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La sonrisa de Angkor

A veces una sonrisa lo vale todo. Y en fotografía también. Cuando me encontré por nuestro grupo de flickr en busca de una nueva imagen para esta sección, esta fotografía me llamó la atención. Una foto que, aunque técnicamente pudiera ser mejor, resulta ser una imagen con muchísima fuerza y eso prevalece sobre el resto. Una imagen donde la previsualización y la casualidad desembocan en esa fresca sonrisa del niño.

Nos cuenta Rómulo Rejón, ingeniero y actor, que su pasión por la fotografía tiene que ver con la vertiente artística, con la curiosidad, con el afán de observar y aprender, pero, sobre todo, con la fascinación por la belleza del mundo que me han ido revelando los viajes que ha tenido el privilegio de realizar.

De hecho, exceptuando las fotos de su mujer y su hija, la mayoría de las fotos que tengo son de viajes. Comenzó compartiendo aventuras con dos amigos que tenían cámaras réflex analógicas y que después dieron el salto a digital. El tenía una compacta, pero, al hacer una selección de las mejores fotos durante un viaje, acabaron apareciendo tantas fotos suyas como de ellos. Así que se animé y se compró una cámara “decente” y, con los años, ha ido invirtiendo en objetivos de calidad. Técnicamente, dice, le queda mucho por aprender pero tiene una gran confianza en su sentido estético a la hora de componer.

“La sonrisa de Angkor”: Datos EXIF

Cámara: Canon EOS Kiss X2 / Canon EOS 450D
Objetivo: Canon EF 70-200mm f/2.8 L IS USM a 200mm
Exposición: 1/250 s
Apertura: f/3,5
Sensibilidad: 200 ISO
Fecha: 10/02/2012
Localización: Templo de Banteay Srei, Angkor, Camboya

Esto nos cuenta sobre esta fotografía:

Sólo hice una foto de esta escena. Estaba paseando por los alrededores del templo y me llamó mucho la atención la posición del niño en el marco de la puerta y su expresión corporal tan auténtica y relajada. Estaba a cierta distancia, hice la foto con el tele (intento siempre no incomodar), pero, justo en el momento de disparar, el niño se dio cuenta de que le iba a retratar y me regaló su sonrisa. Por ese motivo, y como suele suceder, la foto que “salió” acabó resultando mucho más bonita que la foto que había “visto”.

Para mí “Photoshop” no es una palabrota, pero no me suelen gustar las fotos excesivamente procesadas o con efectos añadidos. Por eso, me limito a usar Lightroom, intentando hacer pequeños ajustes de revelado trabajando con la curva de tonos de iluminación.

En Xataka Foto | Anatomía de una foto

Fotografía | La sonrisa de Angkor por Rómulo Rejón

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