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Aficionado fotógrafo de José Luis Montes

Hace unos días, un amigo compartió conmigo a través de mi adorado Google Reader un artículo de reflexión sobre un tema al que le he dado vueltas muchas veces desde que enamoré de la fotografía, y seguro que vosotros también: esa duda tan delicada sobre si auto denominarnos fotógrafos o no. ¿Qué respondemos cuando alguien nos pregunta?

Es por esto que me gustaría abrir un pequeño debate sobre esta idea. En muchos casos nos creemos fotógrafos pero, por humildad o por no ser profesionales – entendiendo como tales a quienes se ganan la vida con ello – no nos presentamos como tales antes los demás; en otros casos, no lo hacemos simplemente porque no nos lo creemos y preferimos etiquetarnos como aficionados o aprendices; y menos habitualmente, también se da el caso de que nos creemos fotógrafos como la copa de un pino únicamente por habernos comprado una cámara. Pero, ¿hasta qué punto tiene sentido cada una de estas formas de pensar?

Creo que la frase que más veces he escuchado de amigos y conocidos míos es la de “bueno… sí hago fotos, pero no soy fotógrafo”, ¿os suena? Yo mismo reconozco que la he pronunciado en bastantes ocasiones, y me parece que es una cuestión que se basa principalmente en si de verdad nos creemos fotógrafos o no. Podríamos ir más allá, y hacernos también la pregunta sobre si somos artistas o no, cuestión sobre la que muchos grandes fotógrafos de la historia – como Atget – no tuvieron ningún reparo en declarar que no eran artistas sino simplemente fotógrafos, pero me parece que ese tema daría para hablar mucho más así que lo dejaremos para otra ocasión.

Un fotógrafo al atardecer, de Alfonso Molina

Como dice Daniela Bowker en su artículo, con el cual estoy de acuerdo como mínimo al ochenta por ciento, se podría tomar como criterio la definición del diccionaro: fotógrafo es aquel que hace fotografías. De esa manera, estaríamos ahora mismo ante un escenario en el que casi todo el mundo – en el primer mundo – es un fotógrafo, de hecho o cuando menos en potencia, debido a la invasión de dispositivos captadores de imágenes. Pero yo personalmente, aunque sí que admito la premisa de que todos somos fotógrafos en potencia, al hablar en términos generales considero que el portar una cámara y dispararla de vez en cuando no nos hace fotógrafos a ninguno.

En este sentido, tampoco creo que sea una cuestión de tecnología, tamaño o precio de la cámara que poseemos, sino del uso que hacemos del material fotográfico del que disponemos, sea humilde y escaso o por el contrario toda una colección de elementos de gama profesional. Sin embargo, y ahora es cuando me echaré encima los lobos para que haya un poquito de polémica, sí que creo que la habilidad (estudio, entrenamiento y esfuerzo) y talento (innato aunque también desarrollable) juegan un papel muy importante, casi diría decisivo, en contra de lo que opina Daniela y seguramente mucha más gente.

Y digo esto principalmente por dos motivos. Por un lado, porque efectivamente no me parece que ningún título o curso nos convierta automáticamente en lo que no somos, y por otro porque tampoco creo que estar todo el día tomando fotografías, aunque sea con toda nuestra ilusión, signifique que seamos “fotógrafos” (con mayúsculas, ya me entendéis) si no sabemos lo que hacemos ni cómo o por qué, sino en meros artífices de la captación de imágenes fotográficas con un instrumento que lo facilita.

Esto último además, toca precisamente la delicada línea de pensamiento que históricamente ha despreciado a los fotógrafos como pseudo-artistas, ya que disparar una cámara y obtener una imagen lo puede hacer cualquiera y pintar ya es más difícil. Por eso digo, que sí que creo que no vale sólo con poner la película o la tarjeta de memoria y apretar un botón, pues eso lo hace hasta un niño pequeño, sino que creo que para ser fotógrafos hay que saber lo que se hace, igual que un pintor tiene que saber lo que hace para poder lograr algo (ya sea de brocha gorda o de pincel fino, pues que no sea arte no quiere decir que no tenga unos requisitos mínimos). Claro que esos conocimientos, talento o intención, son un tema realmente muy subjetivo, pero yo tengo claro que algo tiene que haber, incluso aunque sea inconscientemente.

Fotógrafos, de Juan José Herrero

Una parte importante de los grandes fotógrafos históricos no eran ni siquiera profesionales del medio, sino “simples aficionados” o a lo mejor personas obsesionadas con registrar, documentar o inmortalizar algo: una persona, un lugar, la vida de alguien o en un sitio, acontecimientos, etc. Por tanto, tampoco podemos decir que la profesionalización sea lo que decide quién es fotógrafo y quién no. Es más, yo diría que no tiene absolutamente nada que ver, pues teniendo en cuenta que no sólo existe la fotografía útil – la que tiene una utilidad práctica, de encargo – sino también la personal y artística, no tendría sentido reservar el término únicamente a aquellos cuyo oficio sea hacer fotografías.

En conclusión, y esto es en lo que sí creo que estaremos todos más o menos de acuerdo, podríamos decir que el ser fotógrafos es una cuestión de actitud: de voluntad, de ganas, de un planteamiento ante el mundo a través de nuestra cámara, de querer capturar o crear algo y esforzarse en poner los medios para conseguirlo, y sobre todo de pasión por la fotografía.

Yo me considero fotógrafo, sencillamente por esto, porque quiero hacer fotos para decir algo, para documentar pero siempre con un punto de vista (por tanto, una opinión), y me esfuerzo por hacerlo lo mejor que puedo, tratando siempre de mejorar y de seguir aprendiendo para ello, y sobre todo porque tengo esa obsesión por la fotografía y creo que así tiene que ser, una obsesión.

Y tú, ¿eres fotógrafo? ¿Por qué consideras que sí o que no?

Vía | Small Aperture
Fotografías | José Luis Montes | Alfonso Molina | Juan José Herrero

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