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Blancanieves portada

Aún con la resaca de los premios Goya, permitidme que os hable de uno de los protagonistas de la noche de ayer. No me refiero a otro sino al director de fotografía de la película que arrasó llevándose 10 estatuillas, Kiko de la Rica.

Con “Blancanieves”, y aún teniendo como rival al director de fotografía Óscar Faura por un trabajo impecable en “Lo imposible”, las papeletas para llevarse el Goya parecían bastante claras. Una película muda, donde la imagen tiene tanto poder, se lo ponía fácil.

La película

Antes de nada, por aquellos que la comparan con “The artist”, decir que “Blancanieves” sí recoge totalmente la esencia del cine mudo puesto que es muda en su conjunto. Sin embargo, la producción francesa es, sobre todo, un sentido homenaje al cine que se hacía antes de la llegada del sonoro, hay guiños, se pretende una reflexión, no tiene nada que ver con el propósito de la cinta española.

Rodada en Super 16mm para dar esa sensación de cine años 20, Kiko de la Rica utilizó principalmente una única fuente de luz, en ocasiones muy suave, que tamizó con luz de relleno para que los rostros no quedasen en penumbra. Destacan los primeros planos, de enorme luminosidad para sus protagonistas, la pequeña y la joven Blancanieves, frente a los encuadres frontales más duros de la madrastra.

La factura es impecable, se rehusó a utilizar el formato digital (obviando claro está los retoques necesarios en post producción) precisamente para que el resultado fuera más purista. De hecho, si no fuera porque conocemos a los actores, casi podríamos creernos que se trata de una película rodada a comienzos del siglo pasado, a pesar, sí es cierto, que en algunas escenas se nos cuele un cierto aire de modernidad. Vale, quizá haya exagerado, pero demos tiempo al tiempo.

En su totalidad es una película muy bella en cuanto a imágenes se refiere. La imagen fija cobra un papel importantísimo en fotogramas donde las luces y las sombras adquieren todo el protagonismo. En un formato donde no existen las palabras, la carga emocional se concentra en los rostros de los protagonistas, en su mirada, en la luz que proyecta a cámara, algo que Kiko de la Rica supo captar, porque si se disfruta esta película es precisamente por ello, nos quedamos absortos ante el blanco y negro, contrastado en algunas tomas, pero elegantemente tratado al fin y al cabo.

Kiko de la Rica

Habitual de las cintas de Alex de la Iglesia, este bilbaíno comenzó a interesarse por la fotografía a los 12 años, estudiando Imagen y Sonido para más tarde sacarse el título de fotógrafo profesional en la escuela CEI de Madrid.

Ha trabajado con los grandes del cine español, con Julio Medem fue el primero en rodar en formato digital HD (curioso que ahora haya ganado el Goya por rodar en un formato tan púramente clásico), y seguramente recordaréis las tomas rodadas en Formentera con “Lucía y el sexo”, sobre todo por ese halo de ensoñación gracias a la saturación de brillos y contrastes.

Ensoñación que ha conseguido en “Blancanieves”, y es que si algo tiene este fotógrafo, es saber envolver al espectador con imágenes que le dejan atrapado e hipnotizado. Con Pablo Berger ya trabajó en su anterior cinta “Torremolinos73”, un homenaje al cine de autor y al gran Ingmar Bergman, esperemos que sigan trabajando juntos y que el cineasta no tarde mucho en sorprendernos con una nueva película, nos negamos a tener que esperar otros casi diez años.

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