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Charlie Cole, uno de los autores de la famosa fotografía de Tiananmen, ha muerto en un verano maldito para los fotógrafos
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Charlie Cole, uno de los autores de la famosa fotografía de Tiananmen, ha muerto en un verano maldito para los fotógrafos

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El verano de 2019 está siendo en un mes maldito del año negro para los fotógrafos. Es pura casualidad pero durante este verano han muerto Robert Frank, Peter Lindbergh, Leopoldo Pomés, Fred Herzog, Steve Hiett... Hoy nos hemos enterado del fallecimiento de Charlie Cole, el autor de la imagen del hombre que intentó detener la entrada de los tanques a la plaza de Tiananmen.

Este verano están muriendo muchos fotógrafos. Con la defunción de Charlie Cole ya suman seis en menos de seis semanas. La muerte acecha a la imagen. Y muchos agoreros verán una maldición. La muerte acecha siempre y no respeta ni siquiera a los maestros de la fotografía. Siempre nos quedarán sus fotografías. Pero duele.

En esta ocasión recordamos a Charlie Cole, un fotógrafo que estuvo en el momento justo a la hora adecuada, escondido en lo alto de un hotel donde pudo ver, gracias a su Nikon y su 300 mm, a un desconocido que intentó parar el avance de los tanques a la plaza de Tiananmen. No lo consiguió. Pero su valentía es un símbolo.

Gracias a esa instantánea ganó el World Press Photo de aquel año. La foto inundó todas las portadas. Desde un punto de vista técnico no es buena. Me imagino que sacar un 300 por la ventana de un hotel en esa situación no debía ser muy seguro. Pero tuvo el valor de detener el tiempo y situar en la historia a aquel hombre anónimo del que nada se sabe.

Charlie Cole, el fotógrafo conocido por una sola fotografía

La historia del hombre del tanque es recordada por muchos de los que intentamos, al menos, empezar a peinar nuestras canas. Salió en el telediario y con apenas 11 años recuerdo que no entendía que hacía ese hombre. Intentó que no mataran a 100-10.000 personas.

No sabía, que a 200 metros, en los balcones del hotel Beijing, por lo menos había cuatro fotógrafos mirándole a través de poderosos objetivos, disparándole como solo se debería poder hacer. Jeff Widener para Associated Press; Charlie Cole para Newsweek; Stuart Franklin para Magnum y el Arthur Tsang, para Reuters.

Charliecole1 La fotografía premiada

Cuatro fotógrafos para un momento único. Dicen las crónicas que la más famosa es la de Widener. Pero la que se llevó el premio World Press Photo fue la del recién fallecido Charlie Cole, un fotoperiodista que gracias a la profesión militar de su padre tuvo facilidades para llegar a las zonas de conflicto de los años 80.

Es una imagen que marcó la carrera profesional de estos cuatro fotógrafos. La foto de Widener fue solo finalista del Premio Pulitzer en 1990. Sin embargo Cole ganó el WPP. El primero estaba en la sexta planta; nuestro homenajeado en la octava. Sería curioso ver por qué ganó uno u otro... Probablemente sus agencias les presentaron en los distintos concursos y solo uno ganó.

Charliecole2 Una de las pocas imágenes que se pueden encontrar de aquella masacre

Lo más increíble de toda esta historia es que él nunca celebró ganar semejante premio. No le gustaba ser el único reconocido y lo sintió por todos los compañeros que estaban cubriendo aquella matanza. Desde luego una persona por la que quitarse el sombrero.

Los últimos años de Charlie Cole

Después de trabajar por todo el Pacífico, y compartir revueltas y batallas con el mismísimo James Natchwey, un accidente truncó su carrera de fotoperiodista. Cuando iba con su Harley Davidson por la calle un coche le embistió. Las secuelas fueron graves. Casi pierde la pierna izquierda. Y el dolor se quedó para siempre.

Charliecole3 En los años 80

Este accidente le obligó a cambiar de especialidad y refugiarse en la fotografía de producto en Bali, junto con su mujer. Un destino curioso para alguien acostumbrado al fragor de las batallas y a dormir con la incertidumbre de no saber el día que le espera. Y de allí es de dónde ha llegado la noticia de su fallecimiento. Se desconoce, o todavía no se ha confirmado, la fecha exacta.

Su página web está llena de comida, de bolsos, de lujosos hoteles. No queda nada de su pasado guerrero. Ninguna fotografía recuerda que hizo aquella fotografía, que tuvo que esconder en una bolsa de plástico los carretes para meterlos en una cisterna, cargar la cámara con otro carrete para que el ejército que arrasó su habitación creyeran que ahí estaba la foto. Salvó la fotografía para contar la historia de una masacre. Todos mis respetos.

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