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Cabecera Olympus OM-D E-M5

Olympus resurge de sus cenizas. Cuando todo parecía perdido para este gigante nipón de la tecnología, o al menos para su popular ramificación fotográfica, cuando el escándalo económico que amenazaba incluso con la sombra de la mafia japonesa, cuando los fieles a la firma se quejaban al Olimpo por haber olvidado a las réflex del E-system… llega Olympus, se inventa esta pequeña joya de la familia micro cuatro tercios y nos vuelve a encandilar.

Hagamos, antes de meternos en profundidad con la cámara, un repaso a las características principales, esas que suelen anunciarse en los folletos de las tiendas por ser las más vistosas:

  • Sensor Live MOS, 4/3” y 16 megapixels de resolución
  • Visor electrónico de 1,4 megapixels de resolución y cobertura del 100%
  • Nuevo estabilizador de imagen de 5 ejes
  • ISO 200-1.600 que se puede forzar hasta 25.600
  • Ráfagas de hasta 9fps
  • Grabación de vídeo FullHD 1920×1080 30p.
  • Pantalla táctil y abatible OLED de 3 pulgadas y 610.000 puntos de resolución

Olympus OM-D E-M5, diseño y construcción

Muchas son las cámaras no enfocadas al nicho de la fotografía profesional que se anuncian como tales aun cuando no comparten una sola característica con esas otras, en principio, pensadas para rendir al máximo. Esta Olympus OM-D E-M5 tampoco ha nacido, entiendo, para cubrir las necesidades de un profesional de la fotografía pero ello no le impide contar con un cuerpo metálico, construido en una aleación de magnesio y, como el objetivo 12-50mm del kit que hemos probado, perfectamente sellado.

La calidad de los materiales y los acabados siempre ha sido una de las bazas de Olympus que sus usuarios, entre los que me encuentro, siempre hemos agradecido. Tener la sensación de que tu cámara, esa que tanto ha costado, es un juguete de plástico es algo por lo que no hemos tenido que pasar.

La cámara la podéis encontrar en negro y plata, con un inconfundible sabor a viejas glorias de la firma aunque sin renunciar a unas líneas que le otorgan un aspecto sobrio, moderno y elegante. Cabe destacar esa especie de piramidón que corona el cuerpo, la protuberancia donde normalmente iría el flash o donde nuestras réflex guardan el pentaespejo aquí sirve para dar cobijo al visor electrónico y al sistema de 5 ejes que controlan el estabilizador de imagen. Cuando se le acopla el flash externo el conjunto parece crecer demasiado por arriba pero es un mal menor, más estético que otra cosa.

A pesar de lo aparatoso del piramidón y del cuerpo metálico la cámara no resulta nada pesada y se maneja muy bien. Tiene una mínima empuñadura que resultaría excesivamente pequeña de no ser por el apoyo para el dedo pulgar en la parte trasera del cuerpo, juntos funcionan considerablemente bien y si se quiere mejorar aun existe la posibilidad de acoplar el grip que existe como complemento.

Olympus OM-D E-M5 plano general

Controles y accesos directos

Uno de los puntos débiles de estas pequeñas cámaras sin espejo tan de moda ahora es que precisamente por eso, por lo reducido del espacio, suelen carecer de un número suficiente de botones a los que asignar accesos directos. En este caso, aunque la botonera de la cámara no me ha gustado excesivamente, no existe ese problema y contamos con varios botones que podremos configurar a nuestro antojo, uno de ellos en el propio objetivo del kit.

Dos son las ruedas de control con las que contaremos para ajustar velocidad de obturación y apertura independientemente además de para movernos por los menús si así lo queremos. Éstas, junto a la rueda de modos, el acceso directo a la grabación de vídeo y un botón que, aunque de manera predeterminada da acceso a una curva de contraste, se puede configurar para otras 3 funciones más, completan el juego en la parte superior.

La disposición de los botones en la parte trasera es la habitual en la mayoría de cámaras: un botón de libre configuración, los accesos directos a la galería, papelera y menús y el botón que alterna entre las distintas formas de mostrar la información en la pantalla trasera. La novedad es la presencia, atrás, del botón de encendido y apagado de la cámara y de su más que cuestionable facilidad de accionamiento. Los botones, en general, tiene un tacto excesivamente blando, son pequeños y algunos están colocados de tal manera que no facilita su pulsación. Es, posiblemente, el mayor inconveniente de la cámara.

La pantalla, como hemos comentado, es abatible, se extrae del cuerpo y gira sobre un eje. No tiene la movilidad de otras, como la Sony SLT-A77 pero se me antoja suficiente.

Disparando con la Olympus OM-D E-M5

Lo primero no es encender la cámara, lo primero debe ser siempre leerse bien el manual. El problema es que Olympus ha entendido que ahora que los soportes físicos y sus lectores cada vez son menos habituales en los equipos informáticos es el mejor momento para renunciar al manual impreso e incluirlo en el CD. La pequeña guía de primeros pasos resulta insuficiente.

De haber leído esta mini guía hubiese acertado a la primera con el botón de encendido, el cual me costó unos segundos encontrar pues está situado bajo la cruceta que controla el menú, en la parte trasera. Sí, allí donde no recuerdo haber visto jamás el botón de encendido de ninguna cámara.

Una vez encontrado y pulsado el botón descubres que esta Olympus es un poco perezosa en el despertar y le lleva un par de segundos arrancar. No es un lastre para el conjunto pero sí algo mejorable. Tras encender el equipo, el primer contacto con la pantalla resulta espectacular y aunque es de menor resolución que otras que he podido manejar, me costaría encontrar las diferencias.

La Olympus OM-D E-M5 emite un zumbido constante que proviene, parece, del sistema de estabilización de imagen. No es alto, se puede obviar, pero suena, detalle no apto para usuarios muy maniáticos.

Con el visor electrónico me ocurre un poco lo mismo que con la pantalla. Lo comparo con el visor que incorpora la Sony SLT-A77 y aunque el de la Olympus es de menor resolución que el de la Sony, parece mejor aprovechado pues no observo lag de ningún tipo si no es forzando la situación, ya sea con algún filtro creativo y condiciones de escasa luz. Es, en definitiva, muy agradable de usar.

Una de las ventajas de este tipo de visores es que te permite realizar cualquier función sin despegar el ojo de la cámara, con lo que ello implica. Con un dedo controlando la cruceta podemos realizar cualquier tipo de modificación sobre la toma, la configuración de la cámara o la información que vemos en el visor.

Detalle de Olympus OM-D E-M5

Podemos, como digo, sin despegar el ojo del visor, ver el histograma en tiempo real, modificar el contraste de la toma con la curva que os comenté antes, ampliar la imagen para enfocar en manual o incluso resaltar en naranja y azul las luces quemadas y las sombras empastadas respectivamente, absolutamente todo está al alcance de nuestro ojo llegando a ofrecer la sensación, incluso, de que sobran accesos directos y demás botones.

Un rápido vistazo al menú de configuración es suficiente para convencernos de que esta cámara está orientada a un fotógrafo ya experimentado. Está bien organizado pero es tal la cantidad de opciones disponibles que nos llevará un buen tiempo configurarla según nuestros preferencias.

Del objetivo de kit que hemos podido probar, el 12-50mm, tampoco tengo quejas, todo lo contrario. Además de incluir un botón de libre configuración a sumar a los existentes en el cuerpo cuenta con algún detalle interesante como un selector para el modo de hacer zoom. El anillo con el que manejamos la distancia focal tiene tres posiciones: En la primera manejamos el zoom manualmente, la segunda activa el zoom motorizado y la tercera, que se bloquea con un botón, activa el modo macro.

Una vez configurada la cámara a nuestro gusto y seleccionado el modo de disparo entre los disponibles, los tradicionales P-A-S-M, amén del automático y diversos modos de escenas y creativos originales y bien resueltos nos ponemos a disparar. Si antes comentamos que el arranque de la cámara es algo perezoso, durante el disparo cambia por completo.

Tanto en el enfoque como en el disparo se muestra rápida y eficaz. La Olympus OM-D E-M5 llegó con la corona autoimpuesta de la cámara más rápida en enfocar. Lo cierto es que es rápida, pero las diferencias con otras son insignificantes. Si queremos hacer uso de la ráfaga, sabed que podemos llegar hasta la interesante cifra de 9 fps pero teniendo en cuenta que en este modo la cámara enfocaría y expondría solo la primera toma y el resto las haría con esos valores. Durante el almacenamiento de las fotografías podremos seguir manejando la cámara sin problemas, incluso hacer más fotografías.

Las posibilidades táctiles de la pantalla trasera dejan un sabor agridulce. Aunque en general se pueden hacer bastantes cosas pulsando sobre la pantalla queda la sensación de que podría haberse aprovechado mejor. Podemos seleccionar con el dedo el punto de enfoque, hacer la fotografía pulsando sobre la pantalla, movernos entre las fotografías con un gesto o hacer zoom y movernos sobre ellas (sin gestos) pero no podremos, por ejemplo, hacer selecciones en el menú de disparo. Así, de esta manera, puedes marcar con el dedo una opción del menú pero para confirmarla has de pulsar un botón físico.

La grabación de vídeo, para cumplir expediente, y aunque incluye algún efecto creativo no esperemos controles manuales completos como en cámaras superiores.

Muestras reales

He quedado bastante satisfecho y por qué no decirlo, impresionado con los resultados que he podido obtener. El rango dinámico es muy interesante, algo que gracias a los últimos sensores que están montando las cámaras ya casi no resulta una sorpresa. El balance de blancos automático, para aquellos que disparáis en jpeg, no me ha dado problemas y la reproducción del tono es correcta, sin estridencias ni faltas.

Os voy a dejar dos ejemplos, solo dos y de dos situaciones muy concretas. Dos tomas de interior, con la iluminación típica de cualquier casa, con una velocidad de obturación suficientemente lenta para que el estabilizador de imagen pueda lucirse y con un valor ISO elevado, concretamente ISO 2.500 porque como todos sabemos el ruido ha sido tradicionalmente el gran problema de Olympus.

Olympus OM-D E-M5 ISO2500



Olympus OM-D E-M5 ISO2500 -2

¿Qué os parece? El detalle, aun siendo inferior al que obtendríamos con un captor más grande y habiéndose visto mermado por un valor ISO alto, 2.500, sigue siendo más que aceptable. Con esta cámara Olympus sigue en el camino arrancado con las PEN y que pretendía desmarcarse un poco de aquella gestión de ruido tan poco afortunada que ofrecían las réflex del E-system. Los de arriba son dos jpeg sacados directamente de la cámara, sin tocar nada. Imaginad a qué nivel podemos llegar procesando correctamente un raw.

Conclusión

Como dije al principio Olympus vuelve a ofrecer un producto sólido, esos a los que nos tiene acostumbrados. Una cámara muy seria, con pretensiones que van más allá de la del fotógrafo ocasional e inexperto y con una calidad tanto en la construcción como en los resultados fuera de toda duda. Tiene cosas mejorables, como la botonera que creo es lo peor del conjunto, o el ruido que provoca el estabilizador de imagen que a algún usuario puede llegar a molestar. Son pequeñas taras que no ensombrecen, pienso, a una gran cámara. El precio supera por poco los 1.000€ con el 12-50mm del kit, es un precio realmente ajustado para lo que ofrece pero que puede parecer un poco elevado si comparamos con algunas réflex en teoría superiores.

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