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Perder una campaña fotográfica por no tener 50.000 seguidores en Instagram: el actual poder de las redes en de nuestra profesión [Actualizado]

Perder una campaña fotográfica por no tener 50.000 seguidores en Instagram: el actual poder de las redes en de nuestra profesión [Actualizado]
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Sin duda alguna, las redes sociales han generado un impacto sobre el trabajo fotográfico que plantean nuevas dinámicas de mercado para los creadores. Estos medios le permiten a los fotógrafos promocionar su trabajo, impulsando el crecimiento de su clientela; o, como es el caso de Yvette Roman, puede ser lo que cause la pérdida de una gran oportunidad.

Una pérdida con aprendizaje

La fotógrafa americana fue elegida por un contratista independiente para disparar una campaña fotográfica para Canon. Sin embargo, poco después de que ganara esta oportunidad, los contratistas cancelaron su contratación por no tener 50.000 seguidores en Instagram. En el vídeo de abajo, publicado por The Futur, la fotógrafa habla sobre su experiencia con las redes sociales y sobre lo que ocurrió con la compañía.

En el vídeo, Roman habla sobre los aspectos básicos a los que se enfrentan los fotógrafos a la hora de entrar en la red social: Cómo vencer a Instagram. Al igual que ella, muchos nos enfrentamos a promocionar un portafolio lleno de imágenes cautivantes, pero que se quedan en un pequeño círculo donde nuestra base de seguidores no llega a los primeros miles. Así que ¿qué hay que hacer? ¿Se compran seguidores? ¿Solo se trabaja para ellos?

Como reporta Petapixel, Ronan acepta la validez de la decisión de Canon. Ella piensa con esta experiencia que llegó a un punto en su carrera en el que se debe adaptar a estas nuevas reglas del juego. A pesar de tener un magnífico portfolio de imágenes.

[Actualización 1/02/2019] Hemos contactado con las partes implicadas, tanto la fotógrafa como con Canon en EEUU para completar el artículo.

Hemos contactado directamente a Yvette Roman. La fotógrafa americana nos ha explicado su versión de la historia y nos muestra que no es un tema por el cual debamos despreciar una marca. Su declaración es la siguiente:

Estaba en conversaciones sobre este trabajo con un contratista independiente. Nunca estuve en contacto directo con Canon y no tengo más detalles que compartir al respecto, pues fue una oportunidad que vino hace más de un año y medio en el periodo de menos de una hora. Para ser clara, he usado cámaras Canon por décadas. Amo sus productos. Tengo grandes amigos que trabajan ahí. He hecho charlas sobre derechos de autor en sus cuarteles y he estado muy honrada de hacerlo. Admiro y respeto la compañía; y no tengo ningún rencor hacia ellos por no haber sido seleccionada para este trabajo. Es su derecho limitar a los fotografos independientes a trabajar bajo sus estándares según como ellos vean conveniente; así estos estándares varien de acuerdo a las necesidades de cada proyecto o se apliquen a todos los proyectos a los que enfrentan a los creativos a producir. Hay muchas razones por las cuales las compañías deciden utilizar un talento icónico o que ha adquirido algún otro reconocimiento, como el de influenciador. Y es apropiado que sea así.

Estoy decepcionada de que haya tanto enfoque mediático y escrutinio sobre la pérdida de esta oportunidad y en Canon, en vez del mensaje del Podcast, el cual espero no se haya perdido entre el ruido, la ira y, en algunos casos, ataques a mi carácter. La temática del Podcast es muy valiosa y muy relevante para muchas personas que se encuentran luchando por competir y destacar en un ambiente donde se suben 95 millones de imágenes en la red a diario. Desearía que discutamos eso y dejáramos el trabajo donde pertenece: no como una acusación a una compañía o una batalla de David y Goliath, sino como una mirada de un periodo importante de exploración e indagación en la vida de esta práctica creativa.

También preguntamos a Canon si tenían algún comentario sobre lo ocurrido. La compañía dejó claro que al no ser un incidente que haya ocurrido directamente con ellos, no tenían nada para decir.

¿Social o no?

En el portal hemos escrito sobre lo que creemos es un buen uso fotográfico de Instagram, así como sugerencias para mejorar nuestra presencia en redes. También hemos escrito sobre si dejar las redes es ideal para mejorar nuestro trabajo fotográfico. Por mi parte, siempre he creído que no debemos dejar nada, pero que la red social debe ser algo de muy baja prioridad en nuestro camino si deseamos enfocarnos en fotografía y no en agradarle al mundo entero.

Tomando el caso de Roman como un ejemplo, podemos ver la pregunta que se plantea sobre nuestra profesión en esta época: en una era donde existe la figura del ‘influenciador’, ¿cómo competir y asegurar oportunidades cuando no somos creadores que buscan suplir a las redes sociales?

Nosotros deseamos que nos llame nuestra marca de preferencia para ser embajadores de sus productos. Deseamos conseguir contratos comerciales que nos permitan asegurar seguir viviendo de esta profesión que amamos. Sin embargo, parece que nos alejamos más de ese propósito por enfocarnos en la fotografía antes que en publicar imágenes para una red social donde la fotografía de stock de un huevo recibe la mayor cantidad de likes en su historia.

Nadie sabe manejar las redes. No se puede determinar lo que a millones de personas de distintas edades, contextos culturales y gustos puede agradarles en común. Es lo que hace que estas sean tan impredecibles. En algún momento una de nuestras imágenes puede popularizarse por razones al azar. Hay tendencias que mantienen popularidad como las cuentas de estilo de vida, gatitos y animales tiernos, mujeres con cuerpazos, celebridades y comida. Y no todos en esas categorías sobresalen, ya que dependerán del saber en qué pico está esa tendencia y en cómo diferenciarse sin salirse de esta mísma.

Si bien la fotógrafa ha tomado una actitud positiva sobre esta eventualidad, planteando que es un llamado a cómo debemos adaptarnos al flujo del mercado. Creo que lo preocupante sobre este caso es que nuestro trabajo se vuelve un concurso de popularidad, más que una verdadera muestra de nuestras capacidades de creación de imagen. En ese concurso de popularidad, los que no creemos en trabajar por las redes estamos destinados a perder. Conseguir clientes tomandose un cafe, presentando un portafolio cara a cara, mostrando habilidades y haciendo propuestas están pasados de moda.

Sigo mi política de pensar a diario qué puede hacer mejorar mi siguiente trabajo. Mi Facebook me recuerda cada semana que no he publicado nada en meses, mi Instagram está quieto desde finales de noviembre y Twitter sigue siendo una plataforma para mostrar pantallazos de mi serie de temporada y leer las noticias del día a día en 280 caracteres. Pero mi visión sobre la fotografía sigue siendo hacer, aprender, equivocarse, experimentar, innovar y mejorar. Mi visión sobre las redes sociales es que son otro medio de entretenimiento, sirven para despejarse y distraerse un rato, pero participar en ellas es una pérdida de tiempo.

El podcast de The Futur es una maravillosa pieza que estudia el mercadeo y la necesidad de los creadores para enfrentarse a la realidad de la era de seguidores. Se plantea cómo adaptarse, cómo enfrentar esos miedos de creación y cómo puede ser un posible camino a no perderse en un mar con olas de millones de imágenes diarias.

Ahora el dilema es ¿seguimos en la vieja escuela de pelear por la fotografía? o ¿nos unimos al mar de tendencias y nos enfocamos en ser parte del mar de insensatez al que puede llegar ser Instagram?

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Imagen de portada | Pantallazo de vídeo de The Futur

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