Louise Dahl-Wolfe, una lección de elegancia en fotografía de moda

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Siempre me gusta conocer y dar a conocer aquellos fotógrafos que forman parte de la historia de la fotografía pero que de alguna forma no han tenido la misma suerte que otros nombres cuyo trabajo ha sido más influyente. Y cuando hablamos de mujeres este hecho se acentúa aún más. En mente tenemos a Dorothea Lange, Imogen Cunningham, Margaret Bourke-White, pero habría que incluir a muchas más, una de ellas, sin duda, podría ser la que os presento hoy, Louise Dahl-Wolfe.

Nacida en San Francisco, pero de padres noruegos, en 1895, fue conocida fundamentalmente por su trabajo para la revista Harper’s Bazaar, publicación donde trabajaron grandes como Man Ray, Milton H. Greene o Irving Penn. Precisamente formalmente la fotografía de Louise Dahl-Wolfe nos recuerda a éste último, pero porque fue una influencia para él. La elegancia se respira en cada centímetro de papel fotográfico.

Su obra

Ella, junto con los fotógrafos mencionados, tuvieron la suerte de poder vivir en lo que para mí fueron los mejores años que ha tenido la historia de la moda. La clase y sofisticación que se tenía en los años 20 y 30 alargándonos si me apuráis hasta los 50, es precisamente lo que puede palparse en la fotografía de moda de aquellas épocas. Todo ello, junto con un dominio de la luz espectacular e impecable, hace que me pregunte porque hoy somos incapaces de hacer maravillas cuando vamos a un estudio.

Pero, dejando a un lado lado mi ensaltación hacia los fotógrafos del pasado y centrándonos en la luz, fue precisamente Louise Dahl-Wolfe la que comenzó con la llamada fotografía de moda medioambiental, es decir, que situaba a sus modelos en lugares abiertos. Sus sesiones más conocidas fueron hechas en América del Sur y África, trabajando con luz ambiente. Por alguna razón mi mente ha conectado el país africano con sesión de fotos y me ha llevado al calendario Pirelli de 2009, aunque las imágenes estén a años luz de la estadounidense, y nunca mejor dicho.

Si os entra curiosidad por conocer fotografías suyas, veréis muchas de ellas con elegantes decorados tras las modelos, deciros que fueron fruto de su marido el escultor Meyer Wolfe. Y aquí entra en juego un detalle que siempre me ha apasionado, la interacción entre las artes y la importancia también que tiene poder conocer a artistas de otras disciplinas para conseguir binomios interesantes y enriquecedores.

Como último apunte, comentar que le interesaban más los retratos de sociedad que su trabajo en moda, y que gracias a ello podemos disfrutar de aquellos realizados al pintor Edward Hopper (más conocido si cabe tras su paso por el Museo Thyssen de Madrid), al fotógrafo Cecil Beaton o a una desconocida Lauren Bacall (se dice que fue ella quien la descubrió) entre otras muchas personalidades de aquellas épocas. Y digo épocas poque hay que tener en cuenta que murió en 1989 y que su producción fue extensa.

Os dejo con una galería de imágenes esperando que sirvan de inspiración, lo digo totalmente en serio porque me cuesta cada vez más ver esas fotografías retocadas en exceso en post producción donde se ha perdido la elegancia y la clase. Llamadme nostálgica.

Fotógrafa | Louise Dahl-Wolfe

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