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Andrew Butitta

¿Os ha ocurrido alguna vez que habéis tenido ante vuestros ojos una escena de esas que suelen ilustrar los ejemplos del famoso “momento decisivo“ y no habéis sabido o podido aprovecharla? No llevar una cámara encima, no tenerla presta y dispuesta, no estar atentos a la jugada… mil y una piedras con las que tropezar en el camino a la gloria efímera que da una fotografía genial.

Lo peor de todo es que la frustración y el mal sabor de boca nos acompañará mucho tiempo y será en vano, porque ese momento no volverá a repetirse. La buena noticia es que podemos aprender del error para que no vuelva a suceder.

Alcudia, pequeña y bonita localidad del norte de la isla de Mallorca, 2011. Era una lluviosa tarde de verano y paseaba yo, despreocupado cual turista, por los exteriores de la plaza de toros. Aquella tarde había corrida de todos y la gente se agolpaba en las taquillas, aficionados castizos de bocata y bota de vino y turistas europeos empujados por la curiosidad de ver un traje de luces manchado de sangre.

Me acerqué a la multitud cuando vi que se desplegaba un dispositivo especial de la Guardia Civil, de estos que suelen encontrarse en manifestaciones y demás eventos en los que la situación puede tornarse violenta en cuestión de dos aspavientos. Era inusual y resultó extraño hasta que vi llegar a una plataforma antitaurina dispuesta a hacer ruido.

Rafael Gómez

Llevaba mi cámara, pero la llevaba en la mochila. Mi sentido arácnido no se activó, quizá porque no haya nacido para el fotoperiodismo, quizá (seguramente) porque no lo he entrenado. Pero entonces surgió la magia; Willy puso ante mis ojos una tableta de chocolate con un boleto de oro y no supe cogerlo, se me escapó de entre las manos.

Taurinos y antitaurinos enfrentados, separados por un cordón de fornidos guardias civiles. En ese momento una señora mayor entra en escena, montada en una bicicleta de paseo y pedaleando con una risueña cadencia sus aproximadamente ocho décadas. Llevaba un largo vestido azul y bolso blanco, aun lo recuerdo con claridad. Se detiene junto a un agente y mientras éste le sujeta la bicicleta ella saca una cámara y se pone a fotografiar la protesta.

Pedro J. no me iba a comprar la fotografía para ser portada en su diario y como información quizá tampoco valiese mucho, pero la escena era espectacular. El suelo mojado hacía suyo el azul del vestido y el amarillo de las letras del uniforme, una suerte de antidisturbios sostenía la bicicleta de una inocente anciana y esta a su vez inmortalizaba la manifestación con su teléfono móvil. Sublime. Me lo perdí por no tener mi cámara en la mano.

Más vale prevenir que curar

¿Por qué os cuento esto? Porque se acerca la Semana Santa y el fervor religioso se mezclará con el fotográfico. Recorreréis calles y seguro que se os presentan situaciones parecidas que por el bien de vuestra salud mental futura no deberéis dejar escapar.

Los consejos que os puedo dar son tan sencillos como efectivos. Pasear con la cámara en la mano (sujeta a nosotros de alguna manera) ayudará a no perderse ningún momento, a mi incluso me da más sensación de seguridad que llevarla en la mochila cuando hay tanta gente y se hace difícil discernir empujones accidentales de intentos de robo.

Darren Baldwin

Aunque estas escenas irrepetibles se suceden sin avisar a veces es posible anticiparse. Cuando intuyáis que algo puede pasar debéis preparar la cámara y medir la luz del sitio. Puede que no ocurra nada, pero si ocurre algo no habréis perdido tiempo configurando la cámara. Si se presenta la oportunidad, la segunda clave es no conformarse con una sola fotografía. No se trata de hacer uso de la ráfaga sino de disparar (enfocando en cada disparo) desde tantos ángulos y lugares como nos sea posible, así nos aseguraremos tener un buen surtido de imágenes distintas del mismo momento para poder elegir.

Son dos claves obvias y sencillas que no debemos olvidar. Para fotografiar en la calle y no perderse una escena irrepetible hay que tener el equipo preparado para disparar y hacerlo varias veces. Es muy frustrante quedarte con el típico “¿Por qué no haría la foto de esta otra manera…?”.

Y si no lleváis la cámara encima aun nos quedará la opción de sacar el teléfono móvil y hacer uso de su cámara, que para eso está. Haréis fotografía y podréis salvar la honra de una Instagram sobrealimentada de hamburguesas.

Fotos | Andrew Butitta | Rafael Gómez | Darren Baldwin

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