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Manolo Laguillo y la ciudad como objeto de estudio fotográfico

Manolo Laguillo y la ciudad como objeto de estudio fotográfico
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Hay determinadas veces en las cuales es dificil concretar una línea de discurso para hablar de un fotógrafo y su obra. Más aún cuando lo que estás observando empatiza poco con tus sentimientos a flor de piel. Cuando lo que ves no termina de llenarte. Hasta que, de pronto, te empiezas a interesar por su trabajo y decides seguir adelante disfrutando cada sala de la exposición. Así me sentí ayer visitando a Manolo Laguillo.

Las ciudades en la obra de Manolo Laguillo

Manolo Laguillo sigue exponiendo su trabajo hasta el 15 de septiembre en el madrileño Museo ICO. Tras varios intentos fallidos, ayer fue por fin el día elegido para conocer su trabajo. Sólo había visto algunas imágenes de sus ciudades en blanco y negro, pero desconocía todo el compendio de su obra. Por ello me acerqué a él de forma inocente, virgen de cualquier contaminación.

La primera sala viene a hablarnos de Barcelona, de la Ciudad Condal en los tiempos de la transición hasta los años de Barcelona 92. ¿Quién te ha visto y quién te ve? Balbuceaban mis labios al observar esas imágenes de una ciudad que poco tiene que ver con la actual. Fotográficamente estas imágenes no llamaban mi atención, pero me encontré con un edificio de esos que parecen salir de un comic de Francisco Ibañez.

Laguillo Schweppes
Barcelona 1978. Tónica Schweppes.

En concreto donde se retrata el Passeig de Sant Joan. Tomada en 1980, aparte de ser muy atractiva visualmente, tiene todos los elementos necesarios para documentar un instante determinado en ese momento de la ciudad. Carteles publicitarios en la fachada mientras unas personas esperan en la parada del autobús al lado de un puesto de la ONCE y una cabina, de esas que aún nos siguen recordando a Jose Luis López Vázquez.

Una Barcelona que poco empatizaba con mi ser puesto que mi visión de la ciudad nació con los Juegos Olímpicos. Y es aquí donde me di cuenta que mi atención crecía cuando me hablaba de cosas que reconocía. Fue al cruzar una de las salas, al toparme con imágenes de la periferia de Madrid más cercana a mi infancia, cuando empecé a escuchar sus palabras en forma de fotografía.

Laguillo Bar
Barcelona 1979. Bar Izquierdo.

Estampas lejanas de Paracuellos, Alcobendas, mis rincones más inmediatos vistos como yo lo hacía desde el Seat 124 de mi padre. En este momento mi interés no venía dado porque las imágenes me pareciesen bien ejecutadas sino porque me sentía reconocida en esos paisajes, y además desde la realidad más sórdida de un entorno en transformación de arenas acumuladas.

Empatía que siguió con esa misma sensación al ver el solar que hoy es la actual Postdamer Platz. En ese momento me vi como ese ángel caído que vuela sobre Berlín en la película de Wim Wenders. Ahí es cuando Manolo Laguillo me estaba emocionando, aunque no tanto por él como por lo que todo aquello hacía de conexión entre ideas en mi mente.

La intencionalidad en la obra de Manolo Laguillo

Lo interesante de esta exposición es que cada fotografía o serie viene acompañada por un texto donde el propio Laguillo deja muy claras sus intenciones. Nos explica porqué vinieron al mundo esas imágenes y nos cuenta las directrices que tomó para conseguir qué tipo de instantáneas.

En este sentido os voy a comentar algunos ejemplos de esa intencionalidad creativa más allá de un retrato sin vida de la ciudad. Para su serie de La Alhambra, por ejemplo, encargo que se le pidió a otros autores entre ellos Cristina García Rodero, decidió concentrarse en los lugares de paso discriminando las zonas de mayor impacto turístico.

Con las encargadas para ilustrar las zonas costeras de Gandía y la Safar en 1990, se centró en los apartamentos de los habitantes de estas ciudades visitadas en masa durante el periodo estival, en lo que viene a ser la otra cara de una realidad vacacional que también afecta al paisaje urbanístico. Algunas de estas fotografías, para mí las más cuidadas estéticamente de todo su trabajo, me recordaban a los blancos en las estampas de Robert Adams.

Laguillo Barcelona
Barcelona 1982. Entenza-Diagonal

El mayor ejemplo de esta intencionalidad en términos artísticos es la composición en "pseudopanorámica", como él lo llama, de las fotografías tomadas en las Minas de La Unión. Diferentes tomas de diferentes paisajes de la zona que luego ha colocado linealmente en lo que parece ser una panorámica del entorno. Es un ejemplo muy bello a caballo entre la técnica y el sentido creativo.

Una reflexión en torno a la fotografía, para terminar

La dimensión del desastre apenas quedaba reflejada en las fotografías. Con este trabajo aprendí hasta qué punto la representación y la realidad divergen.

Siempre he pensado que la cámara retrata la realidad pero de un modo acotado, nunca es lo suficientemente real. Estas palabras sobre la dimensión del desastre de la inundación de Bilbao en 1983 dichas por Laguillo, nos dan para reflexionar sobre la catástrofe en términos documentales. Existe dureza en la plasmación de acontecimientos pero son difíciles de comparar con la crudeza asimilada por el ojo humano.

Os dejo asimilando esta frase, para los rezagados aún tenéis tiempo de ver la exposición hasta el 15 de septiembre, quizá os sintáis reconocidos en algunos paisajes periféricos, quizá su manera de captar la realidad de un país en transformación os atraiga, sea lo que fuere, en lo que en principio me pareció un trabajo menos sugerente, hoy, con la resaca de sus imágenes, puedo afirmar que es una obra necesaria.

Fotógrafo | Manolo Laguillo Info | Museo ICO

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