mi inclinación por buscar lugares que dejaron de ser activos para convertirse en espacios abandonados o en ruinas, o que por sus características están ocultos o al otro lado de la sociedad, bien por su marginalidad o por sus características especiales.

Un paseo entre sus fotografías

Todas esas composiciones pictóricas son un plus a la exposición, nos hablan de él y de su trayectoria, conforman un trabajo sólido y muy atractivo para el espectador, sobre todo cuando tiene una cultura que le hace aproximarse con otros ojos hacia ellas, porque las reconoce y las disfruta desde otra perspectiva. Pero centrémonos en hablar de sus fotografías.

ballester puerta

Es muy interante la sala donde expone fotografías del propio espacio de la Tabacalera

El recorrido laberíntico entre las salas, que como nos contaba Ballester, se había configurado así a drede, no hace sino obligar al espectador a que se pierda entre las estancias para hacer que lo viva con otra intensidad, que se sorprenda, que se ponga a prueba su capacidad curiosa. Y todo ello funciona, y lo hace muy bien porque en cada habitación no sólo le hace contemplar el espacio sino que le invita a ir descubriendo las imágenes seleccionadas para esta muestra.

Nos encontramos con varias temáticas en cuanto a arquitecturas. Sus más conocidos trabajos sobre espacios museísticos, desde las fotografías tomadas durante la restauración del Rijksmuseum de Amsterdam a algunos complejos industriales de España, pasando por el homenaje a Niemeyer, hasta otras imágenes menos conocidas centradas en el paisaje que nos llevan desde China a Brasil.

Fotografías para el recuerdo

Aquí voy un paso más dentro del subjetivismo que me invade al hablar sobre la obra de este titán de la fotografía. Y es muy curioso que me ocurra con la obra de Ballester tratándose de grandes espacios desangelados, como lo hace la fotografía alemana de la Nueva Objetividad que en muchas ocasiones no me aporta nada, y lo digo hablando desde la propiedad de haber visto en vivo obra de Candida Höfer, entre otros.

Pero la obra de Ballester no es Nueva Objetividad, no lo es aún tratándose también de la reproducción de arquitecturas. Y no lo es porque no los trata como espacios fríos. Son espacios que gracias a los juegos de luces que este autor nos regala, así como de las composiciones perfectamente encuadradas desde unos ángulos que nos atrapan, además de la importancia de los colores, se nos presentan como lugares ideales de contemplación y de experiencia visual y emocional.

ballester plastico

Y ahora es cuando me apresuro a hablar sobre las tres imágenes que ya se han quedado guardadas en mi retina. Por un lado las relativas a los llamados “bosques de luz”, esas que presentan los entresijos de la Ópera de París y también los del Teatro Real de Madrid. Inteligentemente colocadas en unas habitaciones a oscuras donde, gracias a su impresión sobre unas cajas de luz, nos hacen vivirlas desde la emoción de contemplarlas desde esa experiencia y, también, porque esas imágenes nos presentan lugares que habitualmente no son accesibles al público.

La segunda obra que captó mi atención fue la dedicada a uno de los salones del Museo del Romanticismo en Madrid. Una estancia con menores proporciones que sus otros espacios representados, pero cuyo punto de vista y sobre todo la potencia visual en cuanto al color (los que conocemos el museo sabemos de su existencia), nos brinda la oportunidad de hacer que nos sintamos partícipes dentro de esa habitación decorada al estilo del siglo XIX.

Y para terminar, para mí la única obra fotográfica que, y no me avergüenza decirlo, me ha hecho empapar los ojos de la emoción. Ya tocaba, creo que sólo tres situaciones me han hecho emocionarme a esos niveles. Una fue al contemplar la ciudad de Praga desde el Castillo, otra en Noruega al encontrarme por la carretera 13 una enorme cascada que prácticamente llegaba a nuestro coche y la tercera, la cual tuvo lugar en el Musée d’Orsay de París, al ver el cuadro de Renoir “Baile del Moulin de la Galette”.

Ballester puente Puente de Dujiangyan

Pues bien, una sensación así en fotografía bien merece una mención. Es una cuestión púramente empática y éso es algo que no se puede controlar, ocurre y cuando lo hace es simplemente maravilloso. Me encontré con la imagen del Puente de Dujiangyan, mis ojos se empañaron, quería llorar. Tal y como nos contó Ballester se trata de una reconstrucción de una obra que fue dañada por un terremoto y cuyo presupuesto de restauración alcanzó niveles comparables a los JJOO de Pekín. Por ello invitaron a artistas para que dejaran constancia de ese nuevo espacio y de ahí surgió esta imagen.

Fin del paseo

Y tal como entramos volvemos al punto de partida, dejando atrás la monumental obra de la “Última cena”, despidiéndonos con la sensación de haber asistido a una experiencia difícil de superar y, de olvidar. Por ello os invito y esta vez os lo digo desde la objetividad, a perderos por los pasillos y las estancias de la Tabacalera, acercando vuestra mirada a la obra de José Manuel desde vuestra vivencia como espectadores. Dejaros llevar y, simplemente, disfrutad.

Hasta el 28 de abril en Tabacalera

Fotógrafo | José Manuel Ballester
Fotos | Gema Sánchez Nájera

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

2 comentarios